El acompañamiento a las madres evita abortos, alertan los obispos italianos

En su mensaje por la 26ª Jornada por la Vida

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ROMA, miércoles, 20 octubre 2004 (ZENIT.org).- Conscientes de que el aborto también se contempla como «una opción trágica» en circunstancias de pobreza, soledad o angustia, el episcopado italiano ha lanzado un llamamiento a acompañar y ayudar a las madres en dificultad para que puedan ver nacer a sus hijos.

Así se desprende del mensaje difundido el martes por el Consejo Episcopal Permanente de Italia con ocasión de la celebración de la 26ª Jornada por la Vida, programada para el próximo 6 de febrero.

«La vida es un tejido de relaciones y las relaciones requieren que se puedan fiar los unos de los otros», dicen en el texto, titulado «Fiarse de la vida».

Pero «según una tendencia cultural difundida, la vida de los demás no es digna de consideración ni respeto como la propia», alertan.

«En particular –denuncian– no despierta un respeto sagrado ni la vida que va a nacer, oculta en el vientre de una madre; ni la nacida, pero débil; ni la vida de quien carece de padres o los tiene, pero están ausentes».

«Sufrimos modos de pensar y de vivir que niegan la vida de otros, que no se fían de la vida porque desconfían de los demás», pero «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2, 18) —apuntan-: «el objetivo de la existencia está en la relación» con el «Otro» –«que nos ha creado»– y con los «otros, empezando por quien tiene hambre y sed de vida y de relación, como el niño no nacido o muchos niños sin padres».

En este contexto, «el aborto, cuando es realizado con consciente rechazo de la vida, superficialmente o en obediencia a la cultura del individualismo absoluto, es la más terrible negación del otro, la más gélida afirmación del individuo que niega al otro porque sólo se reconoce a sí mismo», se alerta desde el episcopado italiano.

Con todo, «en no pocas circunstancias» «el aborto es una elección trágica» –reconocen los prelados–, como una «salida de pobreza material o moral, de soledad desesperada, de triste inseguridad»; aquí, la negación del otro procede, en última instancia, «de toda la sociedad, ciega ante las necesidades de las personas e insensible al respeto del hijo y de la madre».

La experiencia demuestra que, para «vencer la cultura del individualismo» y también para «superar la fragilidad» que puede presentarse en un embarazo, el camino es «hacer compañía a las madres en dificultad» para que vean que «los otros existen», que las acompañan, ayudan y permiten descubrir que no se enfrentan a un «peso», «sino al gozo mayor», recuerda el Consejo Episcopal Permanente.

El organismo de la Iglesia en Italia igualmente llama la atención hacia los «muchos niños que pasan su infancia en una institución» y tienen «un futuro incierto». Y es que en el país se aproxima el cierre de los centros de acogida de menores, previsto según la ley 149/2001 para el 31 de diciembre de 2006.

Pero ello abrirá a las familias «una gran oportunidad para dilatar su fecundidad a través de la adopción o la acogida temporal», invitan.

En cualquier caso exhortan a no dejar solas a las familias que se muestren disponibles a esta decisión; antes bien «deben advertir a su alrededor una red de solidaridad concreta», de forma que quien se abra a la «adopción o a la acogida» se sienta «parte de una aventura colectiva en la que los otros están, vivos y presentes».

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ZENIT Staff

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