Los Misterios Luminosos del Rosario puestos en escena

Una iniciativa de las hermanitas y hermanitos mendicantes de la Comunidad del Cordero

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BARCELONA, 18 marzo 2003 (ZENIT.org).- En la parroquia de Sant Jaume de Barcelona, el domingo 9 de marzo, las hermanitas y los hermanitos de la Comunidad del Cordero han puesto en escena los cinco nuevos misterios luminosos del Rosario.

La convicción de que el teatro es también una herramienta de evangelización, les ha llevado a lanzar la iniciativa. Antes del rezo de cada misterio, se representaba el pasaje de la vida de Cristo correspondiente. Muchas horas de ensayo, mucha ilusión y mucha fe hicieron posible este rosario viviente.

La Comunidad del Cordero es una Asociación Pública de Fieles. El grupo fundador (cinco hermanitas) pertenecía a una congregación dominica de vida apostólica. En 1983, con la bendición del obispo de Perpiñán, Monseñor Jean Chabbert, se erigió la Comunidad y el P. Vincent de Couesnongle O.P., entonces Maestro General de la Orden, la reconoció como «un retoño que nace del tronco de la Orden de Predicadores».

Desde 1996 el obispo responsable de la Comunidad es el cardenal Cristoph Shönborn, O.P. Hoy son casi cien hermanitas y 25 hermanitos esparcidos por Francia, Austria, Italia, Polonia, España, Argentina y Chile. Su presencia en España pasa por Barcelona (a donde llegaron en 1986) Valencia, Córdoba y Granada. Actualmente, siete hermanitas son catalanas.

Una de sus misiones habituales es salir por las calles de la ciudad de dos en dos a llamar a las puertas, para pedir pan y conversar con la gente que les recibe. Otras veces dos o tres de ellas van al comedor que las monjas de la Madre Teresa de Calcuta llevan en un edificio adosado a la Parroquia de Sant Jaume, y se sientan a comer junto a los pobres. Para viajar de una ciudad a otra, de un país a otro, o para ir de peregrinación (Roma, Fátima…) usan el autostop como medio de transporte. Para ellas, es siempre una misión.

La hermanita Christine, una del grupo fundador y responsable de las cuatro comunidades de España, y otras tres hermanitas de la comunidad de Barcelona han concedido una entrevista a Zenit.

–Un rosario rezado en comunidad y puesto en escena… ¿Cuál es la finalidad?

HERMANITA EMMANUELLE: Yo creo que la finalidad es anunciar el Reino de Dios que ya está entre nosotros. Buscamos que las personas puedan hacer la experiencia de que la Palabra de Dios es viva. Por eso lo propusimos de este modo, de entre los muchos modos que se podría haber hecho, para ayudar a la gente a entrar en el Misterio.

–¿Puede ser el teatro una herramienta eficaz de evangelización?

HERMANITA MARIE LAURE: Creemos que sí, porque nuestro teatro -lo que llamamos teatro del evangelio- no sólo es un teatro, sino que, justamente, proponemos a la gente entrar en la Palabra de Dios; y también es como un gran momento de oración. Queremos que la gente participe y entre en el Misterio. Y pensamos que sí, que puede tocar los corazones. Lo hemos visto, no sólo en los que vienen a verlo y que viven la experiencia de la presencia de Dios, sino también en los que actuamos. Esta vez hemos invitado a unos jóvenes y amigos para que actuaran en la obra y para ellos también fue una experiencia importante de descubrir más la Palabra de Dios y de hacer una experiencia de Dios. HERMANITA SARA: Entre los actores había varios jóvenes que ya han sufrido mucho en la vida, inmigrantes, enfermos de sida, pobres… Uno de los jóvenes nos comentó después que -mientras se representaba la Última Cena que terminaba con las palabras de Jesús: «en el mundo habéis de sufrir mucho, pero tened ánimo, yo he vencido al mundo»- sintió que su sufrimiento tenía un sentido junto a Dios. Y este joven, poniendo su experiencia de vida al servicio del Evangelio con todo su entusiasmo y su entrega, fue uno de los «pilares» de esta representación.

–¿A un mundo descreído y acelerado, se le puede proponer una oración como la del Rosario?

HERMANITA CHRISTINE: Yo creo que sí, precisamente porque este mundo va de prisa, corre y se distrae mucho con sus actividades de todas clases. A ese mundo le ayuda mucho el concentrar su atención, su corazón sobre todo, con el Rosario que es una oración muy sencilla a partir de unos misterios gozosos, dolorosos, de luz o gloriosos, apoyándose por ejemplo en algunos versículos del Evangelio y recitando el padrenuestro y las avemarías… A mí me parece una oración para el Pueblo de Dios que somos todos, muy accesible…, pobre y humilde, y que Dios escucha seguramente.

