El Papa «la democracia no se impone ni se improvisa», exige «educación»

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Recibe al nuevo embajador de Croacia ante el Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, 15 dic 2000 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pidió esta mañana que «se asegure la libertad y la democracia de todas las naciones de Europa, ya sean grandes o pequeñas» al recibir al nuevo embajador de la República de Croacia ante el Vaticano.

«Este es el camino que lleva hacia un futuro de paz estable y de un auténtico desarrollo, en beneficio no sólo de Europa», aclaró el Santo Padre en su discurso pronunciado durante la ceremonia de presentación de cartas credenciales ante el embajador Franjo Zenko (Zagreb, 1931), un filósofo prestado a la política después de que su país proclamara su independencia en 1992.

«La democracia –recordó el Papa– no se impone ni se improvisa, al contrario, exige educación y apoyo. Esto requiere un crecimiento constante de la conciencia civil y social y una ininterrumpida participación de todos los componentes del país en la construcción del bien común, teniendo siempre presente la verdad sobre el hombre y la mujer creados por Dios a su imagen y semejanza».

Por eso, al dirigirse al representante de este país situado en la línea divisoria de Europa Oriental y Occidental, que en 1998 contaba con 4.671.584 de habitantes, el 76,5% católicos, Juan Pablo II consideró que «la democracia exige que las estructuras del Estado sean puestas al servicio de todos los ciudadanos, no sólo de algunos grupos y que se desarrolle un diálogo estable entre todos los componentes políticos y sociales en la búsqueda compartida del bien común en el respeto de todos y cada uno».

Según el obispo de Roma, «quien está llamado a servir la comunidad debe tener como referencia en toda circunstancia los principios éticos y las normas morales sobre las que debe apoyarse la sociedad».

Por último, el Papa confirmó que «la Iglesia, por su parte, permaneciendo en el ámbito que le compete, no dejará de ofrecer su contribución, especialmente dando testimonio de esos valores que por su naturaleza no están sometidos a la mutación de las circunstancias sociales e históricas, pues hunden sus raíces en la realidad misma del hombre».

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ZENIT Staff

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