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Cardenal Ratzinger: «La moral debe estar inspirada en el encuentro con Jesucristo»

Afirma en un congreso sobre la «Veritatis Splendor»

ROMA, 24 de noviembre de 2003 (ZENIT.org).- «La moral debe estar inspirada en el encuentro con Jesucristo y no en una serie de indicaciones: se trata de un encuentro de amor», advirtió el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, en un congreso en torno a la encíclica de Juan Pablo II «Veritatis Splendor».

«Caminar en la luz. Perspectivas de la Teología Moral a los diez años de la “Veritatis Splendor”» es el tema que ha centrado este encuentro internacional de teólogos morales organizado del 20 al 22 de noviembre por la Universidad Pontifica Lateranense y por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia.

Con el acto, la Universidad se ha unido además a la celebración del XXV aniversario del pontificado de Juan Pablo II.

En su intervención, el cardenal Ratzinger reconoció que la «Veritatis Splendor», «que abre nuevos horizontes a la teología moral», es una «encíclica por descubrir» y recordó que el documento intentó «recuperar el mensaje de la moral cristiana».

El purpurado insistió además en la centralidad de Jesucristo para la moral. «Si hay encuentro con la persona viva de Jesucristo, de este amor se desencadena todo», explicó manifestando también su satisfacción por el hecho de que después del Concilio Vaticano II se hubiera recuperado el sentido de la moral desde la Sagrada Escritura.

El congreso insistió en el nexo entre gracia y moral y puso en evidencia que, lejos de ser un tema subjetivo o que se viva independientemente de la comunidad, «la moral tiene una dimensión eclesial».

El cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, lamentó «la dicotomía que separa fe y moral», un aspecto que también subrayó monseñor Livio Melina, director del área de investigación de teología moral del Instituto Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia.

Según monseñor Melina, «la moral de la autonomía, con la cual la encíclica se enfrenta, formula un grave problema eclesiológico: favorece una emancipación de la conciencia moral de la “communio” eclesial, poniendo en cuestión el nexo entre fe y moral».

El arzobispo de Toledo y primado de España, monseñor Antonio Cañizares, se refirió también a la separación entre «fe y vida» y presentó el cristianismo como una «luz en el camino».

En opinión del prelado, «nosotros no somos nuestra conciencia, no somos nuestra propia luz, sino que existe una luz que nos llega de las alturas».

En esta línea, el jesuita español Luis Ladaria, profesor de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma y consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, recordó que «la moral cristiana deriva de la Revelación y no se funda sólo en deducciones racionales».

El obispo español de Segorbe-Castellón, Juan Antoni Reig Pla, señaló entre los elementos más relevantes de la «Veritatis Splendor» «el aspecto dinámico de la actuación» y sugirió «aprender a ser discípulos y testigos» y a captar «la verdad de nuestras acciones».

En cuanto al vínculo entre vida moral y testimonio, el cardenal Joseph Ratzinger no quiso dejar de recordar a los mártires, que «nos enseñan el camino para comprender a Cristo y para entender qué quiere decir ser hombre. Son ellos la verdadera apología del hombre y muestran que la criatura no es un error del Creador».

La vocación del teólogo moral fue otros de los puntos que el purpurado abordó en el congreso internacional: «A él corresponde la tarea de conocer profundamente la diferencia entre el bien y el mal en la acción humana buscando ser fiel seguidor del magisterio de la Iglesia».

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