El ecumenismo, «proceso lento», con «pausas refrescantes», constata el Papa

En la víspera de la conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI constata que el ecumenismo es un «proceso lento», pero con «pausas refrescantes», que permite «respirar a pleno pulmón el aire purísimo de la plena comunión».

Así lo explicó este miércoles durante la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, dedicada a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que él mismo clausurará en Roma en la tarde de este jueves con unas vísperas ecuménicas en la Basílica de San Pablo Extramuros.

«El ecumenismo, explicó, es un proceso lento, es un camino lento y de subida, como todo camino de arrepentimiento», constató el Papa.

«Ahora bien, es un camino que, tras las iniciales dificultades y precisamente en ellas, presenta también grandes espacios de alegría, pausas refrescantes, y permite de vez en cuando respirar a pleno pulmón el aire purísimo de la plena comunión», afirmó.

Recordando el tema escogido para esta semana en 2007, «Hace oír a los sordos y hablar a los mudos» (Marcos 7, 37), el Papa consideró que «también nosotros podemos repetir estas palabras, que expresan la admiración de la gente ante la curación de un sordomudo realizada por Cristo, al ver el maravilloso florecimiento del compromiso por la recomposición de la unidad de de los cristianos».

«Al repasar el camino de los últimos cuarenta años, sorprende cómo el Señor nos ha despertado del sopor de la autosuficiencia y de la indiferencia; cómo nos hace cada vez más capaces de “escucharnos” y no sólo de “oírnos”; cómo nos ha soltado la lengua de manera que la oración que le elevamos tenga más fuerza de convicción para el mundo», reconoció.

«Sí, es verdad –añadió–, el Señor nos ha concedido muchas gracias y a la luz de su Espíritu ha iluminado muchos testimonios. Han demostrado que todo se puede alcanzar rezando, cuando sabemos obedecer con confianza y humildad al mandamiento divino del amor y adherir al anhelo de Cristo por la unidad de todos sus discípulos».

Recordando el decreto del Concilio Vaticano II «Unitatis redintegratio», el pontífice explicó que «el empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera, afecta tanto a los fieles como a los pastores, a cada uno según su propio valor, ya en la vida cristiana diaria, ya en las investigaciones teológicas e históricas».

«El primer deber común es el de la oración –indicó–. Rezando, y rezando juntos, los cristianos alcanzan una mayor conciencia de su condición de hermanos, aunque todavía estén divididos; y rezando aprendemos mejor a escuchar al Señor, pues sólo escuchando al Seño y siguiendo su voz podemos encontrar el camino de la unidad».

El sucesor de Pedro constató que «el ecumenismo es ciertamente un proceso lento, a veces quizá incluso desalentador cuando se cede a la tentación de “oír” y no de “escuchar”, de decir las verdades a medias, en vez de tener la valentía de proclamarlas».

«No es fácil salir de la “sordera cómoda”, como si el Evangelio inalterado no tuviera la capacidad de reflorecer, reafirmándose como levadura providencial de conversión y de renovación espiritual para cada uno de nosotros», consideró.

Según Benedicto XVI, «la búsqueda de la unidad entre los cristianos se realiza a diferentes niveles y en innumerables circunstancias: en las parroquias, en los hospitales, en los contactos entre la gente, en la colaboración entre las comunidades locales en todas las partes del mundo, y especialmente en las regiones donde cumplir un gesto de buena voluntad a favor de un hermano exige un gran esfuerzo y también una purificación de la memoria».

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ZENIT Staff

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