Guinea Bissau: el primer obispo misionero de Brasil, nombrado obispo en África.

Entrevista a S.E. Mons. Carlos Pedro Zilli, PIME, Obispo de Bafatá

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Londrina (ZENIT.orgFIDES).- «¡Es el hijo que vuelve a casa!», con estas palabras los fieles de Bafatá, Guinea Bissau, acogieron la noticia de que el P. Carlos Pedro Zilli había sido nombrado primer Obispo de su nueva diócesis. P. Zilli, misionero del PIME (Pontificio Instituto Misiones Extranjeras), había pasado ya, en efecto, 14 años en Guinea Bissau (1985-1999), ocupando diversos cargos, entre otros vicario parroquial de Bufatá y Superior regional de su Instituto. Nacido en 1954 en el Estado de Sâo Paulo (Brasil), P. Zilli es el primer Obispo brasileño de un territorio de misión fuera de Brasil. En la vigilia de su ordenación episcopal, que se tendrá la tarde del 30 de junio en Londrina. La agencia Fides ha hecho algunas preguntas al primer Obispo de Bafatá:
¿Cómo han acogido en Guinea la creación de la nueva diócesis y su nombramiento?
Los fieles han acogido con alegría la noticia de que el Papa había decidido crear la nueva diócesis de Bafatá, signo de la atención y del amor del Papa Juan Pablo II a esa Iglesia. Cuando luego supieron que el primer Obispo sería yo, dijeron: «Es el hijo que vuelve a casa». Esto me ha causado mucho placer, porque quiere decir que conservan un buen recuerdo, que me recibirán bien, y esto es una buena base para la pastoral.
Ud. ya conoce bien la zona en la que trabajará, en su gran mayoría musulmana. ¿Cuáles son los aspectos principales que caracterizarán su labor pastoral?
Guinea Bissau es una nación pobre, empobrecida todavía más por la guerra de 1998. Hoy se habla mucho de reconstruir la persona, el corazón de las personas: la gente sufre psicológica y espiritualmente, no sólo por la pobreza. Es necesario promover la reconciliación y la paz. Bafatá es una región habitada por muchísimos musulmanes, por lo que se necesita el diálogo para trabajar juntos. Durante mi estancia allí mantuve una relación de amistad muy bella. Teníamos un cocinero musulmán que trabajaba para nosotros, una persona exquisita, a través de cual aprendí a conocer y a amar a los musulmanes. En todo caso, también los musulmanes aman a los misioneros. Sobre todo durante la guerra, constataron que la Iglesia ama a las personas, sin distinciones. En general, la relación es buena. No hay extremismos como en otros lugares. Ya hemos trabajado juntos en algunos proyectos sociales, en las escuelas, aunque en un estadio inicial. Alguno de los misioneros ha tenido una relación más profunda, sobre todo en el campo médico. Hay, pues, una buena base de partida que hay que desarrollar. Los cristianos son pocos y tienen que ser educados a dar testimonio sin temor, con alegría.
En el primer puesto de mi agenda de trabajo pongo la evangelización, después el trabajo por las vocaciones, la familia, el compromiso social, el diálogo, la inculturación, y muchas otras cosas que vendrán.
Su nombramiento es signo del incremento de la conciencia misionera de la Iglesia brasileña…
Mi archidiócesis de Londrina, en el Estado del Paraná, recibió en el pasado muchos misioneros, y aún continúa recibiendo. Tenemos todavía muchas necesidades, pero ahora también nosotros comenzamos a dar a la Iglesia sacerdotes y religiosas para las misiones y, ahora, un obispo que es el primer brasileño que va a trabajar como obispo fuera de Brasil. Es un signo muy importante del crecimiento de la Iglesia. Hemos optado por celebrar la ordenación episcopal en Brasil precisamente para manifestar este signo visible de misionariedad y de crecimiento de la Iglesia.
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ZENIT Staff

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