Proposiciones al Papa aprobadas por el Sínodo (11 a 15)

Caridad, Ley natural, Liturgia y homilías

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 30 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la traducción al español de las Proposiciones 11 a 15 de la última Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos –cuyo texto oficial está en latín–, objeto de voto personal por parte de los padres sinodales, y destinadas al Sumo Pontífice.

El texto en latín, por su naturaleza, es reservado y no será publicado, para respetar el carácter consultivo de la asamblea sinodal. Este texto, como su nombre indica, tiene carácter propositivo.

Las proposiciones 6 a 10 pueden leerse en el servicio del 28 de octubre de ZENIT.

Proposición 11

Palabra de Dios y caridad hacia los pobres

Unos de los rasgos característicos de la Sagrada Escritura es la revelación de la predilección de Dios por los pobres (cf. Mt 25, 31-46). Jesús de Nazaret, Palabra de Dios encarnada, pasó por este mundo haciendo el Bien (cf. Hechos 10, 35). La Palabra de Dios, acogida con disponibilidad, genera abundantemente en la Iglesia la caridad y la justicia hacia todos, y sobre todo hacia los pobres. Como enseña la encíclica Deus Caritas Est, los primeros que tienen derecho al anuncio del Evangelio son justamente los pobres, necesitados no sólo de pan sino también de palabras de vida.

Sin embargo, los pobres no sólo son los destinatarios de la caridad sino también agentes de evangelización, en tanto en cuanto están abiertos a Dios y son generosos en compartir con los demás. Los pastores están llamados a escucharles, a aprender de ellos, a guiarles en su fe y a motivarles a ser artífices de su propia historia. Los diáconos encargados del servicio de la caridad tienen una responsabilidad especial en este ámbito. El Sínodo les anima en su ministerio.

Proposición 12

Inspiración y verdad de la Biblia

El Sínodo propone que la Congregación para la Doctrina de la Fe aclare los conceptos de inspiración y de verdad de la Biblia, así como su recíproca relación, de modo que se comprenda mejor la enseñanza de la Dei Verbum.

En concreto, hay que poner de relieve la originalidad de la hermenéutica bíblica católica en este campo.

Proposición 13

Palabra de Dios y Ley natural

Los Padres sinodales son bien conscientes de los grandes desafíos del actual momento histórico. Uno de ellos tiene que ver con el enorme desarrollo que ha efectuado la ciencia respecto al conocimiento de la naturaleza.

Paradójicamente, cuanto más aumenta este conocimiento menos se logra ver el mensaje ético que proviene de la misma. En la historia del pensamiento, ya los antiguos filósofos solían llamar a este principio ‘lex naturalis’ o ley moral natural. Como ha recordado el papa Benedicto XVI, esta expresión parece que se ha hecho hoy incomprensible “a causa de un concepto de naturaleza no ya metafísico, sino solamente empírico. El hecho de que la naturaleza, el ser mismo no sea ya permeable a un mensaje moral, crea un sentido de desorientación que hace precarias e inciertas las decisiones de la vida cotidiana” (12 de febrero de 2007).

A la luz de la enseñanza de la Sagrada Escritura, como lo recuerda sobre todo el apóstol Pablo en la Carta a los Romanos (cf. Rm 2, 14-15), es bueno subrayar que esta ley está escrita en lo profundo del corazón de cada persona y cada uno puede acceder a ella. Su principio basilar es que se debe “hacer el bien y evitar el mal”; una verdad que se impone con evidencia a todos y de la que derivan otros principios que regulan el juicio ético sobre los derechos y deberes de cada uno. Es bueno recordar que también nutriéndose de la Palabra de Dios aumenta el conocimiento de la ley natural y permite el progreso de la conciencia moral. El Sínodo, por tanto, recomienda a todos los pastores que tengan una solicitud especial en que los ministros de la Palabra sean sensibles al redescubrimiento de la ley natural y a su función en la formación de las conciencias.

Segunda parte

La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia

Proposición 14

Palabra de Dios y Liturgia

La asamblea, convocada y reunida por el Espíritu para escuchar la proclamación de la Palabra de Dios, resulta transformada por la misma acción del Espíritu que se manfiesta en la celebración.

