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Santa Marta © Osservatore Romano

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Santa Marta: La omnipotencia de Dios se manifiesta en su misericordia

Reflexión a partir del Libro de Jonás

(ZENIT – 10 Oct. 2017).- “Los obstinados olvidan que Dios, que la omnipotencia de Dios, se manifiesta sobre todo en su misericordia y en el perdón”, apuntó el Papa.

La Liturgia del segundo martes de octubre (día 10) propone reflexionar, con el Libro de Jonás, sobre un “diálogo entre la misericordia, la penitencia, la profecía y la terquedad”, si bien sobre todas “vence la misericordia”, señaló el Papa en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta esta mañana.

“Este es el mensaje de este libro profético”, y recomendó: “Yo me permito aconsejarles hoy que tomen la Biblia y lean este Libro de Jonás, –son tres páginas– y que vean cómo actúa el Señor, cómo es la misericordia del Señor, cómo el Señor trasforma nuestros corazones. Y dar gracias al Señor porque Él es tan misericordioso”.

El Papa señaló la negación de Jonás a cumplir la misión que el Señor le había encomendado, es decir, convertir a la gente de Nínive, aunque luego sí lo hace, “desdeñado” porque Dios, viendo el arrepentimiento de la ciudad, la perdona. Es un “pusilánime” –observó el Papa– con “el alma almidonada”.

Francisco ha advertido que “los tozudos de alma, los rígidos, no comprenden lo que es la misericordia de Dios. Son como Jonás: ‘Debemos predicar esto, que estos sean castigados porque han hecho el mal y deben ir al inferno…’. Los rígidos no saben ensanchar el corazón como el Señor. Los rígidos son pusilánimes, con el pequeño corazón cerrado allí, apegados a la justicia desnuda. Y olvidan que la justicia de Dios se ha hecho carne en su Hijo; se ha hecho misericordia, se ha hecho perdón; que el corazón de Dios siempre está abierto al perdón”.

Así, el Papa ha explicado que “no es fácil comprender la misericordia de Dios, no es fácil. Se necesita tanta oración para poder comprenderla, porque es una gracia”. y ha advertido que “Dios habría podido abandonar a Jonás. Dejarlo a su tozudez. Y, en cambio, lo salvó, como salvó a la gente de Nínive”. Sí –ha dicho el Papa– porque es el “Dios de la paciencia”, que sabe acariciar y que sabe “ensanchar los corazones”.

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