Europa unida por la necesidad de suscitar vocaciones consagradas

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Entrevista con el padre Kevin Doran, coordinador del «Servicio Europeo de Vocaciones»

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ESTRASBURGO, lunes, 12 julio 2004 (ZENIT.org).- En contextos sumamente diferentes, la Iglesia en los veinticinco países que conforman la Unión Europea tiene un desafío común: suscitar vocaciones consagradas en un clima poco favorable.

Este ha sido el argumento afrontado en el encuentro del 1 al 4 de julio del «Servicio Europeo de Vocaciones» en Estrasburgo con el lema «“Maestro bueno, ¿qué he de hacer?” (Lc 18, 1): Acompañar a los jóvenes en su camino vocacional».

La reunión ha congregado a los delegados nacionales para las vocaciones en Europa en una ciudad «particularmente simbólica» «en este año de la ampliación de la Unión Europea», explica el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE)..

Para profundizar en los aspectos tratados en este encuentro y en los desafío que plantea la ampliación europea a la pastoral vocacional, Zenit ha entrevistado al sacerdote irlandés Kevin Doran, coordinador del Servicio Europeo de Vocaciones.

–¿Qué es el Servicio Europeo de Vocaciones («European Vocations Service», EVS)?

–P. Kevin Doran: El EVS es una federación de servicios nacionales para las vocaciones de diferentes países reunidos en el CCEE</a> (Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa).

El trabajo conjunto comenzó hace más de veinte años, entre los países francófonos, y recibió nuevo impulso después del Congreso continental europeo sobre vocaciones que se celebró en Roma en 1997, y que tuvo como resultado el documento «In Verbo Tuo» (Nuevas vocaciones para una nueva Europa).

Este documento es una clase de estatuto para el ministerio de las vocaciones en Europa. El EVS, en su actual estructura, fue constituido hace cinco años con el Dr. Rainer Birkenmaier de Alemania como Coordinador. Fui elegido el año pasado en Varsovia para sucederle. El arzobispo Alois Kothgasser de Salzburgo, que ha sido delegado por el CCEE para asumir la tarea del ministerio de las vocaciones, es nuestro Presidente ex officio.

–¿Por qué es importante promover una cultura vocacional?

–P. Kevin Doran: El tema de la cultura empapa el pensamiento del Papa Juan Pablo II. Podría describirse como un esquema coherente de valores, actitudes y modos de actuar que se refleja en la vida de una comunidad o de una sociedad.

La idea de una cultura vocacional es un tema central del documento «In Verbo Tuo». Éste invoca una más estrecha «coordinación entre Centro nacional, Centros diocesanos y organismos parroquiales» para la «promoción de una auténtica cultura vocacional en la sociedad civil y eclesial» (n. 29).

Una cultura vocacional se desarrolla cuando una comunidad empieza a darse cuenta cada vez más de que la vida no es sólo una casualidad, sino un don que hemos recibido de Dios y que por su naturaleza requiere una respuesta generosa de parte de cada uno.

El amor de Dios, que acompaña el don, se convierte en la razón de lo que somos y de lo que hacemos. Esto podría comenzar de manera sencilla con un renovado compromiso por la imitación de Cristo en la oración diaria, en el amor recíproco y en la justicia hacia los demás.

Pero la cultura vocacional comprende también compromisos más específicos y más radicales como el matrimonio cristiano, el sacerdocio y la vida consagrada, en armonía con la diversidad de los dones que cada persona ha recibido. Es mucho más difícil tener fe a un compromiso tan radical sin una motivación positiva y una visión coherente de la vida.

–¿De qué se ha hablado en el «EuVocatio 2004» de Estrasburgo?

–P. Kevin Doran: Ya en el encuentro de Varsovia del año pasado recordamos que el ministerio vocacional debe ser parte integrante de la estrategia pastoral global de la Iglesia. Y esto en cuanto a que, como aludía, toda la misión de la Iglesia es ayudar a las personas a reconocer y responder al don de Dios. Hemos decidido por lo tanto concentrarnos este año en el nexo entre ministerio vocacional y la atención pastoral de los jóvenes.

El tema general que hemos elegido para la Conferencia es «Maestro bueno, ¿qué he de hacer?». Es la pregunta que el joven rico hace a Jesús en el Evangelio de San Mateo y refleja en cierta medida el interrogante que los jóvenes de todo el mundo se plantean, aunque no reconozcan expresamente a Jesús: ¿Qué debo hacer para ser verdaderamente feliz?

