La leprosería de Ngai-Sai, una «Puerta del Cielo» en China

Testimonio de la hermana Marina Martínez con ocasión del Día Mundial contra la Lepra

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MADRID, viernes, 23 enero 2004 (ZENIT.orgVeritas).- El próximo domingo 25 de enero se celebrará el Día Mundial contra la Lepra, una enfermedad de la que todavía en el 2002 según el informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) al inicio de 2003 se registraron 620.000 nuevos casos.

El presidente del Consejo Pontificio de Pastoral de la Salud, el cardenal Javier Lozano Barragán, ha recordado en el mensaje escrito con ocasión de la 51 Jornada Mundial de la Lepra la acción de la Iglesia con los leprosos, que tiene su raíz en la atención que les dispensó el propio Señor Jesucristo, y que han imitado santos como san Francisco y el Beato Damián, y cuyo senda ha seguido el propio Juan Pablo II, por ejemplo en su visita a la Leprosería de San Lázaro en Cuba.

La hermana Marina Clara Martínez, religiosa de la Congregación de Hermanas
de la Caridad de Santa Ana, es una de las misioneras de la Iglesia que ha entregado su vida al servicio de los enfermos de Hansen. Desde 1997, su trabajo en China ha consistido en prestar atención sanitaria y espiritual a los leprosos.

A su paso por España, invitada por la Fundación Fontilles, la hermana ha ofrecido el testimonio de los logros conseguidos en China a favor de la dignidad de las personas afectadas por esta enfermedad, que todavía sigue siendo temida y estigmatizada.

La hermana relató el progreso que la leprosería de la isla de Tai-Kam consiguió gracias al trabajo del sacerdote Luis Ruiz Suárez, que consiguió que las autoridades chinas autorizaran la presencia de las hermanas de la Caridad de Santa Ana en la isla para cuidar de los leprosos.

La religiosa describió así la situación a su llegada a la isla en 1997: «Nos fuimos acercando a cada enfermo, uno por uno, con paciencia casi infinita,
escuchando, tratando de llegar a sus sentimientos… La situación era caótica,
no se podía vivir en más miseria, cuerpos malolientes, no solo por la falta
de higiene que ya era total, sino por las úlceras necrosadas que tenían la
mayoría, incluso mordidos por las ratas, en su impotencia para sacudírselas».

Sin embargo, el trabajo del padre Luis y las hermanas, apoyadas desde España por la Fundación Fontilles, consiguió que la situación hubiera cambiado radicalmente en pocos años. Pabellones, baños, dispensarios sanitarios, agua y luz, incluso un «taller de ortopedia para hacer prótesis y zapatos de acuerdo con las deformaciones» de cada enfermo, devolvieron la dignidad a los afectados.

En opinión de la hermana Marina, el mayor logro, aparte del sanitario y la reconstrucción, «ha sido la puerta que se ha abierto a la vida religiosa en China, que vivía y trabajaba de forma totalmente clandestina, incluso perseguida».

«Pronto, recibiríamos en el seno de nuestra comunidad, a grupos de religiosas nativas, invitadas por el padre Luis e interesadas en este proyecto de servicio a los enfermos de Hansen. Hoy son 14 grupos de religiosas, en diversos centros, muchos de ellos de difícil acceso, que sólo el espíritu de sacrificio de estas pioneras podía hacer realidad entre los más pobres de los pobres, cambiando totalmente su forma de vivir, con el cariño y atención que les dan», añadió.

Desde el 2002, la religiosa trabaja en el «Hogar Puerta del Cielo», en las montañas de Ngai-Sai, que alberga a 140 enfermos de Hansen, y que dirige actualmente el padre Roberto Tonetto.

Por otra parte, y respecto a las relaciones con el gobierno chino, la hermana dijo que se «están dando pasos insospechados unos años atrás». Según la religiosa, se ha pasado de la imposibilidad de llevar a ningún enfermo hanseniano a un hospital público «a firmar contratos con uno de los mejores hospitales de la región, donde son admitidos para cualquier servicio que necesiten, con un descuento de un 30 % y muchos beneficios».

La hermana explicó que «el centro de Ngai-Sai se ha convertido en centro piloto de otros 40 leprosarios más de Cantón, en el sur de China».

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ZENIT Staff

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