Los católicos en Estados Unidos se han quedado políticamente sin hogar

Ray Flynn analiza el caso de las propuestas de matrimonio homosexual

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BOSTON, domingo, 23 mayo 2004 (ZENIT.org).- Ray Flynn considera que los jóvenes católicos tienen la posibilidad de cambiar las cosas en una nación que trata de superar desafíos como el que plantea el «matrimonio» del mismo sexo.

Por este motivo, el antiguo alcalde de Boston (por las filas del Partido Demócrata) y antiguo embajador de Estados Unidos ante el Vaticano, se ha convertido en presidente de «Your Catholic Voice», organización de trasfondo y política católicas.

Flynn explica en esta entrevista concedida a ZENIT por qué es necesario que los católicos exijan respeto por sus valores y que se impliquen políticamente.

–El debate sobre el matrimonio del mismo sexo parece haberse desatado en Massachussets, luego en San Francisco y posteriormente en otros lugares de los Estados Unidos. ¿Es esto parte de un proceso natural y democrático o los activistas están dando el asalto final?

–Flynn: Para quienes seguimos y entendemos lo que hoy en día está ocurriendo en política en nuestro país, no nos ha sorprendido el tema de los matrimonios del mismo sexo que tan repentinamente ha entrado en la escena nacional.

Como en el tema del aborto a principios de los setenta, las feministas radicales y los activistas liberales han logrado implicarse más y más en el proceso político, mientras que cada vez menos católicos tradicionales han prestado atención a lo que estaba sucediendo en Washington.

Como recuerda el dicho, todo lo que necesita el mal para prevalecer es que la gente buena no haga nada. Los católicos pensaron que tenían poder en Estados Unidos, así que se sentaron detrás y no hicieron nada. En lugar de asistir a reuniones cívicas y de la iglesia, se fueron de compras a centros comerciales y se pusieron a ver los acontecimientos deportivos en televisión.

Incluso los líderes de la Iglesia cayeron en la trampa de la apatía política. Cuando han empezado a ver que la asistencia caía y que el clima político y moral estaba cambiando dramáticamente, ya era demasiado tarde para hacer algo.

Siendo absolutamente franco, la mayoría de nuestros líderes eclesiásticos no han tenido experiencia o no han comprendido cómo tratar a los medios de comunicación, que cada vez son más influyentes y poderosos, por lo que no han sabido cómo responder o qué hacer. No es todo culpa suya. Ésta ha sido una nueva etapa y no la razón que buscaban de servir a Dios y a nuestra Iglesia. Pero ciertamente algo que deberían comenzar a tratar hoy desde una base profesional, si son inteligentes.

¿Están dando estos activistas liberales el asalto final? Es fácil darlo cuando nadie está prestando atención. Ni siquiera tenemos un solo jugador en el campo. Los católicos se han convertido en espectadores de la política estadounidense, no en jugadores activos.

–¿Qué está en juego con el así llamado matrimonio del mismo sexo? ¿Cuáles son las consecuencias en el ámbito social, económico y moral?

–Flynn: Políticamente ocurrirán dos cosas: Los católicos dirán: «No se puede hacer nada. Así son las cosas». O los católicos dirán: «¿Qué está ocurriendo en los Estados Unidos? ¿Cómo es posible que a instituciones tan positivas como la familia y la educación de los hijos les haya ido tan mal?».

Si la gente toma el primer desvío, prepárese para ser gobernado por políticos, cuya meta es lograr ser elegidos a cualquier precio, independientemente de lo que signifique para el país a nivel moral y ético. Si los católicos dicen: «Estoy cansado de todo esto», entonces podemos ser capaces de cambiar las cosas.

Debemos recordar que los políticos son buenos a la hora de saber cuál es la postura de la gente sobre las cosas. Son veletas humanas. Si descubren en qué dirección se dirige usted, correrán hasta la cabeza del desfile. Pero sólo lo harán si usted les deja saber en qué dirección irá.

–¿Es éste un tema que a la larga dividirá el país, como el aborto? ¿O logrará unir a la gente para defender el matrimonio?

–Flynn: Para gran sorpresa mía, los adultos jóvenes se están implicando más de lo que hasta ahora había podido ver. Lo he visto en San Francisco, Boston y otras ciudades a lo largo de Estados Unidos.

También lo veo en los campus universitarios –como en Harvard y en la Universidad de San Francisco–. Sorprende verdaderamente el sentido de compromiso que tienen estos jóvenes hombres y mujeres católicos.

