Juan Pablo II: La sangre de Cristo, prenda de paz (también en Sri Lanka)

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Intervención ante los peregrinos antes de rezar el «Angelus»

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 julio 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II recordó este domingo, antes de rezar el «Angelus» con varios miles de peregrinos en la plaza de San Pedro del Vaticano, que el mes de julio está dedicado a la «contemplación del preciosísimo sangre de Cristo, misterio insondable de amor y de misericordia».

«Que la meditación del sacrificio del Señor –deseó–, prenda de esperanza y de paz para el mundo, aliente a construir la paz allí donde parece casi inalcanzable».

En concreto, el pontífice se refirió a Sri Lanka, donde los católicos se reunieron este domingo en el santuario de la Virgen de Madhu para implorar el final de la guerra que desangra al país desde hace casi veinte años.

Ofrecemos a continuación las palabras del Santo Padre.

* * *

¡Queridos hermanos y hermanas!

1. Comienza hoy el mes de julio, dedicado por la tradición popular a la contemplación de la preciosísima sangre de Cristo, misterio insondable de amor y de misericordia.

En la liturgia de hoy, el apóstol Pablo afirma en la Carta a los Gálatas que «Cristo nos ha liberado para que viviéramos en libertad» (Gálatas 5, 1). Esta libertad tiene un precio muy caro: la vida, la sangre del Redentor. ¡Sí! La sangre de Cristo es el precio que Dios ha pagado para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y de la muerte. La sangre de Cristo es la prueba inconfundible del amor del Padre celeste por todo hombre, sin excluir a nadie.

Todo esto fue subrayado con claridad por el beato Juan XXIII, devoto de la sangre del Señor desde su infancia, cuando en su familia escuchaba recitar las letanías especiales. Elegido Papa, escribió una carta apostólica para promover su culto («Inde a primis», 30 de junio de 1959), en la que invitaba a los fieles a meditar sobre el valor infinito de esa sangre, pues «una sola gota puede salvar a todo el mundo de toda culpa» (Himno «Adoro Te devote»).

2. Que la meditación del sacrificio del Señor, prenda de esperanza y de paz para el mundo, aliente a construir la paz allí donde parece casi inalcanzable. Hoy mi pensamiento se dirige de manera especial a Sri Lanka, donde con motivo de la fiesta de la Virgen de Madhu, la comunidad católica se reúne en oración en aquel famoso santuario para pedir el tan anhelado don de la paz. A las partes involucradas en el conflicto étnico, que desde hace casi veinte años ha sembrado violencia y terribles atrocidades en aquella querida nación, les cuesta encontrar el camino del diálogo y la reconciliación. La solución negociada es el único camino para afrontar las graves cuestiones que se encuentran en la base del presente conflicto.

3. Que María, Madre de aquel que con su sangre redimió al mundo, bendiga los esfuerzos perseverantes de quienes en Sri Lanka y por doquier promueven un clima de imparcialidad y de distensión, premisas indispensables para alcanzar la concordia y la paz.

[N.B.: Traducción del italiano realizada por Zenit]

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ZENIT Staff

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