Preguntas tras el caso de la niña de 9 años que abortó en Nicaragua

Entrevista a la Psicóloga de la Casa Cuna Santa Isabel

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VALENCIA, 26 febrero 2003 (ZENIT.org).- La Casa Cuna Santa Isabel de Valencia saltó a la actualidad informativa la semana pasada, por el generoso ofrecimiento que hizo a la familia de la niña nicaragüense embarazada para que viniera a España.

La redacción de Zenit en España ha querido conocer la opinión de Pilar Muñoz, psicóloga de la Casa Cuna, quien nos ha hablado de su experiencia profesional humana con niñas y adolescentes embarazadas que deciden seguir con el embarazo.

Precisamente, una encuesta reciente del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que cuatro de cada diez adolescentes españolas de entre 15 y 19 años que estaban embarazadas optaron por el aborto durante el año 2000.

–¿Qué puede decirnos de los embarazos de niñas y adolescentes?

–Pilar Muñoz: En España cada vez hay más adolescentes embarazadas, esto demuestra que lamentablemente los medios de comunicación informan pero no forman. Los medios hablan constantemente de métodos anticonceptivos, sin embargo el número de embarazadas entre adolescentes sigue creciendo.

Muchas niñas que llegan a nosotros en estado de gestación ni siquiera sabían cómo ovulaban o cuando podían quedar embarazadas. Además los medios de comunicación bombardean con mensajes que animan a los jóvenes a vivir su libertad, pero nadie les dice que esa libertad será buena si les ayuda a ser personas, no se trata de «hacer sólo lo que te dé la gana». Muchos adolescentes no saben cómo utilizar la libertad, la inteligencia y la voluntad. No tienen sentido de la responsabilidad, y no conocen las consecuencias de lo que van a hacer.

–¿Cree que el aborto es una solución?

–Pilar Muñoz: El aborto es siempre un problema añadido. En un caso de violación con embarazo, por ejemplo, el mal de la agresión es manifiesto, pero el aborto es un mal añadido. El otro día me comentaban que en Nicaragua hay 3 violaciones cada 48 horas entre niñas y jóvenes.

Conocemos el caso de una niña de 10 años en Colombia que tuvo a su hijo y no le pasó absolutamente nada. La gente que no ha vivido de cerca estos casos habla «de boquilla», pero aquí podemos hablar de experiencias reales, de niñas embarazadas que tienen a sus hijos sin que les pase nada. Nunca sabremos lo que hubiera pasado a las jóvenes que abortan si hubieran dado a luz; lo que sí conocemos son las consecuencias que produce el aborto: desde trastornos en la alimentación (como bulimia y ansiedad), hasta alteraciones del sueño.

Algunas adolescentes nos han confesado en esta Casa que han soñado que el feto las acusaba. Se dice que estos problemas y otros más serios aparecen si se tiene al niño, pero es al revés.

Un médico de Navarra me ha comentado que muchas mujeres que ya se han practicado un aborto acuden una y otra vez a la consulta para preguntarle si pueden quedar embarazadas. El médico sostiene que esta insistencia es síntoma de un trastorno que necesita asistencia psiquiátrica y psicológica, y no ginecológica.

Es curioso que ninguna clínica abortiva haga un seguimiento de las pacientes después de abortar. El seguimiento de esas pacientes lo tienen que hacer luego los psiquiatras y los psicólogos.

La semana pasada el Defensor del Menor hacía en Madrid una propuesta a la familia de la menor nicaragüense para que viniera a España a abortar. Me pregunto a qué menor intentaba defender, si a la madre o al bebé. Una chica de 17 años que está aquí, nos contó que al conocer que podía estar embarazada acudió al Defensor de la Dona en Cataluña, pero allí en ningún momento contemplaron la posibilidad de que la chica quisiera tener a su hijo, le aconsejaron desde el principio abortar, y cuando la chica dijo que no quería abortar, que quería tener a su hijo, se limitaron a coger sus datos y no supieron ofrecerle ninguna ayuda.

Muchas mujeres que abortan tienen esa opción porque sus padres dijeron sí a sus vidas, pero esa anticipación en el tiempo no les da derecho a negar la existencia de sus hijos. No podemos negar a nadie la posibilidad de vivir. Ningún hombre tiene poder para decidir sobre la vida de los demás.