Son jóvenes que han sido influidos positivamente por el liderazgo moral del Papa Juan Pablo II y no tienen miedo a implicarse. Se está construyendo un movimiento positivo de jóvenes católicos no sólo en Estados Unidos, sino en muchas partes del mundo. Personalmente he visto el impacto que el Papa Juan Pablo II ha tenido sobre los jóvenes en mis muchos viajes con él durante años.

–¿Cómo ve usted la respuesta de los políticos católicos en general?

–Flynn: La mayoría de los políticos católicos están asustados con este tema. Simplemente no quieren ser considerados intolerantes y contrarios a los derechos civiles de nadie.

La comunidad gay y lesbiana es uno de los grupos especiales de interés más influyentes políticamente y mejor financiados hoy en día en los Estados Unidos. Los funcionarios elegidos se sienten intimidados por ellos y están poco dispuestos a oponerse públicamente a esta legislación, incluso si es contraria a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia católica.

Tras el escándalo de los abusos sexuales del clero, los líderes de la Iglesia han estado poco dispuestos a hablar con demasiada firmeza para no ser etiquetados de fanáticos y homófobos. Es también una cuerda floja delicada en la que hay que andar, dada la histórica oposición de la Iglesia a cualquier forma de discriminación.

Los católicos no quieren ser llamados fanáticos, aunque no sea verdad. Es más fácil no decir nada y no implicarse.

Los medios también tienen miedo o no quieren oponerse a la poderosa comunidad gay. Algunos funcionarios católicos elegidos me han asegurado personalmente que si votan en contra de la legalización de los matrimonios del mismo sexo y las uniones civiles, el bien organizado movimiento de derechos gays –con el apoyo de los medios liberales– ayudarán a derrotarlos en las siguientes elecciones. Estos funcionarios elegidos no están acostumbrados a este tipo de lobbies con tanta fuerza.

Los católicos deben empezar a darse cuenta que nuestra Iglesia tiene algunos enemigos poderosos. Ya no se exhiben en los edificios céntricos de oficinas aquellos rótulos para buscar empleados de «Se necesita Ayuda» en los que se leía «no se necesitan trabajadores católicos», y ya no se incendian como en otras épocas los conventos e iglesias. Pero una forma más sutil de fanatismo anticatólico está entre nosotros en los Estados Unidos hoy en día como todavía está entre nosotros el sentimiento anti-inmigrante.

Los políticos católicos sienten que deben comprometer sus principios y valores católicos para avanzar. La forma popular al uso para funcionarios católicos elegidos sobre temas como el aborto o el matrimonio del mismo sexo es: «Yo personalmente me opongo, pero no quiero imponer mis propios valores y creencias a otras personas». Asombrosamente, esto se ha convertido en la respuesta política que satisface tanto a los votantes católicos como a quienes se oponen a la enseñanza de la Iglesia.

De manera trágica, esta estrategia política es incluso apoyada por algunos eclesiásticos, teólogos, académicos y periodistas que se identifican a sí mismos como católicos progresistas.

La jerarquía eclesiástica tiene un gran problema entre manos con los funcionarios católicos elegidos. Hasta ahora no han querido abordar el problema de frente. Hasta que lo hagan, los políticos católicos harán lo que les result
e más natural –perseguir votos–. Esto se llama oportunismo, pero también podría ser llamado con toda facilidad gobierno de intereses especiales. Los líderes de la Iglesia no pueden ignorar más este problema. Deben establecer una política clara o perderán credibilidad.

–Su partido, el de los demócratas, se ha desplazado en su conjunto hacia la izquierda, desde finales de los sesenta, abrazando el aborto, por ejemplo. ¿Puede un católico practicante encontrar un lugar y una voz en el actual Partido Demócrata?

–Flynn: No, a menos que los votantes católicos decidan implicarse políticamente de nuevo.

Los católicos en Estados Unidos se han visto políticamente sin hogar. Ni el Partido Demócrata ni el Partido Republicano representan los valores y principios de la fe católica. Hace tiempo, el Partido Demócrata luchó por la justicia social y económica y fue el partido de las familias católicas de la clase obrera.

Hoy en día, el Partido Demócrata está controlado por ricos activistas de izquierda cuya agenda política extremista excluye, en su mayor parte, a los católicos americanos leales, fieles y patrióticos.

