Juan Pablo II recibe al equipo de fútbol líder del campeonato italiano

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El deporte, constata, ejercicio de virtudes o «fenómeno alienante»

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 nov (ZENIT.org).- Juan Pablo II recibió esta mañana al equipo de fútbol de Roma, en estos momentos líder del campeonato italiano, que vino al Vaticano a cumplir con su peregrinación jubilar.

Junto a grandes campeones del terreno de juego (en la Roma militan, por ejemplo, el actual máximo goleador del fútbol italiano, en el que militan los argentino Gabriel Batistuta, Abel Balbo, entrenados por Fabio Capello) participaron en la audiencia con el Papa siete mil directivos, atletas e hinchas de uno de los dos equipos de primera división de la Ciudad Eterna. El otro equipo, el Lazio, campeón de Italia el año pasado, ya hizo su peregrinación y encuentro con el Papa el mes pasado.

«Queridos amigos «romanistas»». Fue el saludo de bienvenida que dirigió el Papa a sus huéspedes, antes de hablar con ellos sobre el deporte como «ambiente ideal para el ejercicio de muchas virtudes», que se convierte en «fenómeno alienante», cuando «degenera en la violencia».

El Papa Wojtyla había presenciado el pasado 29 de octubre (Cf. Archivo de noticias de Zenit , con motivo del Jubileo del mundo del deporte, precisamente en el estadio en el que juega el Roma, el Olímpico, un partido de fútbol entre la selección italiana y un equipo representativo de los jugadores extranjeros que juegan en Italia. El resultado final fue un deportivo cero a cero.

El deporte, explicó a los jugadores del equipo de su diócesis el obispo de Roma, «si se vive de manera adecuada», se convierte en «una especie de ascética», con la particularidad de que hoy día es «un acontecimiento planetario en el que naciones y culturas diferentes se encuentran unidas por una sola experiencia de fiesta».

Por este motivo, añadió, «puede favorecer la construcción de un mundo más fraterno y solidario, contribuyendo a la superación de situaciones de recíproca incomprensión entre individuos y pueblos».

«El deporte se convierte, sin embargo, en fenómeno alienante cuando las capacidades de habilidad y de potencia física dan lugar a la idolatría del cuerpo –explicó–; cuando la competitividad exasperada lleva a considerar al adversario como a un enemigo al que hay que humillar; cuando la pasión por el propio equipo impide una evaluación objetiva de la persona y de los acontecimientos y, sobre todo, cuando degenera en violencia».

«El prevalecer del interés comercial puede hacer, además, que la práctica deportiva se convierta en un mero afán de lucro», advirtió Juan Pablo II.

Refiriéndose particularmente al fútbol, Juan Pablo II subrayó su «carácter popular», que involucra a niños y adultos. Un espectáculo festivo que lograr ofrecer «una serena distracción a los apasionados y a familias enteras».

Por eso, el Papa consideró que es decisivo recordar el deber de respetar la ética deportiva. «¡Es sumamente urgente el que dirigentes, atletas, cronistas, e hinchas sean responsables! Pienso sobre todo en los atletas –dijo el Papa quien en sus años jóvenes en Wadowice era un buen portero y un buen delantero centro–, que tienen ante sí un público, especialmente de jóvenes, que les miran como modelos a imitar».

«Con su ejemplo –subrayó–, pueden transmitir mensajes de elevado valor humano y espiritual. Los comportamientos incorrectos, por el contrario, provocan efectos dañinos, que por desgracia se amplifican con una resonancia negativa imprevisible».

Por último, el Papa pidió para todos hinchas del Roma la protección de la Virgen, «Salud del Pueblo Romano», advocación con la que es venerada en la capilla de su Centro deportivo, para que les ayude «en el partido que dura toda la vida».

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ZENIT Staff

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