El Papa pide que la Cuaresma sea una «carrera de solidaridad» con los niños

Fruto del «compromiso en el camino espiritual»

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 29 febrero 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pidió este domingo que la Cuaresma que acaba de comenzar la Iglesia, tiempo de «compromiso espiritual», se convierta en una «carrera de generosidad» hacia los niños.

Fue la invitación que lanzó el pontífice este domingo en la meditación que pronunció a mediodía, antes de rezar la oración mariana del «Angelus» junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, en la que reflexionó sobre estos cuarenta días de preparación a la Pascua que comenzaron el pasado Miércoles de Ceniza.

Ante todo, el Papa comenzó reflexionando sobre el Evangelio de la liturgia del día, las tentaciones de Cristo en el desierto, para recordar el sentido de la ascesis cuaresmal.

«La victoria de Jesus sobre el maligno nos asegura que no sucumbiremos en el momento de la prueba, si permanecemos unidos al Señor», aclaró.

«En esta perspectiva –subrayó–, la Cuaresma nos invita a un particular compromiso en el camino espiritual».

Aclarado el sentido de este período litúrgico, el obispo de Roma recordó que con motivo de la Cuaresma 2004 ha enviado un Mensaje en el que pide que los frutos de las renuncias y sacrificios de los cristianos en estos días se dirijan a ayudar a los niños.

«Con frecuencia son víctimas inocentes de la malicia de los hombres», reconoció el Santo Padre.

El mensaje pontificio cuaresmal constituye una denuncia de las heridas actuales de la infancia, como «abusos sexuales, instigación a la prostitución, al tráfico y uso de drogas, niños obligados a trabajar, enrolados para combatir, inocentes marcados para siempre por la disgregación familiar, niños pequeños víctimas del infame tráfico de órganos y personas».

«¿Y qué decir de la tragedia del SIDA?», seguía preguntándose el Santo Padre.

El Santo Padre aseguró que la Iglesia presta «una particular atención» a los niños «porque el mismo Cristo nos dice que «el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe»».

«Que este período del año litúrgico se transforme en una generosa carrera de solidaridad hacia los más pequeños, especialmente aquellos que se encuentran ante los más graves peligros y dificultades», concluyó.

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ZENIT Staff

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