El cardenal Martino propone buscar un nuevo orden económico

«Para la distribución equitativa de los bienes de la tierra» 

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SANTIAGO DE CHILE, jueves, 2 octubre 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Renato Raffaele Martino, en plena crisis financiera, considera que es necesario buscar un nuevo orden económico para una distribución más equitativa de los bienes de la tierra.

El purpurado, que se encuentra en Chile, invitado por la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Chilena, intervino en la XI Jornada del Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI) «Jóvenes y Migración», desarrollada el 30 de septiembre en el Aula Magna de la PUC.

Con la exposición titulada «El desafío de las migraciones en un mundo globalizado», el representante de la Santa Sede, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y del Consejo Pontifico para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes hizo un amplio y concreto análisis de la realidad migratoria a nivel mundial.

El cardenal Martino fue recibido por el presidente de INCAMI, obispo de Melipilla, Enrique Troncoso, quien –ante un centenar de personas–, dio pie a la jornada con un relato introductorio acerca de la situación migratoria en Chile. El cardenal además compartió mesa con otros tres expositores representantes del mundo civil, especialistas en la materia a nivel internacional, latinoamericano y nacional. Moderó el encuentro el vicepresidente de INCAMI, Algacir Munhak.

Luego de hacer referencia y recomendar a los presentes la lectura del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia-, el cardenal reconoció con alegría la postura del gobierno de Chile, en la alusión a la reciente creación del Consejo de Política Migratoria. «Las medidas adoptadas en el mes de septiembre son importantísimas para el tratamiento y la ayuda que los inmigrantes necesitan como seres humanos», dijo.

«El fenómeno migratorio plantea un auténtico problema ético: la búsqueda de un nuevo orden económico internacional para lograr una distribución equitativa de los bienes de la tierra. De aquí la necesidad de un compromiso más firme para crear sistemas educativos y pastorales con miras a una formación al sentido de la ‘mundialidad’, a una nueva visión de la comunidad mundial considerada como familia de pueblos a la que están destinados los bienes de la tierra dentro de una perspectiva del bien común», manifestó.

Analizó los aportes positivos y negativos de la globalización. «Se han fortalecido algunas economías débiles; se ha reducido la impresión de aislamiento en los países más pobres; las ayudas que llegan del exterior y de las Organizaciones Internacionales han aportado beneficios: ha aumentado la alfabetización y se ha limitado la difusión de muchas enfermedades; en fin, en algunas zonas ha progresado el PIB y la agricultura». 

Sin embargo, dijo, «Las multinacionales económicas y las organizaciones políticas internacionales han adquirido una importancia creciente, en perjuicio de los Estados que están perdiendo siempre más poder. La globalización ha llevado a una radicalización del desarrollo industrial y a la explotación intensiva de los recursos medioambientales lo que crea problemas ecológicos a escala planetaria».

Añadió que «la globalización ha creado, por decirlo así, un nuevo mercado del trabajo y, por consiguiente, anima a emigrar. Otro factor que estimula a las personas a hacerlo es la aspiración humana a buscar condiciones de vida mejores. Hay que señalar, además, el deseo de huir de la miseria; de las calamidades naturales y de los conflictos locales e internacionales, así como de las persecuciones políticas y religiosas, valiéndose también de la reunificación familiar. En fin, hay que destacar que la globalización de las comunicaciones ha dado mayor impulso a la ilusión de que la vida en el exterior es mas fácil y satisfactoria, provocando la fuga de millones de personas de sus países de origen».

Junto con afirmar que las migraciones «son uno de los fenómenos más problemáticos y controvertidos del mundo globalizado, tanto por sus causas como por sus consecuencias», sostuvo que «la globalización ha abierto los mercados a nivel internacional, pero no ha derrumbado los muros de las fronteras nacionales para permitir una libre circulación de las personas. El fenómeno migratorio plantea un auténtico problema ético: la búsqueda de un nuevo orden económico internacional para lograr una distribución equitativa de los bienes de la tierra.

De allí, agregó, «la necesidad de un compromiso más firme para crear sistemas educativos y pastorales con miras a una formación al sentido de la ‘mundialidad’, a una nueva visión de la comunidad mundial considerada como familia de pueblos a la que están destinados los bienes de la tierra dentro de una perspectiva del bien común».

En su intervención, el cardenal Martino también abordó las problemáticas asociadas a la familia y especialmente la realidad del joven migrante, así como a la feminización de la migración.

Además, se detuvo en la labor pastoral específica. «La Iglesia ha prestado siempre una particular atención a los que han dejado sus casas y sus familias, lo testimonia la instrucción «Erga migrantes caritas Christi» de nuestro Pontificio Consejo», remarcó.

«El actual mundo globalizado compromete a la Iglesia a afrontar, día tras día, las causas que provocan las oleadas migratorias y las consecuencias existenciales a las que se ven sometidos los inmigrados. La misión de la Iglesia consiste, pues, en prestar socorro especialmente a los inmigrados que tienen dificultades para sobrevivir, ayudarles a encontrar un trabajo y una vivienda dignos, y a insertarse en el tejido social de la Nación que los acoge. La Iglesia está cerca de los emigrados, de las víctimas del tráfico de vidas humanas, de todos los que están implicados en el fenómeno de la movilidad humana, y está llamada a comprender sus problemas, a apoyar sus justas reivindicaciones, a defender su causa en los distintos contextos y en cada uno de los Países receptores, para promover leyes que contribuyan a mejorar su vida», manifestó el prelado.

La jornada prosiguió con ponencias de especialistas del mundo civil. La primera estuvo a cargo de la jefa de la Misión OIM Chile, Gabriela Rodríguez Pizarro, quien desarrolló el tema «Migraciones, Migrantes y Desafíos de Integración».

Le siguió, con «Tendencias de las Migraciones Juveniles en América Latina», Jorge Martínez, representante del Área de Población y Desarrollo, Celade – División de Población Cepal.

Y finalmente habló la jefa del Departamento de Extranjería y Migración, Ministerio del Interior – Gobierno de Chile, Carmen Gloria Daneri,  con la exposición «Aportes de las Nuevas Migraciones para Chile».

Para más información: www.incami.cl.

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ZENIT Staff

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