El Corazón de Jesús, manifestación del amor de Dios, explica Benedicto XVI

Medita en el Ángelus en uno de los misterios centrales del cristianismo

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 5 junio 2005 (ZENIT.org).- En el Corazón de Jesús los cristianos pueden comprender todo el amor que Dios tiene por cada hombre y mujer, explicó Benedicto XVI este domingo.

«En el lenguaje bíblico, el «corazón» indica el centro de la persona, la sede de sus sentimientos y de sus intenciones. En el corazón del Redentor adoramos al amor de Dios por la humanidad, su voluntad de salvación universal, su infinita misericordia», aclaró antes de rezar la oración mariana del Ángelus.

El pontífice profundizó junto a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano en uno de los misterios centrales para los cristianos desde los primeros tiempos de la Iglesia: el Corazón de Jesús traspasado en la cruz por amor a los hombres.

Como recordó el Papa, la Iglesia celebró el viernes la solemnidad del Corazón de Jesús, motivo por el cual tradicionalmente el mes de junio se dedica a esta devoción.

El culto al Sagrado Corazón de Cristo significa, explicó el sucesor de Pedro, adorar ese Corazón que, después de habernos amado hasta el final, fue traspasado por una lanza y desde lo alto de la Cruz derramó sangre y agua, manantial inagotable de vida nueva.

La devoción al Sagrado Corazón recibió un impulso decisivo con las apariciones de Cristo a la religiosa francesa de la Visitación santa Margaría María Alacoque (1647-1690).

«Mi Corazón divino está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que al no poder contener en sí las llamas de su ardiente caridad, hay que transmitirlas con todos los medios», le dijo Cristo en la aparición del 27 de diciembre de 1673, según ella escribió después.

Paray-le-Monial, la pequeña localidad de Borgoña en la que residía de santa Margarita María se convirtió en el símbolo de esta devoción, que recibió nueva vitalidad, el 5 de octubre de 1986, con la visita de Juan Pablo II.

Desde hace algunos años, el santuario de Paray le Monial ha sido confiado a la asistencia espiritual de los sacerdotes de la Comunidad del Emmanuel, nueva realidad eclesial surgida de la renovación carismática católica.

Ofrece sesiones de verano –retiros de oración y formación– para jóvenes y familias que han experimentado un éxito inesperado: participan más de 20.000 personas. Estas sesiones se traducen simultáneamente en quince idiomas, incluidos el japonés o el chino (http://www.sanctuaires-paray.com).

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ZENIT Staff

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