Reflexiones de los obispos de Perú sobre la realidad nacional

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Mensaje al concluir la asamblea general

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LIMA, 28 enero 2002 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el mensaje que publicó el 25 de enero la Conferencia Episcopal Peruana al concluir su asamblea general, en el que hacen un análisis de la situación que atraviesa el país.

* * *

Los Obispos del Perú, reunidos en Asamblea General, saludamos a nuestros hermanos y hermanas del Perú. Desde la fe en Jesucristo y nuestra misión de pastores de la Iglesia, asumiendo la parte de responsabilidad que nos toca, queremos compartir con ustedes algunas reflexiones y compromisos sobre puntos importantes de nuestra realidad nacional:

1- Pobreza.- La pobreza afecta a más de la mitad de nuestra población. Se manifiesta especialmente en la deficiente alimentación, en la escasez de trabajo, en la falta de acceso a la salud y a una vivienda adecuada, en la carencia de otros servicios fundamentales o útiles. La pobreza ofende la dignidad humana y es una causa importante de malestar y violencia social. Entendemos que la situación económica nacional y el contexto internacional hacen difícil resolver este desafío, pero es una necesidad poner el máximo esfuerzo para superar la pobreza, generando fuentes de trabajo con la solidaridad de las instituciones y de todos los peruanos.

2- Educación.- No hay desarrollo auténtico sin una sólida educación. Se dan grandes diferencias en el país en cuanto al acceso y a la calidad de la educación: según las regiones del Perú y según los grupos humanos y geográficos. Es importante seguir trabajando en un proyecto educativo global y estable, que integre un proceso de formación inspirado en los valores humanos y cristianos. Se exige plena responsabilidad de la familia como primera escuela de formación, y de los docentes como sus colaboradores en el proceso educativo.

3- Debilitamiento de valores éticos y morales. – Los cambios que requiere hoy nuestra sociedad reclaman una alta calidad ética y moral. Nuestro país está sacudido fuertemente en este campo: la familia, los jóvenes, la administración pública y la de la justicia, los medios de comunicación social, … La corrupción es un síntoma de lo dicho. Asumir el desafío ético es fundamental para la regeneración moral de nuestra sociedad, que garantice la calidad del futuro de nuestro país.

4- Familia.- La familia es la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por primera vez los valores que les guiarán durante toda la vida. Pedimos a las autoridades que, en las leyes y las decisiones políticas, se fomente la estabilidad matrimonial, el respeto por la vida y la unión familiar.

5- Democracia.- En los actuales momentos, se están haciendo notables esfuerzos para fortalecer la democracia. No obstante, existe el peligro de que el individualismo, el protagonismo de algunos o los intereses de grupos predominen sobre el bien común, que debe ser siempre el fin y el criterio regulador de la vida política.

6- Pluralismo.- El pluralismo forma parte de la democracia y se manifiesta en la diversidad de opiniones, modos de vida, diversidad cultural y étnica, grupos sociales, partidos políticos, etc. Por esto, es necesario promover la participación responsable de las personas y grupos en las decisiones que afectan a la sociedad.

7- Autoridad constituida.- La autoridad y la ley civil son necesarias. Se debe obediencia a la autoridad legítimamente constituida, que debe estar al servicio de la justicia y de la auténtica democracia. Los ciudadanos tienen derecho a reclamos, que deben manifestarse de manera justa. Hay que respetar el Estado de derecho: los cauces democráticos, el orden público y los derechos de todos los ciudadanos.

Hacemos nuestro el interrogante del Papa en su Mensaje por la Paz , el 1 de enero pasado: «¿Cuál es el camino que conduce al pleno restablecimiento del orden moral y social?» El mismo Papa nos da la respuesta: la justicia y el perdón (no. 2).

1- Justicia.- «La verdadera paz es fruto de la justicia, que vela sobre el pleno respeto de derechos y deberes, y sobre la distribución ecuánime de beneficios y cargas(no. 3).» Derechos y deberes son inseparables, tanto los personales como los sociales, económicos y políticos.

2- Perdón.- «El perdón se opone al rencor y a la venganza, no a la justicia… Cura las heridas y restablece en profundidad las relaciones humanas truncadas.. Y no consiste en inhibirse ante las legítimas exigencias de reparación del orden violado…»(no. 3). El perdón no es impunidad. Es un reto comprender así la justicia y el perdón para lograr la verdadera reconciliación nacional.

3- Respeto mutuo, diálogo y acuerdo constructivo.- La justicia y el perdón son el camino para «llegar a una nueva era de respeto mutuo y acuerdo constructivo»(no. 11). A través del diálogo, se pueden superar las diferencias personales y/o grupales, y construir un Perú mejor para todos, eliminando las causas sociales y culturales que lo impiden. Hay que reforzar lo mucho que nos une, y trabajar por una mayor unión de todos los peruanos.

4- Esperanza.- Es verdad que hay todavía muchos problemas y males. Para superarlos, la Iglesia invita al compromiso serio y perseverante de todos en favor de la justicia y de la paz. Pero al mismo tiempo, nosotros pastores de la Iglesia, invitamos a vivir «la esperanza, fundada en la convicción de que el mal no tiene la última palabra en los avatares humanos… Toda la historia del mundo está siempre acompañada por la solicitud diligente y misericordiosa de Dios, que conoce el modo de llegar a los corazones más endurecidos y sacar también buenos frutos de un terreno árido y estéril» (no. 1).
Ayer, en Asís, el Papa Juan Pablo II y los representantes de las religiones del mundo han orado juntos por la paz. «El genuino sentimiento religioso es una fuente inagotable de respeto mutuo y de armonía entre los pueblos»(no. 14). Rogamos a Dios Padre todopoderoso, por intercesión de Santa María Reina de la Paz, que haga de nosotros instrumentos de su paz.

Los Obispos del Perú
Lima, 25 de enero de 2002
Fiesta de la Conversión de San Pablo

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ZENIT Staff

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