Enviado papal a República Dominicana y Haití: Una catástrofe previsible

Monseñor Cordes revela detalles de su visita a La Española tras las inundaciones

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 9 julio 2004 (ZENIT.org).- A su regreso de República Dominicana y Haití, tras haber visitado a las poblaciones afectadas por las catastróficas lluvias, el enviado papal reconoce: «ha sido una tragedia previsible».

El arzobispo Paul J. Cordes, presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», ha visitado la isla de La Española tras las inundaciones de finales de mayo en las que perdieron al vida más de dos mil personas y decenas de miles perdieron su casa.

«Estas catástrofes se podían prever ya desde antes –reconoce el arzobispo Cordes en declaraciones a Zenit–. Por eso, mi visita ha sido un llamamiento a los políticos para que se ocupen de la situación de las zonas en las que suceden periódicamente estas desgracias».

«El problema está en que los responsables políticos no se interesan en estas zonas más alejadas, pues no atraen muchos votos», señala.

Por lo que se refiere a su primera etapa, la República Dominicana, el arzobispo alemán cuenta que «en Jimaní, el párroco, agotado después de un esfuerzo inmenso, se lamentaba mucho de que incluso los delegados en el parlamento de Jimaní no hacen nada para proteger a la gente de estas inundaciones».

Tanto en la República Dominicana como Haití, aclara, «las fuerzas del orden político no protegen a la gente, pues atienden más a las zonas donde la población es más numerosa».

«En Monte Plata (también en la República Dominicana), visitamos una zona muy aislada, después de haber recorrido durante más de una hora carreteras sin asfalto. Estaban aislados de la civilización. Nos encontramos con unas 45 familias amenazadas de ser expulsadas de esos terrenos, pues unos potentados quieren esas tierras», denuncia el prelado.

«Me vino la sospecha de que por este motivo a estas personas no se les conecta a la red de agua corriente, ni a la eléctrica, para hacer presión sobre ellas y obligarles a marcharse –añade–. Es una política de empobrecimiento. Esto plantea un punto interrogativo sobre la política de los gobernantes».

«Por otra parte –recuerda–, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo, ha alzado de nuevo su voz a favor de los pobres y ha criticado el hecho de que no toda la ayuda llega a los destinatarios, denunciando casos concretos de corrupción».

«No podemos no interesarnos por la dimensión política de nuestra vida y la gente que tiene que tomar responsabilidades políticas debe estar preparada y hacerlo bien», afirma el arzobispo recordando varios llamamientos del Papa en este sentido.

El representante pontificio constató «una gran disponibilidad de ayuda por parte de las instituciones de las Naciones Unidas, de los militares, sobre todo para ayudar a los refugiados de Haití».

«La Caritas de la República Dominicana está muy bien organizada para atender a las necesidades reales sobre el terreno», aclara. De hecho, «este organismo de la Iglesia católica se demuestra como la red más confiable de la ayuda. Se concretiza sobre todo en las parroquias».

En su segunda etapa, Haití, del 22 al 25 de junio, el arzobispo, que preside el organismo vaticano para la coordinación y sensibilización de las instituciones católicas de ayuda, reconoce que vio «más pobreza que en muchos países de África».

«El primer encuentro fue en la » Citè Soleil», suburbio de Puerto Príncipe, donde visité a un grupo hermanas salesianas que están dando la vida: comparten las necesidades de los pobres entre los más pobres. Vi la basura en las calles, los niños jugando en las aguas de las cloacas…», recuerda con tristeza.

«Todo esto es también quizá una consecuencia de la dictadura que desde hace décadas presiona a este país. François Duvalier («Papa Doc»), Jean Claude Duvalier («Baby Doc», y recientemente Aristide, han abusado del país y han quitado energías a la población».

«Aristide sigue interviniendo por Radio –informa–. Permanece en continuo contacto con su partisanos. Alimenta así ulteriores polvorines de violencia en el país. Incendios dolosos como el reciente de Gonaïves, el asesino del director de Air France, e incluso prácticas de brujería en las que algunos niños habrían sido asesinados. De hecho, Aristide introdujo oficialmente el culto Vudú».

«Con el primer ministro Gérard Latortue hablamos primero de la situación política y subrayó que ahora no se puede entrar en un espíritu de venganza y subrayó la necesidad de crear un espíritu de reconciliación –revela monseñor Cordes–. Por otra parte reconoció que no se puede poner sobre todo un tupido velo del olvido. Es necesaria la justicia para que no se creen mitos por personajes del pasado».

«Las fuerzas internacionales que han llegado al país para salvaguardar la paz con frecuencia no comprenden la mentalidad, no son capaces o no están dispuestos a entablar un verdadero diálogo –explica–. Aquí hay un gran drama de inculturación. Vienen con modelos suyos y de este modo no pueden ayudar seriamente a la población».

El arzobispo pudo visitar varias poblaciones alejadas del interior de Haití gracias a un helicóptero prestado por Estados Unidos y Canadá, acompañado por obispos del país que de este modo pudieron también ver los sucedido con sus propios ojos.

En cada lugar visitado , explica, «tuvimos misas y encuentros de oración con al menos dos mil personas. Rezamos, ofrecieron su testimonio… Eran encuentros muy profundos de oración y a pesar de todo mostraban una gran alegría por ver a un delegado del Papa».

«Encontré nuevos movimientos eclesiales que han llegado de la República Dominicana para evangelizar en Haití», añade.

Resumiendo el motivo por el que el Papa le envió a La Española, monseñor Cordes explica que «hoy es fácil enviar ayuda material por correo. Pero la gente quiere ver una cara y encontrarse con ella y recuperar algo de esperanza».

«He visto por doquier, a pesar de todo, a gente llena de vitalidad y de voluntad de vivir», concluye.

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ZENIT Staff

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