Benedicto XVI espera que el desarrollo económico en Asia esté acompañado por la libertad religiosa

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 8 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI espera que el gran desarrollo económico que tiene lugar en varios países de Asia esté acompañado también por el desarrollo en la libertad religiosa.

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El Santo Padre dedicó un apartado de su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, este lunes, a analizar las luces y sombras de ese continente en el que algunos de sus países están «caracterizados por una población muy numerosa y un gran desarrollo económico».

En particular mencionó China y la India, «países en plena expansión, deseando que su presencia creciente en la escena internacional conlleve beneficios para sus propias poblaciones y para las otras naciones».

Mencionó también Vietnam, «recordando su reciente adhesión a la Organización Mundial del Comercio».

El pensamiento del obispo de Roma se dirigió en particular a las comunidades cristianas. «En la mayor parte de los países de Asia se trata a menudo de comunidades pequeñas, pero vivas, que desean legítimamente poder vivir y actuar en un clima de libertad religiosa».

«Éste es un derecho primordial y al mismo tiempo una condición que les permitirá contribuir al progreso material y espiritual de la sociedad, actuando como elementos de cohesión y concordia», explicó.

El examen papal de ese continente se detuvo en Timor Oriental, país de un millón de habitantes en el que el 90% son católicos y, donde «la Iglesia católica se propone seguir ofreciendo su contribución, en particular en los sectores de la educación, de la sanidad y de la reconciliación nacional».

«La crisis política sufrida por este joven Estado, así como por otros países de la región, evidencia una cierta fragilidad de los procesos de democratización», subrayó el Santo Padre.

A continuación, denunció que «peligrosos focos de tensión se fraguan en la Península de Corea».

«Debe perseguirse en el marco de la negociación el objetivo de la reconciliación del pueblo coreano y la desnuclearización de la Península, que tantos efectos beneficiosos tendría en toda la región», afirmó.

En este sentido, consideró que «conviene evitar los gestos que puedan comprometer las negociaciones, sin condicionar por ello a sus resultados las ayudas humanitarias destinadas a las capas más vulnerables de la población norcoreana».

Benedicto XVI llamó la atención de los embajadores sobre «otros dos países asiáticos que son motivo de preocupación», Afganistán y Sri Lanka.

«En Afganistán –señaló–, es necesario deplorar, a lo largo de los últimos meses, el aumento notable de la violencia y los ataques terroristas, que dificultan el camino hacia una salida de la crisis gravando pesadamente sobre las poblaciones locales».

«En Sri Lanka –añadió–, el fracaso de las negociaciones de Ginebra entre el Gobierno y el Movimiento Tamil ha supuesto una intensificación del conflicto, que provoca inmensos sufrimientos entre la población civil. Sólo la vía del diálogo podrá garantizar un futuro mejor y más seguro para todos».

Su análisis asiático concluyó mencionando la emergencia que experimenta la paz en Oriente Medio y recordando que «las soluciones armadas no conducen a nada».

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ZENIT Staff

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