El materialismo reclama del sacerdote el anuncio de la presencia amorosa de Dios

Afirma el cardenal Renato Martino en el Colegio Portugués de Roma

Share this Entry

ROMA, miércoles, 11 febrero 2004 (ZENIT.org).- En un mundo «enfermo de materialismo», el sacerdote está llamado «a anunciar con renovado impulso la verdad consoladora de la presencia amorosa de Dios en la historia humana», advirtió este miércoles el cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz.

Durante la homilía de la Eucaristía que celebró en el Colegio Portugués de Roma –con ocasión del 150º aniversario de la aparición de la Virgen en Lourdes–, el purpurado denuncio las consecuencias negativas que padece el mundo cuando cede a la tentación del materialismo.

«Idolatría del dinero, culto del cuerpo, desprecio de la vida humana, búsqueda desenfrenada del placer, desinterés hacia los demás», enumeró.

«En este mundo enfermo de materialismo –subrayó el purpurado–, los sacerdotes están llamados a anunciar con renovado impulso la verdad consoladora de la presencia amorosa de Dios en la historia humana».

Y es que Dios está presente «en la historia de los hambrientos y de los oprimidos, de los marginados, que se saben amados por Él y vuelven a encontrar en Él valor, dignidad y esperanza».

Pero también está presente «en la historia de los opresores, de los hombres ahítos de todo, que no escapan al juicio de Dios y también son invitados a la conversión, a la justicia, a compartir los bienes».

En síntesis, «Dios está presente en la historia de los responsables y de las víctimas de la civilización de consumo que se difunde: quiere liberar al hombre de la esclavitud de las cosas y ponerle incesantemente en el camino del amor –de Dios y de los hermanos— con espíritu de pureza, de pobreza y de sencillez».

El cardenal Martino concluyó recordando la exhortación de San Bernardo: «Respice Stellam, voca Mariam… [Mira la estrella, llama a María]… Tras Ella no te extravías, rogándole no desesperas, pensando en Ella no te equivocas. Si Ella te sostiene, no caes; si Ella te protege, no temes; si Ella de guía, no te cansas; si Ella te asiste, llegas a la meta».

Share this Entry

ZENIT Staff

Apoye a ZENIT

Si este artículo le ha gustado puede apoyar a ZENIT con una donación

console.log("Prueba")