El incidente fue grabado por cámaras de seguridad, lo que dificulta considerablemente desestimarlo como una mera alegación o un relato aislado. Foto: Redes Sociales

Justicia israelí condena a 6 años en psiquiátrico a judío que atacó y pateo a una monja católica en Jerusalén

Monja atacada en Jerusalén, dictamen sobre salud mental y una prueba más amplia para la libertad cristiana

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(ZENIT Noticias / Jerusalén, 27.08.2026).- Un tribunal de Jerusalén ha archivado la causa penal contra el israelí que atacó violentamente a una monja católica francesa en la Ciudad Vieja en abril, al considerar que estaba sufriendo un episodio psicótico y, por lo tanto, no era penalmente responsable de sus actos. El fallo cierra un capítulo legal, pero no resuelve la cuestión más amplia que plantea el ataque: ¿cuán seguros están los cristianos y sus lugares de culto en Jerusalén cuando la hostilidad se hace cada vez más visible?

La decisión del tribunal, del 26 de agosto, ordena el internamiento de Yona Simcha Schreiber, de 36 años, en un centro psiquiátrico residencial durante un máximo de seis años. Este periodo podría acortarse si las autoridades psiquiátricas concluyen que su estado ha mejorado lo suficiente. La fiscalía había solicitado su condena por agresión y hostilidad hacia un grupo religioso, pero el juez aceptó las conclusiones de la evaluación psiquiátrica que determinaban que Schreiber se encontraba en un estado psicótico cuando ocurrió el ataque.

Los informes de la evaluación psiquiátrica indicaron que Schreiber había sido diagnosticado con esquizofrenia. La evaluación no determinó de forma concluyente cómo su condición mental produjo la agresión, pero concluyó que su enfermedad influyó en su comportamiento. Por lo tanto, el tribunal trató el caso como uno de incapacidad penal en lugar de imponer una pena de prisión convencional.

Esta distinción es importante. Una declaración de inimputabilidad por enfermedad mental no es una exoneración en el sentido ordinario: el tribunal aceptó que el acusado cometió el acto físico, pero determinó que su estado mental le impedía ser considerado penalmente responsable de la misma manera que un delincuente con capacidad mental. Su internamiento, por consiguiente, tiene como objetivo el tratamiento psiquiátrico y la protección pública, más que el castigo. La decisión es apelable.

El incidente fue grabado por cámaras de seguridad, lo que dificulta considerablemente desestimarlo como una mera alegación o un relato aislado.

El 28 de abril, cerca de la Tumba de David en el Monte Sion, la monja, de nacionalidad francesa e investigadora de la Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa de Jerusalén, caminaba por la zona cuando Schreiber se le acercó por detrás. Vestida con hábito religioso, fue empujada violentamente al suelo y se golpeó la cabeza contra una piedra. El agresor se alejó inicialmente, pero regresó y la pateó antes de que un transeúnte interviniera.


La monja sufrió heridas sangrantes en la cabeza y necesitó atención médica.

El lugar hizo que el ataque fuera particularmente delicado. El Monte Sion se encuentra justo al lado de la Ciudad Vieja y alberga lugares sagrados para judíos y cristianos. La Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa, donde trabaja la monja, es uno de los centros de investigación bíblica y arqueológica más antiguos de Jerusalén. Por lo tanto, el ataque no se produjo simplemente en un entorno urbano anónimo, sino en una parte de la ciudad donde la identidad religiosa es inusualmente visible y donde la historia sagrada judía y cristiana se entrelaza.

Francia condenó el ataque. El consulado francés en Jerusalén exigió justicia, mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel calificó el incidente de vergonzoso y reafirmó su compromiso con la libertad de religión y de culto.

Esta respuesta oficial es importante, sobre todo porque el caso se produce en un contexto de creciente preocupación por el acoso anticristiano en Israel.

Según un informe publicado este año por dos organizaciones israelíes que trabajan para promover la coexistencia judeocristiana, los incidentes contra cristianos aumentaron un 63 % en 2025. Los incidentes registrados abarcaron desde insultos y escupitajos hasta violencia física y daños a símbolos religiosos cristianos.

Los escupitajos representaron el 60 % de los incidentes denunciados. Los insultos, gritos y amenazas constituyeron otro 18 %, mientras que los daños a símbolos religiosos cristianos representaron el 12 %. La violencia física supuso el 5 %, la profanación de lugares sagrados cristianos el 3 % y el acoso cibernético el 2 %.

Estas cifras no demuestran que todos los incidentes estén motivados por la misma ideología, ni sugieren que el caso psiquiátrico contra Schreiber pueda clasificarse automáticamente como persecución religiosa. El dictamen judicial sobre la psicosis es un hecho fundamental y no debe verse eclipsado por una narrativa política más amplia.

Pero esta cautela no debe eclipsar la legítima preocupación por el efecto acumulativo de actos aparentemente dispares.

La libertad religiosa no se mide únicamente por si los gobiernos permiten formalmente que las personas asistan a misa, mantengan iglesias o realicen investigaciones religiosas. También depende de si los creyentes pueden transitar por las calles sin ser atacados por ser visiblemente identificados como cristianos, y de si las minorías religiosas pueden mantener su presencia sin intimidación.

Jerusalén presenta una prueba particularmente exigente, ya que las comunidades religiosas no conviven en un entorno multicultural común. Lugares sagrados, reivindicaciones históricas e identidades religiosas se entrecruzan con frecuencia en unas pocas calles. Por lo tanto, proteger la libertad religiosa requiere más que declaraciones de principios; requiere una protección constante de quienes ejercen esa libertad.

La condena de Israel al ataque y su compromiso declarado de salvaguardar la práctica religiosa son, por consiguiente, significativos. También lo es la disposición del tribunal a reconocer un trastorno psiquiátrico grave al determinar la responsabilidad penal. Ambos principios pueden coexistir: la enfermedad mental puede explicar por qué un individuo no es penalmente punible, mientras que el Estado sigue siendo responsable de garantizar la protección de las víctimas vulnerables y las comunidades religiosas. Este caso también ilustra por qué la situación de los cristianos en Tierra Santa no puede evaluarse únicamente desde la perspectiva geopolítica. Los cristianos en Jerusalén no son meros observadores de un conflicto entre fuerzas políticas más amplias. Son una comunidad histórica cuya libertad para vivir, practicar su religión, trabajar y desplazarse con seguridad forma parte del panorama religioso de la región.

El ataque contra la monja francesa fue perpetrado por un solo hombre. El tribunal determinó que su estado mental influyó decisivamente. Sin embargo, las crecientes estadísticas sobre el acoso anticristiano plantean una cuestión más amplia que ningún dictamen psiquiátrico puede responder: si el entorno social en el que viven los cristianos se está volviendo más hostil.

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Redacción Zenit

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