CIUDAD DEL VATICANO, 1 diciembre 2002 (ZENIT.org).- Dios es el único que puede sacar al hombre y la mujer de una vida mediocre y responder a sus preguntas fundamentales, aseguró Juan Pablo II en el primer domingo de Adviento, período de preparación a la Navidad.

Al encontrarse a mediodía con varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre recordó que «Dios es el futuro del hombre y del mundo».

«Si pierde el sentido de Dios --añadió--, la humanidad se cierra al futuro y pierde inevitablemente la perspectiva de su peregrinación en el tiempo. ¿Por qué nacer? ¿Por qué morir? ¿Por qué sacrificarse? ¿Por qué sufrir?»

«A estos interrogantes el Cristianismo ofrece una respuesta satisfactoria --constató el obispo de Roma--. Por este motivo, Cristo es la esperanza de la humanidad. Él es el auténtico sentido de nuestro presente, pues es nuestro futuro seguro».

El Santo Padre explicó que el Adviento «nos recuerda que Él vino, y también que vendrá. Y que la vida de los creyentes es una continua y vigilante espera de su venida».

«Del encuentro con Él [Cristo] y de la contemplación de su rostro surge ese vigor misionero que nos hace salir de la mediocridad cotidiana para ser valientes testigos suyos», insistió.

El pontífice concluyó invitando a meditar en estas realidades fundamentales de la mano de María en las próximas semanas, siguiendo los misterios gozosos del Rosario.