En efecto, donde está la Iglesia allí está el Espíritu del Señor; y donde está el Espíritu del Señor, allí está también la Iglesia (cf. San Ireneo, ‘Adversus Haereses’, III, 24, 1).

Los padres sinodales reafirman que la liturgia es el lugar privilegiado en el que la Palabra de Dios se expresa plenamente, tanto en la celebración de los sacramentos como sobre todo en la Eucaristía, en la Liturgia de las Horas y en el Año Litúrgico. El misterio de la salvación narrado en la Sagrada Escritura encuentra en la liturgia el propio lugar de anuncio, de escucha y de actuación.

Por este motivo, se exige por ejemplo que:

– El libro de la Sagrada Escritura, incluso fuera de la acción litúrgica, tenga un lugar visible y de honor en la iglesia.

-Debería animarse al uso del silencio tras la primera y segunda lectura, y, acabada la homilía, como sugiere la Ordenación General del Misal Romano (cf. n. 56).

-Se pueden prever también celebraciones de la Palabra de Dios, centradas en las lecturas dominicales.

-Que se proclamen las lecturas de la Sagrada Escritura desde libros litúrgicos dignos, o sea los Leccionarios y el Evangeliario, que serán tratados con el más profundo respeto por la Palabra de Dios que contienen.

-Que se ponga en valor el Evangeliario con una procesión anterior a la proclamación, sobre todo en las solemnidades.

-Que se evidencie el papel de los servidores de la proclamación: lectores y cantores.

-Que se formen adecuadamente los lectores y lectoras, de modo que puedan proclamar la Palabra de Dios de manera clara y comprensible. Que estos sean invitados a estudiar y testimoniar con la vida los contenidos de la Palabra que leen.

-Que se proclame la Palabra de Dios de modo claro, con dominio de la dinámica de la comunicación.

-Que no se olviden, en especial en la Liturgia eucarística, las personas para las cuales es difícil la recepción de la Palabra de Dios, comunicada en los modos usuales como las personas con discapacidad visiva o auditiva.

-Que se haga un uso competente y eficaz de los instrumentos acústicos.

Además, los padres sinodales sienten el deber de recordar la grave responsabilidad que tienen quienes presiden la santa Eucaristía para que no se sustituyan nunca los textos de la Sagrada Escritura por otros textos. Ningún texto de espiritualidad o de literatura puede alcanzar el valor y la riqueza contenida en la sagrada Escritura, que es Palabra de Dios.

Proposición 15

Actualización homilética y “Directorio sobre la homilía”

La homilía hace que la Palabra proclamada se actualice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que habéis escuchado con vuestros oídos” (Lc 4,21). Ella conduce al misterio que se celebra, invita a la misión y comparte las alegrías y los dolores, las esperanzas y los temores de los fieles, disponiendo así a la asamblea tanto a la profesión de fe (Credo), como a la oración universal de la misa.

Debería haber una homilía en todas las misas “cum populo”, incluso durante la semana. Es preciso que los predicadores (obispos, sacerdotes, diáconos) se preparen en la oración, para que prediquen con convicción y pasión. Deben hacerse tres preguntas:

-¿Qué dicen las lecturas proclamadas?

-¿Qué me dicen a mí?

– ¿Qué debo decir a la comunidad, teniendo en cuenta su situación concreta?

El predicador debe sobre todo dejarse interpelar el pri
mero por la Palabra de Dios que anuncia. La homilía debe ser alimentada por la doctrina y transmitir la enseñanza de la Iglesia para fortificar la fe, llamar a la conversión en el marco de la celebración y preparar a la actuación del misterio pascual eucarístico.

Para ayudar al predicador, en el ministerio de la Palabra, y en continuidad con la enseñanza de la Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis (n. 46), los padres sinodales desean que se elabore un “Directorio sobre la homilía”, que debería exponer, junto a los principios de la homilética y del arte de la comunicación, el contenido de los temas bíblicos que aparecen en los leccionarios que se usan en la liturgia.

Traducido del italiano por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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