–¿Qué opinión le merecen expresiones como «con mi cuerpo puedo hacer lo que quiera»?

–Pilar Muñoz: En el caso del aborto esto es una mentira. La mano sí pertenece al cuerpo de la madre, pero no el niño. El cuerpo de la nave es como la incubadora o la nave que acoge a un astronauta y que les resultan necesarias para vivir. A nadie se le ocurriría decir una nave o una incubadora son propietarias de los seres que acogen.

–¿Cuál es el perfil de las mujeres embarazadas que acuden a la Casa Cuna?

–Pilar Muñoz: El número de adolescentes embarazadas entre 14 y 20 años va en aumento (una reciente estadística del Centro Superior de Investigaciones científicas CSIC lo confirma). La mayoría tienen una formación nula (no hablo de información sino de formación). No piensan que por acostarse una noche con un chico se van a quedar embarazadas, piensan que eso nunca les sucederá a ellas. Los medios hablan con un gran desconocimiento de estas situaciones. Una chica de 18 años que tenía ya un hijo creía que no podía volver a quedar embarazada por la sencilla razón de que su madre sólo la había tenido a ella. A estas chicas hay que informarles de cosas tan elementales como de que cada vez que ovulan pueden quedar embarazadas.

Esta Casa parece la ONU en pequeño, tenemos chicas de Rusia, de Lituania, Estonía, Rumanía, de América y de África. Las españolas pertenecen generalmente a familias de un nivel cultural bajo. Sean extranjeras o españolas, muchas de ellas no tienen ningún tipo de apoyo familiar y necesitan que les ayudemos para que puedan tener a sus hijos.

–¿Ha hablado con las residentes de la Casa Cuna del caso de la niña nicaragüense?

–Pilar Muñoz: Sí, les he trasladado todos los interrogantes que me han hecho a mí, y les he dicho que ellas tenían que contestar, que ellas eran las protagonistas. La mayoría cree que la adopción era una opción clarísima al aborto, que podía hacer felices a otros madres y padres. Una de ellas conocía el caso de una adolescente colombiana que había tenido a su hijo, y nos decía que el nacimiento había traído una gran alegría a ella y a sus amigas de la misma edad. Para muchas el aborto es un pensamiento inconcebible.

El otro día una chica rusa de 18 años, sin creencias religiosas y que ha había abortado una vez me confesaba que la hija que había tenido era «un regalo de Dios». Le habían dicho que no podría volver a tener hijos después del aborto, por eso insistía «ha nacido porque Dios ha querido». Muchas veces los embarazos inesperados o no queridos se convierten en hijos queridos que son el motor para madurar. Algunas chicas que antes sólo se preocupaban por ir a bailar, están ahora buscando un trabajo para poder criar a sus hijos. Muchas dicen después de tener el niño: «me ha ayudado a serenarme».

–¿Cuál es el problema de fondo de toda esta cuestión?

–Pilar Muñoz: Tenemos que preguntar a la Antropología. Si concebimos al hombre y a la mujer como un ser narcisista y materialista, sólo le daremos eso. En general a la base de las actitudes en los jóvenes hay una antropología inadecuada. Los padres creen que tienen que dar a sus hijos todo lo que piden, no se puede disgustarlos, ni negarles ningún placer. Pero en la educación la firmeza es necesaria junto al amor. Firmeza y amor. Si creo que «mi hijo no puede sufrir, y que tengo que darle un pastel cada vez que lo pida», estaré formando a un ser inseguro. En Estados Unidos ya hay colegios en los que se exige a los profesores la autoridad y la firmeza, sabiendo que son ingredientes necesarios en la educación.

–¿Es usted madre?

–Pilar Muñoz: Tengo tres hi
jos, sufrí un aborto espontáneo con el cuarto.

Tenía 45 años cuando quedé embarazada y también me propusieron abortar. Cuando acudí al médico y me confirmaron el embarazo, no oía más que porcentajes: «tiene el tanto por ciento de posibilidades de que su hijo tenga mongolismo, el tanto por ciento de que tenga alguna tara», lo único que se me ocurrió contestarles fue «¿pero, seguirá siendo mi hijo?».

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ZENIT Staff

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