El cristiano en Oriente Medio necesita formación «extra», alerta el patriarca de Jerusalén

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Monseñor Sabbah interviene ante el Capítulo de la Custodia franciscana de Tierra Santa

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AMMÁN, miércoles, 28 julio 2004 (ZENIT.org).- El patriarca latino de Jerusalén ha subrayado ante el Capítulo recientemente celebrado por la Custodia franciscana de Tierra Santa en Ammán (Jordania) la importancia y la necesidad de la educación y la formación de los cristianos en Oriente Medio y en particular en Tierra Santa para que puedan discernir las contradicciones que viven en un contexto de gran complejidad.

En doce países está presente la Custodia franciscana para el servicio de la Iglesia. Los franciscanos son custodios de los Santos Lugares con mandato oficial de la Santa Sede y «desde los primeros tiempos» de la Custodia han atendido a las personas que viven en torno a aquellos.

A éste último aspecto de su misión se refirió el miércoles pasado Su Beatitud Michel Sabbah ante los miembros capitulares, recordándoles que «las sociedades a las que tenéis que anunciar la Palabra actualmente son dos: por un lado las diversas sociedades árabes y musulmanes, en Palestina, Israel, Jordania, Siria, Líbano y Egipto, y por otra parte la sociedad israelí judía».

«En todas estas sociedades estamos y estáis llamados a anunciar la Palabra de Dios» en la presencia «de oración», «en las obras de caridad» y en la educación, «tanto en las escuelas como en la parroquia». Y es que hay que «educar a los fieles a amar sus sociedades y a comprometerse a contribuir en su edificación», recalcó el patriarca latino de Jerusalén.

Recordó que en marzo de 2004 la Asamblea de los Ordinarios de las Iglesias de Tierra Santa difundió una carta pastoral expresando la «necesidad de insistir en la educación cristiana de los jóvenes y de los adultos en tres puntos principales»: «la Sagrada Escritura», «el mandamiento del amor» y «la educación civil y nacional, que debe formar parte de la formación general del cristiano para que pueda convertirse en parte integrante de la propia sociedad».

Pero «el aspecto de la educación civil y nacional ha estado relativamente ausente en la educación que hemos dado a nuestros fieles», reconoció.

De hecho, los cristianos están presentes en la vida pública «más como ciudadanos privados que como cristianos», además de que entre ellos existe en general «el complejo de la minoría».

Por eso «el cristiano debe ser educado para ser adulto en sus relaciones con su sociedad», y es que aún son pocos los que «se esfuerzan en reflexionar, pensar y actuar»: más bien en ciertos cristianos existe «perplejidad sobre cómo comportarse» y algunos lo hacen «como ciudadanos» «escondiendo su propio sentimiento frente a ciertos incidentes» –expresó monseñor Sabbah– y «otros se apresuran a denunciar la discriminación perdiéndose en críticas que alimentan el descontento y el miedo».

Un «caso particular de perplejidad» –explicó– lo representan «los cristianos árabes en Israel», entre los que hay quienes «ponen en cuestión su pertenencia a su historia y cultura árabe».

«A éstos, nosotros como Iglesia decimos: “Debéis ser leales a vuestra pertenencia a vuestro pueblo árabe, a vuestra fe cristiana y al Estado de Israel en el que vivís. Son tres lealtades diversas que no se contradicen, sino que deben ser más bien complementarias”», afirmó.

Con todo, el patriarca de Jerusalén admitió que «la situación es compleja desde el punto de vista psicológico, religioso y político», pero es ahí donde «la educación religiosa cristiana dada a nuestros jóvenes así como a los adultos (…) debe ayudar a aclarar, analizar y tomar las decisiones justas».

«Debemos formarles a aceptarse como son, como Dios los ha querido –manifestó–: árabes, cristianos y en el Estado de Israel». «Hay que ayudar a los cristianos a aceptar y amar sus sociedades e invitarles a contribuir en su edificación», recalcó.

También los fieles de lengua hebrea tienen «una doble lealtad: son cristianos y son hebreos», recordó monseñor Sabbah.

Igualmente señaló que la relación entre cristianos árabes y cristianos hebreos debería ser «de comprensión mutua objetiva que conduce a una visión común en el Cristo que derriba las barreras».

En este caso, «hay que educar a asumir un papel de reconciliación, viendo el mal de dondequiera que venga y viendo el bien que existe necesariamente en las dos partes, sin sacrificar la verdad bajo el pretexto de ser equilibrados», concluyó.

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ZENIT Staff

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