La «hipocresía del lenguaje» está poniendo en jaque a la vida

Declaraciones del profesor Pier Giorgio Liverani

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ROMA, miércoles, 14 septiembre 2005 (ZENIT.org).- La actitud actual de que cada uno puede construirse la propia ética lleva de la mano la «hipocresía del lenguaje», cuyo efecto inmediato es el riesgo para la vida humana, alerta en declaraciones a Zenit el profesor Pier Giorgio Liverani, periodista durante más de cincuenta años en los principales diarios católicos italianos.

Ex director de «Avvenire», antiguo miembro de la comisión de la Conferencia Episcopal italiana para las comunicaciones sociales y actual codirector de «Sí alla vita» («Sí a la vida») –publicación mensual del Movimiento por la vida italiano (www.mpv.org )–, el profesor Liverani ha sido testigo de las transformaciones culturales que han dado origen a una nueva concepción del hombre desvinculada de su Creador.

Denuncia estas transformaciones y sus riesgos en su último libro «La società multicaotica con il Dizionario dell’Antilingua» («La sociedad multicaótica con el Diccionario de la Antilengua») –editado en Italia por «Ares» (www.ares.mi.it)–.

«Actualmente la confusión de las lenguas, simbolizada por la “antilengua”, es indicador de una crisis moral muy grave: para una parte importante de nuestra cultura ya no existe una verdad absoluta, todo es relativo, cada uno puede construirse la propia ética y la hipocresía del lenguaje cubre todo vergonzosamente», explica a Zenit.

Y es que «el hombre postmoderno –advierte– que ha decretado la “muerte de Dios” se ha auto-erigido en juez del bien y del mal con la consecuencia de que el bien primario –la vida– ya no es siempre así».

De forma que «se ha caído en el individualismo liberal-radical para el cual sólo mi vida vale y la del otro tiene un valor sólo funcional respecto a la mía»; demostraciones de ello son «la contracepción de masa, el divorcio (piénsese en los hijos), el aborto legalizado y estatalizado y la fecundación artificial», enumera.

Con «La sociedad multicaótica» se ha republicado, actualizado, el «Diccionario de la Antilengua» del profesor Liverani, una especie de diccionario de las «palabras pronunciadas para no decir lo que se tiene miedo de decir». Publicado por primera vez en 1993, se convirtió en herramienta de análisis fundamental para los que se dedican a la defensa de la familia y la vida.

«Nosotros pensamos sirviéndonos de las palabras y de su significado», aclara Liverani explicando el término «antilengua» –«el uso babélico de las palabras»–.

Pero «sin palabras o con idénticas palabras pero de significado distinto ya no podremos expresar ciertos conceptos»; «si suprimiera la palabra “madre”, me impediría a mí y a los demás pensar y expresar el relativo concepto», alerta.

Así, «si en lugar de decir “hombre en edad embrional” utilizo “producto de la concepción”, ya no daría al concepto de hombre al inicio de su vida el valor que tiene, sino que expresaría una idea banal válida también para los animales y me sentiría capaz de disponer de ese producto en la misma medida que cualquier otro producto de una elaboración: si me gusta y me sirve me lo quedo, si no lo tiro», ejemplifica.

«En la ley del aborto, en lugar de esta palabra se usa “interrupción del embarazo”, sobre todo porque esta expresión de tipo médico no evoca sentimientos ni emociones; además porque mientras el aborto se refiere a algo que afecta directamente al niño concebido, la interrupción del embarazo indica la modificación de una condición de la madre», añade.

Y «estos son sólo pálidos ejemplos de un lenguaje que va creciendo y que ya se ha consolidado en los medios, en la política, en la medicina y ya ha transformado la cultura de la gente», denuncia el profesor Liverani.

De hecho, el periodista ha apuntado que en la «cultura de la muerte» palabras como «hijo», «niño», «madre» o «padre» son siempre objetivo principal.

En este sentido alerta: «Las “antipalabras” trastornan el sentido de las cosas, de la realidad, de las relaciones humanas. Si destruyo las relaciones familiares, que son sobre todo relaciones de donación gratuita, esto es, de amor, puedo hacer de la vida y de los demás lo que me place: es el principio básico del individualismo radical y de su ética utilitarista».

Por todo ello considera que «hay que aprender a ver, más aún, a contemplar también los nombres de las cosas».

«Narra la Biblia –recuerda el profesor Liverani– que al principio las cosas creadas no tenían aún un nombre y que Dios quiso precisamente que fuera el hombre quien “diera nombre” a las cosas, para que conociera su esencia y se situara respecto a ellas en una relación de verdad. La lengua es una invención de Dios, la antilengua algo demoníaco».

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ZENIT Staff

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