(ZENIT Noticias / Washington, 04.06.2026).- Una controversia ha derivado en una decisión disciplinaria inusualmente pública dentro de la Iglesia Católica. El 3 de junio, el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, destituyó a monseñor Stephen Rossetti de su cargo como exorcista arquidiocesano después de que el sacerdote sugiriera públicamente que muchos avistamientos de ovnis reportados podrían ser manifestaciones de actividad demoníaca.
La decisión estuvo acompañada de una segunda medida de considerable importancia: la Arquidiócesis de Washington también rompió sus vínculos institucionales con el Centro San Miguel para la Renovación Espiritual, el ministerio con sede en Washington dirigido por Rossetti y conocido internacionalmente por su labor en sanación espiritual, programas de formación y asistencia a clérigos y laicos.
La disputa surgió después de que Rossetti publicara un video a finales de mayo en el que abordaba el renovado interés público en la vida extraterrestre y los fenómenos aéreos no identificados. En esa presentación, el sacerdote argumentó que, si bien no se puede excluir en principio la existencia de vida inteligente en otros lugares del universo, él personalmente creía que muchos, quizás la mayoría, de los informes de ovnis se entendían mejor como manifestaciones de actividad demoníaca. Sugirió que los demonios podrían producir fenómenos que van más allá de las capacidades humanas ordinarias y que las apariencias engañosas han sido durante mucho tiempo parte de su modus operandi tradicional.
Estos comentarios provocaron una rápida respuesta del arzobispo. En un comunicado anunciando la decisión, el cardenal McElroy afirmó que los comentarios de Rossetti, que vinculaban los ovnis con la presencia demoníaca, junto con ciertos aspectos del uso reciente de las redes sociales por parte del centro, socavaban seriamente la doctrina católica precisa sobre el diablo, los demonios y el ministerio del exorcismo.
El caso pone de relieve una distinción importante que a menudo se pasa por alto en los debates públicos sobre el exorcismo. La Iglesia Católica enseña firmemente la existencia de Satanás y los poderes demoníacos, y mantiene un rito oficial de exorcismo. Al mismo tiempo, la Iglesia generalmente exige prudencia al interpretar fenómenos extraordinarios. La doctrina católica no relaciona los informes de ovnis con actividad demoníaca, ni ofrece una enseñanza oficial sobre la vida extraterrestre. Históricamente, los teólogos han considerado la posibilidad de vida más allá de la Tierra como un tema legítimo de investigación científica y filosófica, más que como una cuestión resuelta por la doctrina.
Rossetti, uno de los exorcistas más reconocidos en el mundo católico de habla inglesa, ha cultivado un gran número de seguidores a través de libros, conferencias, podcasts y redes sociales. Psicólogo de formación y sacerdote, ha hablado con frecuencia sobre la guerra espiritual y la creciente fascinación pública por el exorcismo. Su presencia en línea, por sí sola, alcanza a una vasta audiencia, incluyendo más de 148.000 seguidores en Instagram.
Tras su destitución, Rossetti emitió una respuesta conciliadora. Expresó su pesar por la decisión de la arquidiócesis y pidió perdón por cualquier falta de fidelidad a la enseñanza magisterial de la Iglesia, haciendo referencia específica al video sobre «extraterrestres y lo demoníaco». Reafirmó su compromiso con la obediencia eclesial y agradeció a la Arquidiócesis de Washington por el apoyo brindado a su ministerio durante los diecinueve años que ejerció como exorcista allí.
Cabe destacar que Rossetti no se enfrentó públicamente a las autoridades eclesiásticas. En cambio, enfatizó su deseo de permanecer fiel a la Iglesia y animó a otros a hacer lo mismo, repitiendo una frase que ha usado con frecuencia en su ministerio: permanecer en la «Barca de Pedro».
El Centro San Miguel ha indicado que tiene la intención de continuar su labor en otros lugares a pesar del fin de su relación con la arquidiócesis. Mientras tanto, el video que desató la controversia fue retirado de la vista pública poco después de que se anunciaran las medidas disciplinarias.
Este episodio ilustra un desafío más amplio que enfrenta la Iglesia en la era digital. Los sacerdotes y las figuras religiosas ahora pueden llegar a cientos de miles de personas con una sola publicación en línea. Como resultado, las preguntas que antes circulaban en círculos especializados —desde el exorcismo y la guerra espiritual hasta la vida extraterrestre— pueden convertirse rápidamente en asuntos de gobierno eclesiástico. Esto demuestra que las autoridades eclesiásticas están cada vez más atentas no solo a lo que se enseña, sino también a cómo se presentan las ideas especulativas cuando existe el riesgo de que se perciban como doctrina católica oficial.
El debate no gira tanto en torno a los ovnis en sí, sino a los límites de la especulación teológica. La Iglesia permite la discusión de misterios que escapan al conocimiento científico actual, pero también insiste en una distinción precisa entre teorías personales y enseñanza autorizada. En Washington, esa distinción se convirtió en el punto decisivo.
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