Obispo católicos de América y Europa se unen desde Belén a Asís

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Rezan por la paz junto a los cristianos de Tierra Santa

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BELEN, 25 enero 2002 (ZENIT.org).- Delegaciones de las conferencias episcopales de Europa, Estados Unidos, Canadá y de la Asamblea de los ordinarios de Tierra Santa, se reunieron este jueves en oración para unirse a la Jornada de oración de Asís.

La concelebración eucarística tuvo lugar en Belén, en la iglesia de Santa Catalina, adyacente a la gruta de la Natividad, donde también se encuentra un convento franciscano.

Una coincidencia subrayada por el patriarca latino de Jerusalén, Michel Sabbah, y por el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Wilton Gregory, en un mensaje enviado al Papa.

«Rezamos –dice el mensaje– para que este día sea signo para todo el mundo de que la religión puede ser o debería ser fuente perenne de paz para todos los pueblos».

«Nos hemos encontrado en Jerusalén para reforzar los vínculos de solidaridad entre nuestras conferencias episcopales y la Iglesia y todos los pueblos de Tierra Santa», dice el documento.

Concluyó así el encuentro que del 21 al 24 de enero reunió en Jerusalén a diez obispos católicos de Canadá, Estados Unidos, Inglaterra y Gales, Alemania, Francia, Italia, Suiza y Escandinavia para estudiar la manera en que las comunidades católicas pueden ayudar a los cristianos en Tierra Santa, por invitación del patriarca Sabbah.

La iglesia de Santa Catalina estaba llena de fieles. Estaban presentes muchas religiosas, entre las que se podían ver a las de Santa Brígida, llegadas a Belén hace unas semanas.

Participaban también en la eucaristía los alumnos de las escuelas católicas de la ciudad, la alcaldesa Hanna Nasser, y algunas personalidades de la Autoridad Palestina.

El guardián del convento, el padre Johannes Simon, junto al delegado apostólico y nuncio Pietro Sambi, hizo referencia a la oración que se eleva por la llegada de la paz y la justicia en el mundo, «sobre todo en nuestro país tan lleno de sufrimiento y atormentado».

Recordó que «desde hace tiempo no hay peregrinos». Por eso, dirigiéndose de modo particular a los obispos europeos y americanos, confesó: «Vuestra presencia y oración es un consuelo. Y damos gracias a Dios por pertenecer a la comunidad de la Iglesia universal en la que no se olvida ni abandona a nadie».

En su homilía, el presidente de los obispos canadienses, Jacques Barthelet, relacionó el compromiso de los delegados de la religiones del mundo de no usar nunca el nombre de Dios para incitar al violencia con el pasaje de la carta a los Colosenses de la lectura de la misa: «Revestíos de sentimientos de misericordia, bondad, mansedumbre, paciencia. Por encima de todo esté el amor».

Por esta vía, dijo Berthelet, se construye la paz que Jesús nos ha dejado. «La paz –concluyó– es del orden de Dios y no podemos conocerla sin la ayuda y la fuerza de Dios. Dios nos ayudará pero nuestro corazón debe palpitar con el suyo».

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ZENIT Staff

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