La obra de caridad de la Iglesia en China sigue adelante

Habla el cardenal Joseph Zen, obispo de Hong Kong

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 8 marzo 2007 (ZENIT.org).- Caritas Internacional ha celebrado una serie de reuniones en Roma esta semana sobre China. Los delegados afrontaron las necesidades humanitarias y de desarrollo del pueblo chino y la manera en que pueden ofrecer su ayuda las agencias ligadas a la Iglesia.

China es una sociedad profundamente dividida de 1,3 miles de millones de personas Ha experimentado un crecimiento económico sin precedentes en la última década que ha sacado a muchos de la pobreza. Pero millones más han sido dejados atrás. Unos 160 millones de personas viven con menos de un dólar al día, mientras que 480 millones viven con menos de dos dólares.

Los problemas incluyen la pobreza rural, la migración económica, una población envejecida, y la falta de atención sanitaria para ayudar a grupos vulnerables tales como los discapacitados. Por ejemplo, hay más de 144 millones de personas de más de 60 años pero sólo diez camas de residencia para cada mil ancianos.

El cardenal Joseph Zen, salesiano, obispo de Hong Kong, asistió a las reuniones de Caritas. Habló con Nancy McNally de Caritas Internacional sobre el trabajo de la Iglesia y Caritas.

–¿Cómo trabaja Caritas en China?

–Cardenal Zen: Trabajamos con el apoyo de tres organizaciones chinas de Caritas en Macao, Hong Kong y Taiwán, así como diferentes miembros de la Confederación de Caritas Internacional.

Donde Caritas está bajo la dirección de un obispo, llevamos a cabo trabajo de servicios sociales. Pero sigue siendo muy local en cada caso, ya que a nivel nacional no hay una Conferencia Episcopal que pueda encargarse de la organización y orientación. Lo que podemos hacer es ayudar a construir los servicios diocesanos de las Caritas locales y ayudarles a mejorar.

Hacemos un trabajo muy discreto en China. Nuestros proyectos son limitados en sus fines. Lo que hacemos tiene el pleno acuerdo y usualmente el elogio de las autoridades locales, porque realmente estamos ayudando a la gente. Pero si tus proyectos empiezan a convertirse en demasiado grandes o demasiado prominentes, pueden empezar a causarte problemas porque temen que tú también ganes poder.

Por supuesto, nunca hacemos proselitismo. Pero ¿pueden ellos decir con seguridad que si tú no lo estás haciendo hoy no lo harás mañana?

Caritas es católica, y debe siempre estar bajo la jerarquía católica. Y la caridad no puede ser separada de la fe: es otra cara de la misma Iglesia. Pero el trabajo que hacemos es social en su naturaleza, que es más aceptable. Así nos presentamos como Caritas, pero esperamos que en China un día la actividad estrictamente religiosa sea también aceptada.

–¿Qué piensan del nuevo desarrollo económico de China?

–Por supuesto el progreso económico es una realidad, pero no es todo tan simple Hay muchos problemas y muchos nuevos problemas que vienen con él. Hay corrupción a gran escala. La brecha entre ricos y pobres se agranda. Aunque hay gran progreso económico, los beneficios no se filtran a la sociedad, por ejemplo, en los sistemas sanitario y educativo.

–Parece haber un impasse en las relaciones entre el Gobierno chino y la Santa Sede, especialmente sobre el reciente nombramiento de obispos. ¿Cómo es posible avanzar?

–Cardenal Zen: Debería haber un toma y daca por ambas partes pero esto no está sucediendo. Sobre el tema de quién tiene la autoridad de nombrar obispos, pienso que el modelo vietnamita es bueno para China, pero a ellos no les agrada este modelo. En este modelo, la Santa Sede presenta una lista de candidatos a obispos al Gobierno chino, al Gobierno se le da la oportunidad de comentar, y después la Santa Sede hace su decisión teniendo en cuenta este intercambio. Es bastante bueno. Ellos tienen la oportunidad de hacer una objeción política. Sin embargo, los funcionarios del Gobierno no son capaces de saber qué cualidades se necesitan en un obispo.

–A pesar de estas actuales dificultades, ¿cree que al final seguirá habiendo progresos?

–Cardenal Zen: Hay gente que disfruta de ciertas ventajas gracias al actual sistema. Tienen poder y dinero gracias a él, de manera que no desean que cambie. Por ello están creando problemas, pero esperamos que las más altas autoridades reconozcan que es el momento de cambiar. Esperamos que las más altas autoridades nos permitan negociar porque hay la posibilidad de entablar una buena solución.

Nosotros decimos que China debe tener ante todo libertad religiosa. El Gobierno chino ha postergado esta petición y ha causado mucho sufrimiento a la gente. Necesitan vivir en armonía. No hay razón para resistirse a la normalización de los lazos entre nosotros. No sabemos lo que sucederá. Todo lo que podemos hacer es rezar.

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ZENIT Staff

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