Martín Valverde, pionero de la «música cristiana»

Habla el músico-cantante

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MÉXICO, jueves, 9 septiembre 2004 (ZENIT.orgEl Observador).- Pocos cantantes católicos gozan de mayor prestigio en México, América Central y las comunidades hispanas de Estados Unidos como Martín Valverde (San José de Costa Rica, 1963).

Su estilo musical, su actividad incesante y el modelo comunitario de sus presentaciones han hecho de él un imprescindible en festivales de música católica y foros artísticos para recaudar fondos y apoyar acciones de evangelización la Iglesia católica.

De visita en México, esta es la entrevista que ha concedido a Zenit y que publica El Observador en su edición de esta semana.

–¿Por qué músico-cantante y no otra cosa?

–Martín Valverde: No sé, habrá sido mitad genético, mitad espiritual. No fue fácil, no había apoyo y menos comprensión. Pero lo hice y creo que funcionó.

–¿Por qué situaciones tuvo que pasar para llegar a donde ha llegado?
–Martín Valverde: Las de todo cantante o artista que se precie de serlo, empezando de cero, tocando las puertas necesarias. Yo tuve dos momentos; uno por mis pistolas, con el arte por el arte. El otro, el arte por Dios. Y Él ha sido la diferencia.

–¿Por qué música cristiana (o cómo considera su propuesta musical)? ¿Eso «deja» para vivir?
–Martín Valverde: Por mi conversión, no por otra cosa. Una vez que tuve mi encuentro personal con Jesús eso me llevo sin más a comunicar a otros esta experiencia de fe en mi vida. No opté porque fuese una corriente nueva o extraordinaria, es una fe, una convicción, y por eso la canto, aunque hago la aclaración de que Dios no me contrató, me salvó y, después de eso, hablamos de música.

Es difícil todavía definir con un título nuestra propuesta. En Mérida nos llamaron «trova creyente», que creo es bastante acertado.

Para vivir dignamente si «deja»; no nos podemos comparar con los sueldos de Maná o Alejandro Fernández, pero hemos alcanzado una manera de vivir digna, y, más que hacer un negocio de las cosas de Dios, hacemos un buen negocio para las cosas de Dios; ésa es la idea, aunque a muchos les cueste entenderlo.

–¿Considera usted que un cantante cristiano tiene que ser necesariamente «subterráneo»?

–Martín Valverde: No, claro que no. Creo que con el tiempo deberemos ir intentando entender los caminos del Espíritu Santo en todo esto; algunos serán muy conocidos y estrellas de la pantalla, y en buena hora serán testimonio en esos terrenos tan difíciles. Otros serán de la secreta; otros serán de la liturgia de todos los días. Lo subterráneo es sólo una forma más, y a mí me ha convenido muchísimo, por cierto.

–¿En qué Dios cree Martín Valverde? ¿Cómo es su relación con Él?

–Martín Valverde: Creo importantísimo mantener el primer amor con Dios. Con mi trabajo, labor y misión a través de la música ando diciendo hasta marear que Dios nos ama, y mi labor de corazón es dejarme amar por ese Dios al que canto todos los días. Somos muy amigos y nos da buen resultado la sinceridad. Dios es todo para mí: amigo, cómplice, general, Padre, colega y paciente, muy paciente…

–La música cristiana-católica en varios países, como México, tiene una fuerte línea divisoria: antes y después de Valverde. Al menos usted es el mas visible ¿Comparte esta idea aceptada por muchos católicos? ¿Se considera un precursor? ¿Cuál cree que ha sido su aportación?

–Martín Valverde: Me halagas con tu comentario, pero yo soy la punta de un iceberg, estoy al frente de una red de músicos católicos en América, y creo que lo vamos haciendo bien. Sí creo ser de los visibles, y creo que mi labor es hacer visible a otros. No me considero ni el mejor ni el mas importante (mi religión me lo prohíbe), pero es un hecho que el sabor de boca de ser pionero no me lo quitará nadie.

–El Papa habla de una nueva evangelización. ¿Qué significa esto para usted? ¿Cómo «le entra»?

–Martín Valverde: Con todo, con mi ser. Con mi vida, que se hacen canciones; con mi familia, que me deja cantar. Ay de mí si no lo hiciera…

–¿Cómo percibe a la Iglesia católica?

–Martín Valverde: La pobre Madre Iglesia ha vivido en estos últimos cuarenta años lo que no vivió en varios siglos. El Espíritu Santo ha probado estar con nosotros, y cuando hablo de ella hablo de mí. Acepto todos los errores (más los que se acumulen esta semana). No los solapo. Pero creo que, a pesar de nosotros, la cosa va; está compuesta por hombres, y eso demuestra que mi Iglesia católica es tan imperfecta que por eso nos queda perfecta. Y a Dios le regalarnos personajes como Juan Pablo II o la madre Teresa, y te das cuenta de que ahí vamos.

Más información en http://www.dynamis.com.mx

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ZENIT Staff

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