La Santa Sede ante la ONU: Basta con las minas antipersonales

Pide que todos los Estados adhieran a la Convención de Ottawa

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GINEBRA, 13 sep (ZENIT.org).- Las minas antipersonales son instrumentos de muerte física y social. Esta es la convicción de la Santa Sede, que ha dejado oír su voz en la cumbre de los Estados que han adherido a la Convención de Ottawa contra estos artilugios de muerte.

«Cada minuto cuenta» es el lema de la reunión, que recuerda que cada 20 minutos una persona muere o queda mutilada por la explosión de estos artefactos.

Al tomar la palabra ante la segunda asamblea de estas características, que se celebra del 12 al 15 de septiembre (cf. Zenit, ZS00091203) en la sede de las Naciones Unidas de Ginebra, el arzobispo Giuseppe Bertello, jefe de la delegación de la Santa Sede, recordó aquellas palabras del Papa con las que consideró que la Convención de Ottawa constituye una prueba de respeto cada vez más concreto por la persona humana, considerada en sus dimensiones individuales y sociales, y una respuesta a la convicción de que no podemos ser felices si vivimos enfrentados los unos contra los otros.

La Convención, promovida con decisión por el Gobierno de Canadá, a la que ha adherido la Santa Sede, prohíbe el uso, la producción y el almacenamiento de las minas antipersonales. Entró en vigor el 1 de marzo del año pasado al recibir la adhesión de 139 países.

Monseñor Bertello explicó que, al ratificar la Convención, la Santa Sede ha querido dar su apoyo al tratado, con la convicción de que los objetivos del desarme y de la distensión en que se inspira, corresponden a su propia misión de paz.

«La Convención refuerza la eficacia del derecho internacional humanitario, presentándose como una realización concreta del principio de humanidad», dijo el prelado.

El representante del Papa invitó a los países que todavía no han adherido a la Convención de Ottawia a abandonar las minas interpersonales, que no hacen distinción entre sus víctimas, amenazando particularmente a las poblaciones civiles de los países, y quitando terrenos de trabajo agrícola, en ocasiones lustros después del final de conflictos armados.

Monseñor Bertello se hizo portavoz de la tragedia que tienen que vivir en ocasiones las familias al asistir a la muerte desgarradora de sus seres queridos, con frecuencia niños, que por desgracia pisan terrenos minados. La Santa Sede, añadió, «y los numerosos organismos de la Iglesia católica, como hospitales, centros de asistencia y de rehabilitación, ligados a las comunidades locales y a las instituciones religiosas, desean continuar aportando su contribución en los programas de sensibilización sobre los peligros de las minas, así como en la rehabilitación física y en la reintegración psico-social de los supervivientes, para que puedan volver a convertirse en parte activa de sus comunidades».

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ZENIT Staff

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