El Instituto Pontificio de Misiones Extranjeras cumple 150 años

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Ha contribuido al nacimientos de muchas Iglesias en países de misión

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MILAN, 18 sep (ZENIT.org).- Tienen un lema familiar que refleja bien su
carisma: «Todos al martirio, pero no en fila india…». Entre ellos ha
habido de todo: héroes, aventureros, profesores y constructores: un
cartógrafo, un piloto de avión, un convertido del Islam y un mandarín,
abogados y encarcelados, exploradores y profesores universitarios, obispos y
mártires. Estamos hablando del PIME, la primera institución exclusivamente misionera
surgida en Italia, que acaba de cumplir 150 años de vida. El aniversario
oficial tuvo lugar el pasado 31 de julio, pero fiesta fue festejada este fin
de semana pasado en la casa madre en Milán. El prefecto de la Congregación
para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Jozef Tomko, ha presidido
este año el tradicional «congresillo» que desde hace 75 años reúne a los
parientes de los misioneros, benefactores y simpatizantes del Instituto.

El PIME fue fundado en 1850 en Saronno por Angelo Ramazzotti: un ex abogado
convertido en sacerdote y gran predicador que no pudo dirigir la creación de
este cuerpo especial de misioneros porque fue consagrado obispo. Un «hijo»
del PIME, el periodista y escritor padre Piero Gheddo ha escrito para el
aniversario una historia del Instituto: «PIME 1850-2000. 150 años de
misión».

El padre Franco Cagnaso, 57 años, es desde 1989 el noveno superior general
del PIME. «La cosa más hermosa y visible –indica en declaraciones a Zenit–
es el número de Iglesias nacidas con nuestra actividad, sobre todo en Asia.
Pero además nuestros 150 años contienen también un bagaje invisible e
incalculable de caridad, sufrimientos, de fe y de compromiso, de manera que
cuanto más conozco nuestra historia más me doy cuenta de lo grande que es;
esta historia, aunque puede estar acompañada de errores y debilidades, es de
todos modos un balance muy positivo».

Pero hay quien pide en este aniversario un «mea culpa» a los misioneros que
habrían vivido a la sombra del colonialismo. «Nosotros no somos mejores que
los otros misioneros. Pero no me parece el modo justo de plantear el
problema –responde superior general–. ¿«Mea culpa»? Sin duda en nuestra
historia ha habido errores, egoísmos, planteamientos demasiado occidentales;
hemos sido hijos de nuestro tiempo y hemos sufrido las influencias, también
negativas. Pero las personas que actuaron en aquél modo, en aquél tiempo,
¿eran de verdad conscientes de realizar una cosa equivocada? Pienso que no.
Y creo que el Evangelio es anunciado –más que por la exactitud de las
opciones históricas, culturales y sociales– por la gracia y por la pobreza
con las que lo sabemos acoger. Una gracia que pasa también a través de los
errores».

Hojeando la historia del PIME, salta a la vista la presencia de muchos
«navegantes solitarios»: caracteres fuertes, constructores, líderes capaces
de crear y sostener una misión en condiciones dificilísimas. Pero siempre, y
un poco demasiado, solos. «Es verdad –asiente el padre Cagnaso– el pecado
original de los misioneros en general y quizá del PIME en especial es
justamente un cierto individualismo. Pero también esto es un dato que hay
que comprender en su contexto. Hoy es sin duda menos admisible ser
«navegantes solitarios» en el mundo de Internet y de las comunicaciones
globales, pero hace cien años en algunos lugares de China o de Africa no se
podía verdaderamente hacer de otra manera… Ahora las nuevas generaciones
sienten mucho más la exigencia de trabajar juntos y nosotros lo consideramos
un factor positivo. Siempre que esto no esconda el deseo de acomodarse en un
«hogar caliente» y que demasiados esquemas prefijados no impidan la
flexibilidad para adaptarse».

¿Cómo crecerá el PIME en el futuro? «Hoy el cambio más notable –indica el
superior general– está en la internacionalidad. En la actualidad contamos
con 47 extranjeros de un total de 550 miembros y este año las nuevas
entradas añaden 5 indios, 3 brasileños, 2 filipinos y sólo 4 italianos. La
internacionalización está por tanto destinada a influir mucho en el futuro
próximo. Significa de hecho que nos estamos desprovincializando, que
tendremos una mayor capacidad de encuentro, que nos haremos más flexibles a
las necesidades de las Iglesias. Otro trazo emergente del PIME es una visión
más amplia del compromiso misionero: querríamos convertirnos en el apoyo y
el punto de paso de muchas otras energías, desde las de los laicos a las de
las religiosas y las Iglesias locales, sin ser el centro necesariamente».

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ZENIT Staff

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