–¿Cómo ha acogido su Comunidad el documento «Rosarium Virginis Mariae» del Papa Juan Pablo II?

HERMANITA EMMANUELLE: Fue justamente este documento el que nos impulsó a hacer este teatro del evangelio sobre el rosario, porque vimos la importancia también de dar a conocer más la vida de Jesús, su vida misionera, cuando él comenzó su misión en el Bautismo y cómo la fue llevando a cabo.

–¿La propuesta del Papa en ese documento, de mirar a Cristo con los ojos de María, supone una innovación en el rezo del Rosario?

HERMANITA CHRISTINE: Sí, es una innovación que permite evitar la rutina si nos ponemos dentro del corazón de la Virgen María. Ella vio todos estos misterios. Los vivió en su alma, en su cuerpo, en todo su ser de Mujer, de Madre, de Esposa, de Hermana universal. Yo creo que si estoy en el corazón de María al rezar uno de los misterios, puedo mirar a Jesús, contemplarlo quizá con ojos más transparentes, más confiados, más profundos… Es decir, que cambia la mirada.

–¿Quiénes son las hermanitas y los hermanitos de la Comunidad del Cordero?

HERMANITA MARIE LAURE: Somos una comunidad dentro de la Orden de Santo Domingo que fue fundada en 1983. Este año celebramos los veinte años. Es una vida muy sencilla de oración; es decir, sobre todo contemplativa, y también con un acento muy fuerte de vida fraterna porque lo vivimos todo juntas: la misión, por ejemplo: siempre vamos de dos en dos o de tres en tres. Y buscamos vivir en medio de los más pobres en las ciudades grandes en general para vivir simplemente una presencia de amistad y de oración con los más pobres…

HERMANITA CHRISTINE: Desde los pobres también podemos ir al mundo entero, a los ricos, a todos. Podemos hacer de puente entre grupos distintos que se ignoran mutuamente. Nuestra vocación, gracias a Dios –no la hemos elegido– es muy universal. Pero siempre sabiendo que Jesús de modo privilegiado se acercó a los pobres de su época y que Él mismo se hizo pobre, muy pobre. El nombre que llevamos (Comunidad del Cordero) expresa lo más esencial de nuestra vocación: contemplar a Jesús, Cordero inocente, entregado, vencedor del odio y de la muerte, e intentar seguirle amando y perdonando hasta la muerte.

–¿Quiénes pueden estar siendo llamadas por Dios a formar parte de su Comunidad?

HERMANITA EMMANUELLE: Todas las que Dios quiera…

HERMANITA MARIE LAURE: Sí, vemos que el Señor nos llama por medios muy distintos. Algunas nos conocieron porque dimos un testimonio en su grupo de jóvenes o en su parroquia. Otras vienen fielmente a la «Escuela de la Palabra» (cada semana, nos reunimos con jóvenes y adultos para compartir nuestra experiencia de la Palabra de Dios: el Evangelio del domingo siguiente) o a la Liturgia… Pero, por ejemplo, hay una hermanita que nos conoció porque su padre cogió en autostop a tres hermanitos; este señor hizo todo un viaje con ellos, compartió, y después habló de ellos a su hija que nos vino a conocer y… ahora es hermanita.

HERMANITA EMMANUELLE: En otra ocasión, unas hermanitas estaban pidiendo pan en una ciudad y dos jóvenes las invitaron a entrar en su casa, hicieron una amistad y después de unos meses una de ellas vino a un campamento de verano y ahí sintió esta llamada del Señor y pidió entrar en la Comunidad.


–¿Cuál ha sido su experiencia en una de esas peregrinaciones largas que organizan?

HERMANITA MARIE LAURE: En el año del Jubileo, cuando era la Jornada Mundial de la Juventud en Roma, propusimos a jóvenes que conocíamos (franceses y
españoles) y a otro grupo desde Viena (austriacos y polacos) hacer una ruta, porque había muchos jóvenes que querían experimentar nuestra vida de abandono a la Providencia. Entonces nos fuimos de tres en tres en autostop. Con el alojamiento previsto, pero cada grupito tenía que hacer autostop y pedir también la comida a medio día y traer algo para la noche para compartirlo todos juntos. E hicimos este camino, también pasando por lugares como Boloña (donde celebramos a Santo Domingo), Siena, también Gubbio (Asís)… Éramos ochenta en total haciendo este camino, y vimos que la experiencia de la mendicidad y del abandono a la Providencia son una experiencia muy fuerte para los jóvenes.

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ZENIT Staff

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