Artículos de ZENIT Staff

La campaña contra Pío XII nació de la KGB

Por Piero Gheddo

ROMA, jueves 26 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- En ZENIT del 25 noviembre ya escribí sobre el volumen de Michael Hasemann “Pío XII. El Papa que se opuso a Hitler”, alegando muchos hechos históricamente documentados que demuestran cómo Pío XII fue verdaderamente “el Papa que se opuso a Hitler”.

El Relator de su Causa de Beatificación, el jesuita padre Peter Gumpel, escribe en el Prefacio que, “mientras procedía nuestro inmenso trabajo de investigación y estudio, mis colaboradores y yo estábamos cada vez más convencidos de que respecto a Pío XII se había creado una verdadera y auténtica ‘leyenda negra’”. Es decir, una imagen “políticamente correcta”, pero históricamente del todo falsa del gran Papa, según la cual habría favorecido el ascenso al poder de Hitler y después callado ante la Shoah.

Nos preguntamos cómo ha sido posible, alrededor de 18 años desde el fin de la segunda guerra mundial, dar la vuelta radicalmente a la imagen de un Papa al que las máximas autoridades y exponentes del mundo judío habían hasta ese momento agradecido y exaltado por la importante contribución que había dado, él y la Iglesia católica movilizada por él, al salvamento de centenares de miles de judíos de los campos de exterminio nazis.

Hasemann, que ha estudiado bien la cuestión, afirma y documenta que todo nació por las tramas de la KGB soviética. Es imposible reducir en una página los pasajes que el volumen de Hasemann cuenta y que han sido publicados en los últimos años en Estados Unidos, sin suscitar reacción alguna de la prensa internacional. Ahora la campaña contra Pío XII ya no interesa o interesa mucho menos, y la imagen negativa del Pontífice “políticamente correcta” ha entrado en gran parte de la opinión pública.

Todo nace de Ion Mihail Pacepa, general de la “Securitate”, los servicios secretos (sección exterior) del dictador rumano Ceausescu, expatriado a principios de los años ochenta, al que el presidente americano Carter concedió el derecho de asilo y la nacionalidad americana, que colabora con la CIA, y que destaca por su “contribución importante, incluso única, al servicio de los Estados Unidos de América”.

Pacepa revela que a principios de los años Sesenta había sido encargado de “contribuir a una campaña difamatoria contra Pío XII, que la KGB estaba montando por orden de Krushev en persona… El objetivo era el de minar la autoridad de la Santa Sede en Europa occidental, mostrándola como un bastión del Nazismo”.

La KGB se dirigió a los servicios secretos de Rumanía, país en contacto con la Santa Sede (para un hipotético intercambio de relaciones diplomáticas, nunca realizado) y con la posibilidad de enviar investigadores a los Archivos vaticanos. Así, entre 1960 y 1962 tres “sacerdotes” (agentes del DIE, servicios secretos rumanos) frecuentaron los Archivos Vaticanos, fotografiando a escondidas muchos documentos del Pontificado de Pío XII y de las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno hitleriano en el año (1933) en el que se firmó el Concordato entre Alemania y el Vaticano, sobre el modelo del firmado por Mussolini con Italia en 1929 (entonces el cardenal Pacelli era Secretario de Estado de Pío XI).

En los documentos fotografiados, escribe Hasemann, no había nada de comprometedor, pero las miles de fotos de textos originales permitieron a los técnicos de la KGB manipular los falsos que sirvieron a a redacción de la obra teatral “El Vicario”. En 1963 ésta se publicó en Alemania por un desconocido joven alemán Rolf Hochhuth (que nunca había estado en los Archivos Vaticanos) y tuvo un éxito inmediato e internacional, también porque fue acompañada por algunas páginas de “iluminadores documentos históricos” que, según Hasemann, eran falsos del KGB.

Nace la campaña contra Pío XII, naturalmente apoyada por los Partidos comunistas de Occidente y por la prensa que la flanqueaba. Cualquier desmentido sobre la falsedad de las tesis sostenidas no encuentra espacio en la prensa internacional, cuando ya en marzo de 1963 el gobierno de la República Federal alemana había tomado distancias de “El Vicario”, con este comunicado:

“El Gobierno Federal se lamenta de que se hayan levantado acusaciones contra el Papa Pío XII. El difunto Pontífice había levantado en diversas ocasiones la voz contra las persecuciones raciales del Tercer Reich y liberado cuantos más judíos posibles de las manos de sus perseguidores. El Gobierno Federal está y permanece grato a Pío XII por haber estado entre los primeros, inmediatamente después de la caída del régimen nazi, en trabajar por una reconciliación interna en Alemania y entre Alemania y las demás naciones. Esto hace mucho más incomprensible y deplorable una denigración de su memoria precisamente por parte alemana”.

Michael Hasemann cita al ex-general rumano, que hoy “espera que sean abiertos los Archivos de la KGB y salga a la luz todo el procedimiento con el que los comunistas consiguieron desacreditar a uno de los Papas más importantes del siglo XX”.

Y recuerda el discurso de Pío XII del 20 de febrero de 1949 en la Plaza de San Pedro: “Éste (el comunismo) quisiera una Iglesia que calla cuando debería hablar; una Iglesia que debilita la ley de Dios, adaptándola al gusto de las voluntades humanas, cuando debería altamente proclamarla y defenderla; una Iglesia que se aleje del fundamento sobre el que Cristo la ha edificado, para reclinarse cómodamente en las arenas movedizas de las opiniones del día, o para abandonarse a la corriente que pasa… ¿Es esta la Iglesia que vosotros veneráis y amáis? ¿Reconoceríais en una Iglesia semejante los rasgos del rostro de vuestra Madre? ¿Podríais imaginar un sucesor del primer Pedro que se plegara a semejantes exigencias?”

