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La sociedad relativista agudiza la expansión del fenómeno de la depresión

Conclusiones del Congreso celebrado en el Vaticano sobre esta enfermedad

CIUDAD DEL VATICANO, 23 de noviembre de 2003 (ZENIT.org).- La depresión es agudizada por la sociedad relativista (en la que no hay principios morales objetivos), por lo que la lucha contra esta enfermedad exige replantear los valores religiosos y éticos fundamentales, aseguraron los participantes en un congreso mundial celebrado en el Vaticano.

Así lo recogen las «Conclusiones» emitidas al final de la XVIII Conferencia Internacional sobre «La depresión» –enfermedad que hoy afecta a 340 millones de personas– convocada del 13 al 15 de noviembre por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, organismo de la Santa Sede presidido por el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán.

«El individualismo, el desempleo, el divorcio, la inseguridad, la ausencia de una auténtica educación, la falta de transmisión del saber, de la cultura, de la moral, de la vida religiosa, y la negligencia de las normas objetivas por parte del relativismo ético debilitan y hacen frágiles a las personas por falta de arraigamiento y de estabilidad en la existencia», constaron los participantes, procedentes de 62 países.

Entre ellos se encontraban cardenales, arzobispos, obispos, religiosos, religiosas, laicos y laicas comprometidos de diferentes maneras en el mundo del sufrimiento y de la salud, especialistas en las diferentes disciplinas de las ciencias humanísticas, sociales, biomédicas y teológico-pastorales.

«Escuchar, comprender, amar, valorar siempre a la persona, ayudarla a participar y a hacerle sentir que se está bien junto a ella es el camino que propone la pastoral de la Iglesia para acompañar a las personas deprimidas», aseguran las conclusiones.

«El deprimido no ha sido olvidado por Dios, es más, constituye el centro de su amor compasivo», afirman las conclusiones al ofrecer la respuesta cristiana a esta enfermedad, que en el peor de los casos puede llevar al suicidio –con la pérdida de un millón de vidas al año–.

«De hecho, al comenzar su misión mesiánica, Jesús afirma: “Yo he venido para los enfermos”…, entre los cuales se encuentran también los deprimidos –añade el documento conclusivo–. La vida espiritual transforma esta promesa en contenidos concretos que ofrecen al creyente un apoyo espiritual para afrontar toda enfermedad, incluida la depresión».

«Para volver a crear un auténtico vínculo social a partir de un cambio completo del comportamiento de cada hombre es necesario volver a valorar los principios de la moral, que son capaces de imprimir un profundo cambio en el espíritu del hombre deprimido para elevarle, restaurando al mismo tiempo tanto la persona como la sociedad», concluyó el Congreso.

En particular, los participantes recordaron que «los medios de comunicación son instrumentos de civilización que al proponer modelos de vida y caminos culturales respetuosos de los valores de la vida, de la familia y de la sociedad, pueden ser de gran ayuda para convertir las actitudes y tendencias individualistas y de muerte de la cultura postmoderna en comportamientos positivos, personales, altruistas y solidarios a favor de la vida».

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