BERLÍN, sábado, 17 julio 2004 (ZENIT.org).- El 20º encuentro anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embrionología proporcionó impresiones encontradas. Junto con las acostumbradas noticias sobre los últimos avances de las técnicas de fecundación in vitro (IVF), hubo más sombrías exposiciones sobre los límites y abusos de los métodos de reproducción artificial.

El encuentro del 27 al 30 de junio tuvo un desfavorable comienzo, cuando Rolf Winau, profesor de historia de la medicina en la Universidad Libre de Berlín, defendió el levantamiento de las restricciones de su país a los métodos reproductivos. Winau animaba a los doctores de Alemania a pasar por encima de los tabúes originados por los abusos nazis, informaba el Times de Londres el 28 de junio.

Winau defendía que se levantaran los límites contenidos en la ley de protección de embrión que previene el uso de técnicas como la diagnosis genética de preimplantación. Este método identifica los embriones con problemas genéticos, para destruirlos.

Luego vino la noticia de que, por primera vez, una mujer había quedado embarazada tras una trasplante de tejido ovárico, informó el 29 de junio la BBC. La mujer, cuyo bebé concebido naturalmente nacerá en octubre, fue tratada por médicos de la Universidad Católica de Lovaina en Bruselas.

En 1997 se diagnosticó a la paciente un linfoma de Hodgkin avanzado. Tras someterse a quimioterapia, se tomó una parte de su tejido ovárico y se congeló. Tras ser declarada libre de cáncer en abril de 2003, el tejido se volvió a trasplantar a su cuerpo. Todavía hay dudas de si el óvulo que ha sido fertilizado venía del tejido transplantado o del ovario que había quedado en su cuerpo, y que podría haber comenzado a funcionar de nuevo.

A pesar de esas dudas, Josephine Quintavalle del Centro de Ética Reproductiva del Reino Unido advertía: «Ésta técnica no debería utilizarse a la ligera. Espero sinceramente que no se utilice como una elección de forma de vida para decidir cuándo quieres tener hijos».

Límites al éxito
La conferencia también advirtió a las mujeres que no aguardasen demasiado para tener hijos, si esperan poder solucionar cualquier problema de fertilidad a través de las técnicas de reproducción artificial. En una nota de prensa del 17 de junio, los organizadores de la conferencia dieron detalles sobre un estudio de Henri Leridon, demógrafo del Instituto Francés de Investigación Médica y Sanitaria y del Instituto Nacional para los Estudios Demográficos.

Las investigaciones de Leridon concluían que, bajo condiciones naturales, tres cuartas partes de las mujeres que intentan comenzar a concebir a la edad de 30 años tendrán un embarazo dentro del primer año. Esta cifra se reduce a dos tercios para las mujeres de 35 años y cae hasta el 44% para las que comienzan a los 40.

Pero, señalaba Leridon, las técnicas artificiales compensarán únicamente la mitad de los nacimientos perdidos al posponer el primer intento de embarazo hasta los 30 a 35 años, y sólo compensarán un 30% de los nacimientos al posponerlo hasta los 35-40 años. Refiriéndose a las mujeres de 35 años o más, Leridon afirmaba que los métodos artificiales «no te compensarán plenamente por los años, y las oportunidades de concebir, que hayas perdido».

Consecuencias para los hijos
Algunos informes en la conferencia suscitaron preocupación por los hijos concebidos a través de IVF. Un estudio de investigadores británicos concluía que a dos tercios de los niños nacidos a través de donaciones de embriones hechas por extraños no se les hablará de sus verdaderos orígenes biológicos, informaba el 29 de junio el periódico británico Independent.

Los psicólogos, de la Universidad de la City de Londres, entrevistaron a un grupo de 21 padres que habían concebido a través de las donaciones de embriones, otro grupo de 28 familias adoptivas, y 30 parejas que habían concebido a través de los métodos normales de IVF. Resultó que sólo el 30% de las parejas que usaron embriones donados tenían planeado ser sinceras sobre los orígenes de sus hijos. Dato que hay que comparar con el 100% de los padres adoptivos y el 90% de los tratados con sus propios embriones.