“De la masa de los fieles se elevó una sola respuesta – continua Hasemann – ‘¡Nooo!’. Entonces, ¿qué mejor manera de socavar la confianza en aquel paladín de la justicia, que acusarlo de haber asumido hacia la más espantosa masacre de la historia, la postura que él mismo detestaba: callar?”.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez]

Pío XII, el Papa que se opuso a Hitler

Por Piero Gheddo*

ROMA, miércoles 25 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- He leído con gran interés la biografía de Pío XII escrita por un historiador alemán, Michael Hasemann: “Pío XII. El Papa que se opuso a Hitler”. Mientras la Iglesia prepara la beatificación del gran siervo de Dios, este volumen hace justicia de las muchas calumnias y voces que acusan a Eugenio Pacelli de haber favorecido el acceso al poder de Hitler y de haber después callado frente a la Shoah de los judíos y d ellos campos de exterminio nazis.

Pío XII, como Nuncio en Alemania, estaba contra Hitler desde los años Veinte. De aquel loco fanático, que tenía carisma y movilizaba a las masas, no iba a venir nada bueno: sus informes a Roma y la acción que llevó a cabo en Alemania lo demuestran sin sombra de duda.

Después, como papa Pío XII (marzo 1939), había movilizado a la diplomacia vaticana y la red europea de diócesis, parroquias, institutos y entes religiosos católicos para poner a salvo a los judíos, y obtuvo, ya durante la guerra, centenares de miles de visados de ingreso para los prófugos de la Europa nazi en Argentina, Santo Domingo y otros países católicos de América Latina.

“Mientras tanto – escribe Hasemann – las potencias beligerantes no hicieron nada para impedir la Shoah. Muchos Estados, entre los cuales Suiza y Estados Unidos, rechazaron a los refugiados judíos, ¡hasta el punto de reenviarlos a Alemania, donde tomarían el camino de las cámaras de gas!Hasta que la Aviación aliada no hubiese sobrevolado Auschwitz en agosto de 1944, tomando fotografías detalladas de los hornos crematorios, no se tomó la molestia de bombardear las líneas ferroviarias que eran utilizadas para los transportes. El Papa callaba para poder actuar libremente, el mundo calló para legitimar su propia inacción”.

Y sin embargo ha habido una violenta campaña contra “el silencio” de Pío XII, pero nadie ha protestado contra el silencio de Roosevelt, Churchill, Stalin y ni siquiera contra el de la Cruz Roja, también ella en la misma situación del Papa: empeñada en la salvación de los prófugos del nazismo y obligada al silencio para poder salvar a los más posibles. Impresionante el número de los judíos salvados por intervención directa de la Iglesia católica en los diversos países de Europa ocupados por los nazis, según una investigación de archivos documentada hasta el escrúpulo por Pinchas Lapide, historiador israelí: entre 847.000 y 882.000, con números para cada país (Rumanía 250.000, Francia y Hungría 200.000, Italia 55.000, etc.).

Hasemann aporta muchas citas de solventes representantes del mundo judío, que durante más de 15 años después de la última guerra mundial competían para agradecer a Pío XII por todo lo que había hecho por el pueblo judío. Chaim Weizmann (futuro primer Presidente del Estado de Israel), ya en 1943 escribía: “La Santa Sede presta su poderosa ayuda, allí donde es posible, con el fin de aliviar la suerte de mis correligionarios perseguidos”.

En 1944, el rabino jefe de los judíos en Palestina, declaró: “El pueblo de Israel no olvidará nunca lo que ha hecho Su Santidad por nuestros hermanos y hermanas más desafortunados, en esta trágica página de nuestra historia. Es un testimonio vivo de la Providencia divina que actúa en el mundo”. El 21 de septiembre de 1945 el secretario general del “Congreso judío mundial”, Leon Kubowitzky, agradecía a Pío XII por “haber salvado a los judíos de las persecuciones fascista y nazi” y por “todo el bien que la Iglesia se ha esforzado en realizar y ha efectivamente realizado a favor de nuestro pueblo”. A las palabras, unía una donación de 20.000 dólares al Pontífice.

Al final de la guerra, Moshe Scharett, futuro segundo Presidente de Israel, fue recibido en audiencia por Pío XII y declaró: “Le dije que, en nombre del pueblo judío, era mi deber agradecerle, y a través de él a la Iglesia entera, por todo lo que habían hecho por salvar a los judíos en las distintas naciones”.

Raffaele Cantoni, presidente de la UCEI (Unione delle comunità ebraiche in Italia) declaraba en la posguerra: “seis millones de mis correligionarios fueron asesinados por los nazis, pero el número de las víctimas habría sido aún muy superior sin la intervención eficaz de Pío XII”. El 17 de abril de 1955 los judíos italianos proclamaron una “Jornada de agradecimiento” por el socorro prestado por el Papa. El 26 de mayo de aquel año la Orquesta filarmónica de Israel vino a propósito al Vaticano para ejecutar piezas de Beethoven en presencia de Pío XII, “en signo de gratitud del Estado judío por la obra realizada en favor de los perseguidos”.

Hasta principios de los año 60, por parte del mundo judío no hay sino voces favorables a la acción de Pío XII en ayuda de los judíos perseguidos por el Nazismo. ¿Por qué después se desencadenó la campaña contra este gran Papa, acusándolo de complicidad con el Nazismo en la persecución de los judíos?