Juan Pablo II pone la paz del mundo en manos de María

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Homenaje en el día de la Inmaculada Concepción

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ROMA, 9 diciembre 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pronunció palabras preñadas de tristeza y preocupación al poner este 8 de diciembre la paz del mundo en manos de la Inmaculada Concepción.

«Nubes obscuras se condensan en el horizonte del mundo –constató–. La humanidad, que ha saludado con esperanza la aurora del tercer milenio, siente ahora que se abate sobre sí la amenaza de nuevos y desconcertantes conflictos».

Estas palabras del pontífice formaban parte de la conmovedora oración que pronunció de rodillas ante la histórica imagen de la Inmaculada Concepción, que se encuentra en la céntrica plaza de España, en Roma.

«La paz en el mundo se encuentra en peligro», constató el pontífice al dirigir su súplica a la Virgen. Por eso, añadió, «nosotros venimos ante ti, Virgen Inmaculada, para pedirte que obtengas, como Madre comprensiva y fuerte, que los espíritus, liberados del humo del odio, se abran al perdón recíproco, a la solidaridad constructiva y a la paz».

Las conmovedoras palabras del Papa Wojtyla fueron seguidas por más de diez mil personas, que participaron junto a las máximas autoridades del Ayuntamiento de la ciudad, en una ceremonia celebrada al aire libre en un sugerente atardecer romano.

Como respuesta a la grave situación actual, el pontífice propuso el compromiso cristiano como elemento de esperanza.

De este modo, dijo, la vida de «todo creyente, en las propias condiciones de vida» se convierte en un signo «para que todos vean con claridad que la fidelidad a Cristo cambia la existencia personal y plasma un futuro de paz, un porvenir mejor para todos».

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ZENIT Staff

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