Vaticano: Combatir el hambre equilibrando oferta y demanda con solidaridad

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Intervención de la Santa Sede en la conferencia de la FAO

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ROMA, 8 noviembre 2001 (ZENIT.org).- La ley de la oferta y la demanda no puede ser la única regla en un campo tan decisivo como la alimentación, afirmó este miércoles la Santa Sede al intervenir en la XXXI Conferencia de la FAO.

En representación del Vaticano en la reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que se está celebrando del 2 al 13 de noviembre en la capital italiana, intervino el arzobispo Agostino Marchetto, quien acaba de ser nombrado secretario del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes.

«Tenemos que admitir que en todo el mundo la oferta y la demanda, incluso en lo que se refiere a los productos alimentarios, están privadas de toda referencia al principio de la solidaridad, ancladas en cambio en una «cultura del tener» y no en una ética de la solidaridad capaz de expresar el sentimiento de la hermandad y de la común pertenencia de cada Estado a la familia de los pueblos y de las naciones», constató Marchetto, hasta ahora observador permanente de la Santa Sede ante la FAO.

Para aclarar sus palabras, ilustró «los signos de grave preocupación que se registran en diversas áreas del planeta».

«Siendo honestos y sinceros –dijo el representante de la Santa Sede–, si se echa una mirada a las motivaciones que conforman la actual vida internacional, podemos ver en primer lugar intereses y deseos de atropello, prevalece el choque por encima de la cooperación».

«Por este motivo –constató–, los líderes abandonan las mesas de negociación y caen en el aislamiento, dejando sin responder las necesidades con eficacia y rapidez».

Para responder a las necesidades de los 815 millones de personas en el mundo que sufren desnutrición, según cálculos de la FAO, el arzobispo consideró que las soluciones no pueden ser sólo «opciones técnicas», sino que deben encontrarse «en cada uno de nosotros, respondiendo a la obligaciones contraídas con los demás, ya sea comunidad, Estado o nación».

El prelado concluyó diciendo que hoy día se debe volver a realizar el milagro evangélico de la multiplicación de los panes y peces, «comenzando en nuestros corazones: tenemos que estar dispuestos no sólo a compartir lo que tenemos, sino sobre todo a creer que nuestra donación a los demás es posible y justa».

«Esta actitud –propuso el prelado– debe convertirse en una política productiva de redistribución y de capacidad de compartir con el objetivo preciso de rearmonizar la relación entre necesidades alimenticias de toda la población (que aumenta) y la disponibilidad alimenticia, hoy por hoy globalmente suficiente, como podemos ver en los datos de la producción».

«De aquí se concluye que un nuevo orden, a pesar de los contrastes entre áreas en vías de desarrollo y desarrolladas, no sólo es una obligación sino incluso una realidad posible», afirmó Marchetto.

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ZENIT Staff

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