El arzobispo de París alaba la “vitalidad y santidad” de la Iglesia ortodoxa rusa

Tras su viaje a Moscú, invitado por el Patriarca Alejo II

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PARÍS, martes 4 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- El arzobispo de París y presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, cardenal André Vingt-Trois, afirmó que ha encontrado en Rusia «una Iglesia viva y santa, fuerte por el testimonio de sus mártires», en un comunicado al término de su viaje a Moscú la semana pasada.

El purpurado, que realizó este viaje-peregrinación invitado por el Patriarca ruso Alejo II, devolvía así la visita de éste a París, que tuvo lugar el 3 de octubre del año pasado, y en la que ambos rezaron junto en la catedral de Notre-Dame ante la reliquia de la Corona de espinas del Señor.

En esta ocasión, el cardenal de París y su séquito acudieron a Moscú «para honrar al martirio de la Iglesia ortodoxa durante el periodo soviético y a la acción de esta Iglesia en la sociedad postcomunista», según un comunicado hecho público por la archidiócesis francesa.

Durante su estancia en Moscú, el cardenal Vingt-Trois tuvo ocasión de venerar a los mártires de la Iglesia ortodoxa, especialmente a los del gulag de Solovki, y de visitar la tumba del padre Alexandre Men, asesinado en 1989.

En otro momento, tuvo ocasión de rezar junto con la comunidad católica de Moscú y con su arzobispo, monseñor Paolo Pezzi, en la catedral de la Inmaculada Concepción.

También mantuvo encuentros con los profesores y alumnos de la Academia de Teología de la Trinidad-San Serge, la más antigua y grande escuela teológica de la Iglesia Ortodoxa rusa, fundada en 1685.

 

En un comunicado a la vuelta de su viaje, el cardenal afirmó que el encuentro que mantuvo durante esos días con el Patriarca Alejo II fue «sencillo y fraterno», y que en él hablaron, entre otras cuestiones, sobre «la importancia de la transmisión de la fe a los jóvenes y la posibilidad de un intercambio de reliquias entre la Iglesia ortodoxa rusa y la Iglesia católica francesa» para dar a conocer a los fieles «los tesoros de la santidad de las diferentes tradiciones».

El purpurado aludió también a la «vitalidad de la Iglesia ortodoxa rusa, por ejemplo a través de sus numerosas reconstrucciones de iglesias y monasterios, el número de bautizos de niños y adultos, y las vocaciones monásticas y sacerdotales».

En unas declaraciones al diario L’Osservatore Romano previas a su visita a Moscú, el cardenal Vingt-Trois explicó que su viaje, junto con los anteriores de los cardenales Tettamanzi y Sepe, ayudan a «acrecentar las relaciones con el Patriarcado de Moscú, y las relaciones ecuménicas que no existían anteriormente», en un clima «que ha mejorado mucho respecto a hace diez o quince años».

«Creo interpretar el deseo, la voluntad de Alejo II de entrar en una relación más abierta con la Iglesia católica. En el progreso de la unidad de los cristianos, la cuestión de la confianza es fundamental: si no existe confianza mutua, la unidad no puede progresar», explicó.

Sobre su visita a Solovki, el purpurado explicó que este antiguo monasterio «se transformó trágicamente en el primer gulag», donde fueron martirizados obispos, sacerdotes y religiosos ortodoxos, pero también católicos, «los cuales se encontraron no solo en el mismo estado de prisión, sino dentro de la misma persecución».

«Es muy importante que las relaciones con la Iglesia ortodoxa rusa reconozcan y manifiesten esta dimensión fundamental de martirio, del reconocimiento de la ‘promesa ecuménica’ de un martirio, el mismo, sufrido por ortodoxos y católicos».

Por Inma Álvarez

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ZENIT Staff

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