Histórico: Un cardenal rezará en el palacio real de Inglaterra

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Invitación sin precedentes de la Reina Isabel

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LONDRES, 5 diciembre 2001 (ZENIT.org).- La Reina de Inglaterra, máxima autoridad de la Iglesia anglicana, ha hecho un gesto sin precedentes de buena voluntad hacia la Iglesia católica en Inglaterra y Gales invitando a su máximo líder a rezar por la familia real en su palacio de Sandringham.

«La invitación al cardenal Cormac Murphy-O´Connor marca el final formal de 500 años de antagonismo y sospechas entre el monarca, como supremo gobernante de la Iglesia de Inglaterra, y la Iglesia católica», constataba este miércoles The Telegraph.

El cardenal Murphy-O´Connor será el primer arzobispo católico de Westminster huésped de la Reina en su estancia de Norfolk y rezará en el servicio dominical.

Se espera que el príncipe Felipe, la reina Isabel, la Reina Madre y otros miembros de la familia real estén presentes en Sandringham en el mismo fin de semana del 12 al 13 de enero

«El cardenal se siente muy honrado de la invitación de la Reina –dijo su portavoz este martes–. Es un ulterior signo de la propia determinación de la Reina para promover las relaciones ecuménicas dentro de la nación».

La invitación de la Reina al cardenal es la culminación de años de cuidadosa y gradual construcción de amistad entre enemigos históricos.

La rama de olivo ofrecida por la Reina en 1982 fue la invitación al Papa Juan Pablo II a Buckingham Palace. En noviembre de 1995, Isabel se convirtió en la primera monarca, desde los tiempo de los Estuardo, que tomó parte en una ceremonia católica, cuando asistió al rezo de vísperas en la catedral de Westminster.

La Reina era también admiradora del fallecido cardenal Basil Hume al que llamaba «mi cardenal». En 1999, cuando estaba enfermo de cáncer, le concedió la Orden del Mérito. El honor fue interpretado como un signo de su éxito en situar a la Iglesia católica en el corazón de la vida pública británica.

Un portavoz de Palacio ha reconocido el significado histórico de la invitación. «Entra dentro del espíritu de cooperación, unidad y amistad que Su Majestad ha siempre practicado. Es un signo de la época ecuménica en la que vivimos».

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ZENIT Staff

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