La conferencia de Berlín también destacó los peligros implicados en la clonación. Los investigadores de la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, advirtieron de que la clonación crea potencialmente anormalidades peligrosas en los embriones, informaba el 30 de junio la BBC.

Los científicos llevaron a cabo un estudio con embriones clonados de ratón. Descubrieron que muy pocos de los embriones clonados alcanzaron el estadio de blastocisto, en el que los embriones tienen de 3 a 5 días. Además, los investigadores observaron en los clones patrones de desarrollo genético inusuales.

El Dr. Takumi Takeuchi, que dirigió la investigación, afirmó que el estudio «nos ha convencido más de que la clonación reproductiva es insegura y no debería aplicarse a los humanos».

Otro estudio demostró que implantar embriones múltiples pone en peligro tanto a las madres como a los bebés, informó el 30 de junio el Telegraph de Londres. La advertencia se basa en un estudio de la doctora Ann Thurin, del Hospital Universitario de Sahlgrenska, en Goteborg, Suecia. Su investigación implicó a un grupo de 661 mujeres con menos de 36 años.

En la mitad se implantaron dos embriones y, en las demás, sólo uno. Las mujeres del grupo de un único embrión tuvieron un índice de éxito de cerca del 40%, comparados con el 44% de las que tuvieron dos embriones a la vez. Thurin explicó que los partos dobles y triples es más probable que sean prematuros, tengan bajo peso al nacer y sufran de complicaciones en el momento de nacer. También tienen un mayor riesgo de nacer lisiados.

Proteger la dignidad humana
La extensión del uso del IVF siempre ha suscitado preocupaciones éticas. A inicios de este año la Academia Pontificia para la Vida dedicó su asamblea general a este tema. El comunicado final del 21 de febrero de la academia se titulaba: «La Dignidad de la Procreación Humana y las Tecnologías Reproductivas. Aspectos Antropológicos y Éticos».

La declaración observaba que, en los 25 años transcurridos desde el nacimiento del primer bebé usando el IVF, cerca de un millón de niños han nacido usando estos procedimientos. Pero el índice de éxito de las técnicas artificiales todavía es muy bajo, observaba la declaración, y una consecuencia de esto es una pérdida enorme de embriones humanos.

La academia pontificia advertía del surgimiento de una mentalidad que ve el recurso a las técnicas artificiales como una forma preferencial de concebir niños, puesto que los métodos dan la capacidad de un mayor control sobre la calidad de los embriones concebidos. Esta mentalidad lleva en sí el peligro de considerar a los niños como un mero producto cuyo valor depende de que alcancen un nivel satisfactorio de calidad.

«La consecuencia dramática de esta nueva actitud es la eliminación sistemática de aquellos embriones humanos que resultan carentes de la calidad considerada suficiente de acuerdo con parámetros y criterios inevitablemente cuestionables», advertía la declaración de la academia pontificia.

El comunicado final declaraba que todo ser humano es una unidad de cuerpo y alma desde el momento de la concepción. «Por ello, la dignidad -que es dignidad de persona humana- de un hijo, de todo hijo, independientemente de las circunstancias concretas en las que se inicia su vida, sigue siendo un bien intangible e inmutable, que exige ser reconocido y tutelado, tanto por los individuos cuanto por la sociedad en su conjunto».

La declaración de la Pontificia Academia para la Vida reconocía que las parejas que no pueden tener hijos por los medios normales sin duda soportan un gran s ufrimiento. Este deseo comprensible y lícito de un hijo, no debe, sin embargo transformarse «en un pretendido ‘derecho al hijo’, incluso ‘a toda costa’».

La declaración impulsaba a considerar a un hijo como «un regalo muy valioso que, llegue cuando llegue, ha de acogerse con amor». La dignidad de la persona, explicaba la academia requiere «el recíproco don de amor esponsal de un varón y una mujer, expresado y realizado en el acto conyugal, en el respeto de la unidad inseparable de sus significados unitivo y procreador».