Estos activistas políticos que ahora controlan el proceso de nominación han forzado a los políticos católicos a cambiar sus posturas sobre temas clave de moral y política para ser reconocidos o apreciados en la organización del partido.

Pero esto no ocurre sólo en el Partido Demócrata. El Partido Republicano tampoco ha querido dar un lugar en la mesa a los estadounidenses de la clase obrera.

Cuando era alcalde de Boston, un periodista me llamó el «Lech Walesa» de la política de Boston. También me llamaron el demócrata de Juan Pablo II. Sería muy malo que tuvieran que irse hasta Polonia o hasta el Vaticano para darse cuenta de cuántos millones de católicos americanos se sienten hoy como yo.

¿No sería hermoso volver a oír aquella voz de justicia social y económica en el Partido Demócrata? Hasta ahora, el Partido Demócrata no ha mostrado ninguna posibilidad a los católicos que creen en los valores y principios de su fe.

Quizá debieran levantar una gran pancarta a las puertas de la Convención Nacional Demócrata –que se reunirá en julio– que dijera: «Ningún político católico que apoye los valores y principios católicos será bienvenido». Quizás los demócratas podrían prestar el mismo eslogan a los republicanos cuando tenga lugar su convención en la ciudad de Nueva York a finales del verano.

–Tiene usted una reputación de político de éxito. Pero usted también es bien conocido por defender sus valores católicos incluso cuando le cuestan apoyos. ¿Pueden los políticos católicos de hoy y del futuro tener éxito político sin comprometer sus principios?

–Flynn: Será difícil para un demócrata porque las cartas que se han repartido están en contra de católicos como yo que están a favor de la vida, a favor de la familia, a favor de los pobres, a favor de los derechos humanos. Esas son las malas noticias.

Las buenas noticias son que hay un montón de votantes que piensan igual ahí fuera, pero ningún partido parece interesarles llevando a cabo un programa que les agrade.

Como he dicho a menudo, «nosotros no hemos dejado el Partido Demócrata, fue él el que nos dejó a nosotros». Esto es por lo que hoy muchos católicos se sienten políticamente sin hogar en este país. Pero no vamos a votar a los republicanos sólo porque no son demócratas.

–El Partido Demócrata fue tradicionalmente el partido de muchos católicos. ¿Se puede volver a aquella época?

–Flynn: Sí, pero es obvio que costará mucho trabajo, coraje y sacrificio que en el Partido Demócrata se respete a los católicos de nuevo. La primera cosa que muchísimos católicos dicen es: «No voy a ir donde no soy querido ni bienvenido. No hay respeto, no hay voto». Los votantes católicos deberían enviar este mensaje a sus funcionarios demócratas elegidos de hoy.

También pueden enviar un mensaje a los medios para hacerles saber su frustración con el Partido Demócrata y los políticos en general. Díganles que no pararán y que están luchando por el respeto a sus valores –igual que hicieron sus padres, abuelos y bisabuelos inmigrantes cuando llegaron a este país–.

Comunique mi mensaje al menos a 10 miembros de su familia y de sus amigos. Anime a su obispo y pastor a que hable de manera más abierta sobre temas cívicos que son importantes no sólo para nuestros valores y principios católicos, sino para la estabilidad e integridad de nuestra gran nación. No deberíamos dejar ninguna silla de atrás para nadie.

Cambie sus fuentes mediáticas si continúan menospreciando sus valores y principios. Apoye a la prensa que presenta su punto de vista y ofrece una cobertura justa y equilibrada.

No esperamos una atención especial, pero no podemos seguir aguantando una cobertura de segunda clase. Somos ciudadanos trabajadores, patriotas, observantes de la ley que están cansados de que se les ignore y se les tome por entregados políticamente. Si los líderes de la Iglesia no quieren guiarnos fuera de este malestar político, necesitamos encontrar y reclutar a laicos católicos políticamente preparados y efectivos para que hablen por nosotros en la arena cívica.

Algunos católicos dirán: «Rezaré por ustedes». Esto ciertamente es muy importante, pero en política, son igual de importantes la organización, el dinero y los medios de comunicación. Hay áreas en las que cada uno de nosotros puede marcar la diferencia a la hora de ayudar a construir un país mejor y una Iglesia más fuerte.

Lo más importante que hay que recordar de todo esto es: nuestra fe católica no es demócrata ni republicana, liberal o conservadora, sino católica.

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ZENIT Staff

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