El padre Michael Kuhn es director de la Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal alemana. El título de su presentación fue tomado de la frase de apertura de la «Gaudium et Spes», la constitución pastoral del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo actual: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo (…) son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo».

Le hemos invitado a reflexionar con nosotros sobre las esperanzas de los jóvenes de hoy. Ha mostrado las conclusiones de una investigación sociológica que sugiere que para la mayor parte de los jóvenes de hoy la búsqueda de sentido se expresa en el deseo de tener éxito, de tener el mayor número de experiencias posible y de gozar de la vida.

También comentó que existe alguna prueba de una vuelta hacia algunos de los valores más tradicionales, entre ellos la centralidad de la familia. Antes, el mismo día, el padre Gilbert Caffin, que ha trabajado durante largo tiempo en el terreno de la educación católica en el Consejo de Europa, había hablado en los mismos términos.

Explicó que el creciente multiculturalismo de Europa, la creciente complejidad de la sociedad y la carencia ocupacional en toda la región ha tenido un significativo impacto en los jóvenes, haciéndoles menos fácil asumir compromisos o pensar en términos de proyectos comunes.

El miedo a asumir compromisos, especialmente a largo plazo, tiene claramente implicaciones significativas para la Iglesia, tanto respecto al matrimonio como a las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Tiene resonancia también en muchos otros aspectos de la vida social. Pero los jóvenes temen una vida privada de significado incluso más de lo que temen el compromiso.

Hemos invitado al padre Riccardo Tonelli [director del Instituto para la Pastoral Juvenil en la Universidad Pontificia Salesiana en Roma. Ndr] a explicarnos cómo incide el Evangelio en la experiencia de los jóvenes de hoy. El título de su intervención fue «Jesús le miró y le amó» (ésta fue la reacción de Jesús hacia el joven rico con toda su bondad y todos sus temores). El Evangelio, explicó el padre Tonelli, nos permite redescubrir nuestra identidad en la persona de Jesús, que nos llama a establecer una relación con Él y nos invita a comprometernos a su lado al servicio de la vida. Éste es un proyecto que da significado y síntesis en un mundo que de otra forma parece bastante fragmentado.

Cuatro breves presentaciones nos han ayudado a demostrar cómo la teoría puede ponerse en práctica. El padre Jacques Annelli y el padre Marek Dzwiezki describieron proyectos desarrollados por los servicios nacionales para las vocaciones de Polonia que contribuyen a un desarrollo de la cultura vocacional.

Jean-Luc Pradels habló de la posibilidad para los jóvenes de comprometerse por un año de servicio voluntario en el curso del cual pueden tener un seguimiento personal a fin de profundizar en el conocimiento de sí mismos y del significado de la propia exis
tencia. Sor Katjia Roncalli relató cómo un grupo de jóvenes religiosas franciscanas ha desarrollado un programa que permite ofrecer informaciones relativas a la fe y una orientación vocacional a un gran número de jóvenes en Asís y en una serie de otros centros en Italia.

–¿De qué forma la ampliación de Europa a diez nuevas naciones repercute en el trabajo de ustedes y en la presencia de los católicos en Europa?

–P. Kevin Doran: Veinticinco países estuvieron representados en el Congreso del EVS –el número más alto registrado hasta ahora en nuestras conferencias–, desde Bielorrusia a Malta, de Albania a Irlanda.

Comprensiblemente, los desafíos que la Iglesia afronta en la pastoral vocacional son algo diferentes en cada uno de estos países. La Iglesia de Occidente tiene muchos recursos que la Iglesia oriental no tiene. Ha tenido la oportunidad de desarrollarse en un cierto grado de libertad, pero ahora parece un poco cansada y necesitada de renovación.

Sin embargo, en Oriente la Iglesia goza de una frescura y de una energía que brota de cincuenta años de sufrimiento. En Escandinavia la Iglesia representa sólo una pequeñísima parte de la población. Con este elevado grado de diversidad, el EVS no considera que tiene que desempeñar un papel de programación de iniciativas específicas para toda Europa.

Lo que deseamos es compartir nuestras experiencias y profundizar juntos en algunas cuestiones susceptibles de tener aplicación en nuestros países. A pesar de las muchas diferencias entre nosotros, hemos visto que podemos aprender el uno del otro porque estamos unidos por la fe en Jesús y por el deseo de proclamar su Palabra a una nueva generación de europeos.

[El próximo congreso del «Servicio Europeo de Vocaciones» se celebrará del 30 de junio al 3 de julio de 2005 en Eslovaquia. Ndr]

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ZENIT Staff

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