El Patriarca de Jerusalén explica a la «vocación» de vivir en Tierra Santa

En su mensaje para esta Cuaresma

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JERUSALÉN, viernes, 23 febrero 2007 (ZENIT.org).- Permanecer en la región para poder construir un futuro común con los demás credos, vivir el mandamiento de la caridad, poder perdonar y saber compartir bienes y sacrificios: así describe el patriarca latino de Jerusalén a sus fieles la «vocación» de vivir en Tierra Santa.

La Cuaresma ofrece una ocasión propicia para reflexionar sobre ello, según se desprende del mensaje de Su Beatitud Michel Sabbah para el tiempo litúrgico iniciado hace dos días.

«Con Jesús vamos al desierto de Jericó» propone, constatando dos aspectos: «El desierto que rodea Jericó es todavía el mismo donde Jesús ha querido ayunar y rezar antes de llevar su misión al mundo», y «Jericó es una pequeña ciudad-prisión, como todas las ciudades palestinas, símbolo de la situación de conflicto que se ha convertido en nuestro medio de vida».

De acuerdo con el patriarca de Jerusalén, uno de los sentidos del ayuno es « renovar la aceptación de nuestra fe con toda su fuerza liberadora y sus exigencias».

Y es que «tener la vocación de la levadura, de la sal y de la luz –señala a los fieles-, es una vocación a una vida difícil. Pero Jesús también nos dice: Si tenéis fe, podéis transportar las montañas (Mt 21,21)».

Así, «la fe auténtica, plenamente aceptada y vivida, compensa el pequeño número, aparta el miedo, y hace al creyente, aunque esté solo en su sociedad, capaz de contribuir a la construcción común», asegura.

«La vocación de ser levadura en la masa en la tierra misma de Jesús nos pide quedarnos en esta tierra, aunque la vida en otras tierras pueda ser más cómoda», subraya el patriarca Sabbah.

«La vocación de la levadura -continúa- es la vocación a vivir el mandamiento de la caridad, a fin de perdonar, aún reclamando todos los derechos perdidos».

También es la de «hacer de la vida un compartir de bienes y sacrificios que nos hace a todos, con todas nuestras diferencias de religión o nacionalidad, verdaderos constructores de la nueva sociedad que debe nacer en Tierra Santa para todos: judíos, drusos, musulmanes y cristianos», recalca el patriarca de Jerusalén.

Es consciente de que se trata de viven un llamamiento a «una vida difícil» en el prolongado conflicto de Palestina, el cual repercute también en Israel y Palestina.

Tal choque ofrece un panorama de ocupación, limitación de libertad, muros, barreras militares, privaciones, violencia de militares israelíes, falta de visión en la sociedad palestina y falta de seguridad, así como luchas intestinas, según describe Su Beatitud Michel Sabbah.

«A esto se suma -denuncia- la no respuesta o la incapacidad de la comunidad internacional para responder a las múltiples voces de paz que parten de la región».

«Esta situación puede ser una situación de muerte o de vida nueva»; el cristiano «es llamado a convertirla en una situación de vida nueva», propone en esta Cuaresma.

De ahí que el ayuno tenga, como objetivo, ante todo, «meditar y buscar la voluntad de Dios y su Providencia en las pruebas que vivimos» -aclara Su Beatitud Miche Sabbah-, y en segundo lugar «renovar nuestro amor unos por otros».

«Añadiendo el peso de las preocupaciones de nuestros hermanos a nuestras mismas preocupaciones, Dios se hace presente entre nosotros -recuerda-, según la palabra de Jesús: «Cuando dos o tres están reunidos en mi Nombre, Yo estoy en medio de ellos» (Mt 18,20)».

«Nos convertimos así en tres para llevar nuestras preocupaciones: nosotros, nuestro hermano y Dios», lo que nos fortalece y a la vez aligera la carga, recalca el patriarca latino de Jerusalén.

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ZENIT Staff

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