Siberia: El obispo expulsado predica a su fieles por teléfono

La ausencia de monseñor Mazur paraliza proyectos de ayuda

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MOSCU, 7 mayo 2002 (ZENIT.org).- El obispo católico de Irkutsk, monseñor Jerzy Mazur, al que las autoridades rusas impidieron el pasado 20 de abril volver a su diócesis, no ha interrumpido su contacto con sus fieles. Ahora pronuncia sus homilías por teléfono.

Desde Varsovia, donde se encuentra actualmente, participa en las ceremonias religiosas de la catedral de la Inmaculada Concepción en la ciudad siberiana, conectado en directo con sus fieles..

El domingo pasado los fieles pidieron escuchar a su obispo, cuyo sermón fue difundido mediante altavoces.

Mientras tanto la ausencia forzosa de monseñor Mazur empieza a tener consecuencias prácticas negativas. Se han interrumpido algunos proyectos de asistencia social que prometían dar buenos resultados.

En especial la diócesis católica había lanzado un programa de asistencia a los enfermos de cáncer y de tuberculosis, un programa que habría beneficiado a todos los habitantes de la región, una de las más pobres de Rusia.

También ha sido interrumpida, en espera de decisiones, la construcción de un centro de rehabilitación para la infancia.

Desde que se impidió el regreso del arzobispo en el aeropuerto de Moscú, grupos activistas ortodoxos en Irkutsk, según ha podido comprobar el corresponsal del diario Avvenire han colocado piquetes ante la catedral católica para protestar contra el «proselitismo» católico.

Otra acciones similares estaban previstas también para las próximos domingos pero el obispo ortodoxo de Irkutsk, Vadim Labeznyj, intervino desaconsejando tales iniciativas.

En una homilía pronunciada el pasado domingo (que para los ortodoxos era la Pascua según el calendario juliano) Labeznyj invitó a los fieles a no fomentar las discordias interconfesionales porque producen daño al cristianismo en su conjunto.

Tatjana Romantsova, de la Universidad de Irkutsk, que esta recogiendo materiales para un libro sobre la historia de la diócesis local ortodoxa, considera que los miedos de sus fieles hacia influencias externas han sido probablemente producidos por el aislamiento y los sufrimientos soportados durante el régimen soviético.

Tras la revolución fueron destruidas decenas de iglesias. En 1933, en la diócesis de Irkutsk quedaban sólo tres iglesias y 27 sacerdotes. En el periodo 1927-39 fueron condenados 115 sacerdotes de los cuales 98 fusilados. Todo esto, dice Romantsova, ha dejado en los fieles ortodoxos heridas espirituales difíciles de cicatrizar.

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ZENIT Staff

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