La Santa Sede adhiere al llamamiento para eliminar las minas antipersonales

Conclusiones de la reunión de Estados firmantes del acuerdo

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GINEBRA, 19 sep (ZENIT.org).- Es indispensable eliminar la producción, almacenamiento, exportación y uso de minas antipersonales. Lo ha confirmado la segunda reunión de los estados que se han adherido a la Convención internacional de Ottawa contra estos artefactos letales celebrada del 12 al 15 de septiembre en Ginebra.

En el encuentro intervino el observador permanente del Vaticano en la sede de las Naciones Unidas de Ginebra, el arzobispo Giuseppe Bertello, quien consideró que la Convención de Ottawa constituye una prueba de respeto cada vez más concreto por la persona humana, considerada en sus dimensiones individuales y sociales.

La Conferencia, sin embargo, no ha producido ningún avance de relieve en la lucha contra las tragedias provocadas por estos artilugios mortales, diseminados en numerosas zonas de guerra, que siguen matando, mutilando y amenazando la vida cotidiana de centenares de miles de personas inocentes y en gran parte niños. Cada 20 minutos una persona muere o queda mutilada por la explosión de una mina.

En una declaración final del encuentro, al que han asistido delegaciones de 107 países firmantes de la Convención y numerosos representantes de países y organizaciones en calidad de observadores, se ha trazado un balance de los resultados alcanzados y se ha fijado un tercer encuentro del 18 al 21 de septiembre de 2001 en Managua (Nicaragua).

En el documento final se pone de relieve que más de 20 estados han completado ya la destrucción de las minas que tenían almacenadas y otros 24 están empeñados en este trabajo. Cerca de 250 millones de dólares han sido destinados por donantes al programa de lucha contra el problema de las minas, programa que exige esfuerzos financieros consistentes y al que todos los Estados son invitados a contribuir.

En Ginebra, se ha hecho un llamamiento a los países que todavía siguen empleando estos artilugios, incluidos aquellos que han adherido a la Convención, pero que no respetan los compromisos suscritos.

Entre los compromisos se ha repetido la necesidad de respetar la obligación de asistir a las víctimas de estas armas, víctimas que hicieron sentir su presencia en la reunión de Ginebra. Luego, siempre en el ámbito del programa para la eliminación de las minas antipersonales y de sus trágicas consecuencias, consideradas desproporcionadas por los mismos militares, se ha establecido una serie de encuentros que pueden contribuir a hacer progresos incluso antes del encuentro de Managua.

Entre otros, en Buenos Aires, el 6 y 7 de noviembre próximos, tendrán lugar un seminario sobre procedimientos de destrucción de minas. Otros seminarios sobre el mismo argumento se celebrarán en Canadá y Hungría al inicio del 2001. En Bamako (Mali), el 15 de febrero de 2001, se organizará una conferencia sobre la Convención y Africa. Estos encuentros, según el presidente del encuentro, que se desarrolló en la sede de la ONU en Ginebra, el noruego Steffen Kongstad, permiten esperar que se alcancen resultados concretos gracias a un trabajo común.

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ZENIT Staff

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