Hacia las cimas de la santidad

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Palabras de Juan Pablo II en su encuentro dominical con los fieles

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CIUDAD DEL VATICANO, 16 julio (ZENIT.org).- Las cimas de los Alpes, que contemplaba Juan Pablo II en este mediodía, le llevaron a hablar, en su encuentro dominical con los fieles, sobre las cumbres de la santidad, que en la Biblia se encuentran representadas por el Monte Carmelo. Una meditación que el pontífice ofreció especialmente a quienes en estos días disfrutan de un momento de descanso. Ofrecemos las palabras que pronunció el Santo Padre.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

1. Doy gracias al Señor el que también en este año me ofrezca la posibilidad de pasar un período de descanso en esta sugerente localidad montañera, que recuerda la presencia majestuosa de Dios. Agradezco al obispo de Aosta, al presidente del Consejo y de la Junta del Valle de Aosta y a toda la población de esta región tan querida la invitación y la acogida, que como todos los años es muy cordial. Doy gracias especialmente a los Salesianos, que siempre son muy acogedores conmigo, así como a aquellos que aseguran en estos días el que yo y mis colaboradores podamos tener una estancia tranquila. Aquí, entre los agradables bosques y valles, el físico se regenera y el espíritu puede dedicarse mejor a la reflexión y a la contemplación.

Desde este lugar sereno quisiera recordar a quien se encuentra de vacaciones en estos valles o en otros sitios de montaña o de mar. A todos les invito a hacer de estos días de merecido descanso veraniego un momento de enriquecimiento interior y de favorable descanso familiar.

Pienso también en todos aquellos que no pueden permitirse ir de vacaciones y se han quedado en casa. De manera particular, dirijo mi saludo cariñoso a los enfermos, a los ancianos, a los encarcelados y a las personas solas. Les aseguro que me acordaré diariamente de cada uno en la oración.

2. Al contemplar estas montañas, mi pensamiento se dirige hoy al Monte Carmelo, ensalzado en la Biblia por su belleza. De hecho, hoy celebramos la fiesta de la Virgen del Monte Carmelo. En aquel monte, que se encuentra en Israel, cerca de Haifa, el santo profeta Elías defendió sin descanso la integridad y la pureza de la fe del pueblo elegido en el Dios vivo. En esta montaña, en el siglo XII después de Cristo, se reunieron algunos eremitas para dedicarse a la contemplación y la penitencia. De su experiencia espiritual surgió la Orden de los Carmelitas.

El Carmelo indica simbólicamente el monte de la adhesión total a la voluntad divina y de nuestra salvación eterna. Todos estamos llamados a escalar valientemente y sin detenernos esta montaña espiritual. Caminando junto a la Virgen, modelo de plena fidelidad al Señor, no tendremos miedo de los obstáculos o dificultades. Apoyados por su materna intercesión, podremos realizar plenamente, como ella, nuestra vocación de auténticos «profetas» del Evangelio en nuestro tiempo.

3. La liturgia de hoy, decimoquinto domingo del tiempo ordinario, nos exhorta a vivir este compromiso ascético y apostólico. Nos invita a seguir el ejemplo del profeta Amós y de los apóstoles, escogidos por el Señor como colaboradores en su obra de salvación.

Que la Virgen del Monte Carmelo, a la que hoy invocamos con devoción particular, nos ayude a subir sin cansarnos hacia le cima del monte de la santidad; nos ayude a no tener nada más claro que Cristo, el cual revela al mundo el misterio del amor divino y la verdadera dignidad del hombre (cf. Oración colecta de la liturgia del día).

Traducción realizada por «Zenit».

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ZENIT Staff

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