Päivi Räsänen Foto: ADF

Reino Unido prohíbe el ingreso a parlamentaria finlandesa que hizo publicación bíblica contra ideología de género

Su autorización electrónica de viaje, inicialmente aprobada, fue revocada poco después de que el Tribunal Supremo de Finlandia confirmara su condena por «insultar a un grupo» en un folleto sobre matrimonio y sexualidad publicado hace décadas

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(ZENIT Noticias / Londres, 18.07.2026).- La decisión de prohibir la entrada al Reino Unido a la parlamentaria finlandesa Päivi Räsänen añade un nuevo y preocupante capítulo a una saga que ya ha inquietado a muchos en Europa. Su autorización electrónica de viaje, inicialmente aprobada, fue revocada poco después de que el Tribunal Supremo de Finlandia confirmara su condena por «insultar a un grupo» en un folleto sobre matrimonio y sexualidad publicado hace décadas. Aunque fue absuelta de otro cargo relacionado con la publicación en Twitter de un pasaje bíblico, la sentencia ha tenido consecuencias inmediatas: ya no puede viajar libremente, ni siquiera al Reino Unido, donde había sido invitada a participar en una conferencia sobre libertad de expresión y religión.

Para un continente que se enorgullece de sus valores democráticos, el simbolismo es contundente. Una parlamentaria en ejercicio, exministra del Interior y médica, impedida de volar a través de Heathrow por sus convicciones cristianas declaradas públicamente. El evangelista Franklin Graham calificó la situación de «difícil de creer», señalando que Räsänen fue procesada «simplemente por citar lo que dice la Biblia».

El caso comenzó en 2019, cuando Räsänen cuestionó públicamente el apoyo de su denominación religiosa a un evento del Orgullo LGBTQ y respondió publicando Romanos 1:24-27. A esto le siguió una investigación penal, seguida de una serie de juicios y apelaciones. En marzo de 2026, el Tribunal Supremo de Finlandia confirmó una condena: no por el tuit, sino por un panfleto religioso escrito veinte años antes, antes incluso de que existiera la ley bajo la cual fue juzgada. El fallo ha suscitado preocupación no solo por la aplicación retroactiva de la legislación, sino también por el clima general de libertad de expresión religiosa en Europa.

La propia Räsänen se ha pronunciado abiertamente. Afirma que el veredicto ha generado temor entre los ciudadanos comunes, quienes se preguntan si expresar sus creencias —pacíficamente y sin malicia— podría exponerlos a un proceso judicial. Su reacción tras el fallo del Tribunal Supremo fue de conmoción: insistió en que no se había reconocido su derecho fundamental a la libertad de expresión y reafirmó su compromiso de defender la capacidad de todas las personas para expresar públicamente sus convicciones.

ADF International, que ha apoyado su defensa legal, sostiene que el caso representa una grave violación de las normas internacionales. El director ejecutivo, Paul Coleman, advirtió que la condena tendrá un «grave efecto disuasorio», señalando que la libertad de expresión es un pilar fundamental de la sociedad democrática. Subrayó que el panfleto en cuestión es anterior a la legislación pertinente, lo que convierte el fallo en un ejemplo de censura estatal y no en una supervisión legal legítima.

La controversia también ha puesto de manifiesto una tensión más profunda en la cultura europea. Muchos ciudadanos dan por sentado que citar las Escrituras, incluso en cuestiones morales controvertidas, forma parte del ejercicio normal de la libertad religiosa. Sin embargo, Räsänen describió su experiencia en el tribunal como «absurda», comparándola con «estar en la Edad Media», obligada a defender la doctrina bíblica ante jueces que parecían empeñados en reinterpretar sus palabras.

Su imposibilidad de viajar a Belfast para una conferencia sobre libertad religiosa ilustra cómo las decisiones judiciales de un país pueden tener repercusiones transfronterizas. También plantea interrogantes sobre si Europa se está encaminando hacia un modelo en el que ciertas expresiones religiosas —en particular las relativas a la sexualidad— se consideran inherentemente sospechosas. Para los cristianos que defienden la vida, la familia y la dignidad de toda persona, las implicaciones son preocupantes: si la expresión pacífica de creencias arraigadas puede acarrear cargos penales, ¿qué ocurre con el compromiso del continente con el pluralismo?

Räsänen aún puede apelar ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, un foro donde muchos casos relacionados con la conciencia y la libertad religiosa han encontrado una consideración más equilibrada. Si su condena se mantendrá es incierto, pero la cuestión de fondo ya es evidente. Europa se encuentra inmersa en una lucha por los límites de la libertad de expresión, y el resultado no solo influirá en el debate público, sino también en la capacidad de los creyentes —cristianos o de otras confesiones— para participar plenamente en la vida cívica.

Su caso no se limita a un político o un panfleto. Es una prueba de si las sociedades democráticas pueden conciliar profundos desacuerdos morales sin recurrir a sanciones penales. Y es un recordatorio de que la libertad de expresión, antes dada por sentada, ahora exige una defensa vigilante.

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Elizabeth Owens

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