De médico a sacerdote, Pere Tarrés i Claret sube el domingo los altares

Juan Pablo II beatificará a un asesor de Acción Católica en España

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 3 septiembre 2004 (ZENIT.org).- Médico español de origen catalán que se hizo sacerdote, apóstol y formador de jóvenes: es el perfil Pere Tarrés i Claret, miembro de Acción Católica (AC), a quien Juan Pablo II proclamará beato el próximo domingo en Loreto (Italia), en el momento culminante de la gran peregrinación de la asociación al Santuario mariano.

El futuro beato ya desde que era joven estudiante y médico «recorrió los caminos de la santidad», y como sacerdote «se dedicó a una intensa actividad pastoral y trabajó, en particular, en la formación de la juventud de Acción Católica», destacó el cardenal José Saraiva Martins –prefecto de la Congregación vaticana de las Causas de los Santos– cuando el pasado 22 de junio leyó ante el Papa el decreto que abrió las puertas a esta beatificación.

También asesor eclesiástico de la asociación, Pere Tarrés i Claret fue «un gran educador, dicen quienes le conocieron, que sabía enseñar a amar», reconoce Acción Católica italiana.

Originario de la ciudad barcelonesa de Manresa, donde nació el 30 de mayo de 1905, Pere Tarrés i Claret era hijo de un matrimonio creyente y ejemplar formado por Francesc (mecánico de profesión) y Carme, quienes tenían dos hijas más.

De carácter alegre y abierto, amante de la naturaleza y contemplativo –describe la Santa Sede–, Pere habitualmente ayudaba en una farmacia cuyo dueño le animó a proseguir sus estudios, que había estado cursando con escolapios y jesuitas.

Gracias a distintas becas pudo entrar en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Mientras residía en esta ciudad, participó del Oratorio de San Felipe Neri.

Fue miembro de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña con gran celo apostólico, y tanto en la Federación como en Acción Católica desempeñó cargos simultáneamente.

«Para Pere el secreto de la vida espiritual de los militantes está en la devoción eucarística y el amor filial a la Madre de Dios», recalca la biografía distribuida por la Santa Sede. Con 22 años, y con aprobación de su director espiritual, Pere hizo voto de castidad.

En 1928, después de haber concluido brillantemente la carrera de Medicina, se estableció definitivamente en Barcelona. Junto con su compañero, el doctor Gerardo Manresa, fundó el sanatorio–clínica de Nuestra Señora de la Merced en esa misma ciudad.

Se mantuvo «ejemplar en la caridad y en la vida de piedad» durante el ejercicio de su profesión medica. Pere jamás perdió esa «alegría contagiosa» que le permitía tratar con respetuosa familiaridad a los enfermos».

Durante el agitado período de la guerra civil española, refugiado en Barcelona llevaba a escondidas la comunión a los perseguidos. También actuó en calidad de médico de campaña atendiendo heroicamente a numerosos heridos, y no perdió ocasión de manifestar su fe.

En enero de 1939 volvió a su casa del frente de guerra y entró en el Seminario de Barcelona ese mismo año. Fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1942

Múltiples actividades pastorales le fueron encomendadas en sus poco más de ocho años de presbiterado. Entre éstas, fue vice-asistente diocesano en Barcelona de los jóvenes de la AC y asistente del centro parroquial de las mujeres y de las jóvenes de AC de la parroquia de San Vicente de Sarriá.

«En las distintas obras apostólicas que le encargan no le faltan dificultades que le hacen sufrir, pero él sabe responder con actitudes evangélicas de caridad, prudencia y fortaleza sembrando desde la cruz la tierra de su apostolado», apunta la Santa Sede.

De hecho, Pere Tarrés i Claret «dejó una huella perenne y benéfica en todos los que le trataron por actividades apostólicas».

En 1945 escribió en su Diario que se sentía «sumergido en el océano del apostolado, como había soñado por tanto tiempo, con el mismo fuego y entusiasmo que, desde laico, sintió por la Federación» de Jóvenes Cristianos.

Diagnosticado de un linfosarcoma linfoblástico, el próximo beato vivió su enfermedad con una actitud de total abandono en Dios y ofreciendo su vida por la santificación de los sacerdotes.

Pasados poco más de tres meses, el 31 de agosto de 1950 Pere Tarrés i Claret murió en la clínica que había fundado. Tenía 45 años. Está enterrado en la iglesia parroquial de San Vicente de Sarriá.

Junto al sacerdote español, el próximo 5 de septiembre Juan Pablo II beatificará a otras dos destacadas figuras de «Acción Católica»: los jóvenes laicos italianos Pina Suriano (1915-1950) y Alberto Marvelli (1918-1946).

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ZENIT Staff

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