Juan Pablo II: Claves para que los medios de comunicación sean armas de paz

Discurso a la Asamblea del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales

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CIUDAD DEL VATICANO, 25 marzo 2003 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que Juan Pablo II pronunció este martes en el Vaticano al encontrarse con los participantes en la Asamblea plenaria anual del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.

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Eminencias,
excelencias,
queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Me siento feliz de dirigirme a vosotros miembros, consultores, equipo y expertos del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, al reuniros con motivo de vuestra asamblea plenaria. De hecho, es significativo que vuestro encuentro tenga lugar durante la semana en la que la Iglesia celebra la solemnidad de la Anunciación, cuando la buena noticia de la salvación en Jesucristo fue anunciada por el Ángel Gabriel a María. Esta buena noticia debe ser compartida por todos los pueblos de todos los tiempos y lugares, y es vuestro deber preciso hacerla más efectivamente presente en el mundo de los medios. Os doy las gracias por vuestro compromiso en este sentido y os aliento para que perseveréis en él.

No hay duda de que los medios de comunicación ejercen en la actualidad una influencia poderosa y vasta, formando e informando a la opinión pública a escala local, nacional y mundial. Cuando reflexionamos sobre este aspecto nos viene a la mente un pasaje de la carta de San Pablo a los Efesios: «Hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros» (4, 25). Estas palabras del apóstol constituyen un válido resumen de lo que deben ser los dos objetivos básicos de las modernas comunicaciones sociales: difundir cada vez más la verdad e incrementar la solidaridad dentro de la familia humana.

Hace cuarenta años, mi predecesor el beato Papa Juan XXIII tenía algo parecido en la mente cuando, en su encíclica «Pacem in Terris», hizo un llamamiento a favor de la «corrección y la imparcialidad» en el uso de las «herramientas para la promoción y la difusión de la comprensión mutua entre las naciones». (N. 90) Yo mismo he tomado este mismo tema en mi reciente mensaje con motivo de la trigesimoséptima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 1 de junio de 2003. En ese mensaje, afirmaba que «la exigencia moral fundamental de toda comunicación es el respeto y el servicio a la verdad». Después explicaba: «La libertad de buscar y decir la verdad es un elemento esencial de la comunicación humana, no sólo en relación con los hechos y la información, sino también y especialmente sobre la naturaleza y destino de la persona humana, respecto a la sociedad y el bien común, respecto a nuestra relación con Dios» (No. 3).

De hecho la verdad y la solidaridad son dos de los medios más eficaces para superar el odio, resolver los conflictos y eliminar la violencia. Son también indispensables para restablecer y reforzar los lazos mutuos de comprensión, confianza y compasión que unen a todos los individuos, pueblos y naciones, cualquiera que sea su origen étnico o cultural. En breve, la verdad y la solidaridad son necesarias si queremos que la humanidad consiga construir una cultura de la vida, una civilización del amor, un mundo de paz.

Este es el desafío que tienen que afrontar los hombres y mujeres de los medios de comunicación, y vuestro Consejo tiene la tarea de asistirles y guiarles a responder positiva y efectivamente a esta obligación. Rezo para que vuestros esfuerzos en este sentido sigan dando mucho fruto. Durante este Año del Rosario, os encomiendo a la amada intercesión de la Virgen María: que su respuesta llena de fe al ángel, que dio al mundo a su Salvador, sirva de modelo para nuestra propia proclamación del mensaje salvador de su Hijo. Como prenda de gracia y fuerza en la Palabra hecha carne, os imparto cordialmente mi bendición apostólica.

[Traducción del original inglés realizada por Zenit]

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ZENIT Staff

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