Los esposos Martin como modelo de santidad

Los padres de Teresa de Lisieux, recordados en la liturgia el día de su matrimonio

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ROMA, lunes 24 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Por primera vez con la beatificación de los esposos Martin -padres de santa Teresa del Niño Jesús-, la Iglesia estableció que la conmemoración de estos esposos sea el día de su matrimonio, y no el de su fallecimiento, como suele suceder.

«Con ello entiendo que la Iglesia desea señalar la importancia de la unión matrimonial como camino de santificación y fuente de elevación de la sociedad», revela a ZENIT la profesora Eva Carlota Rava, argentina y afincada en Roma donde enseña teología espiritual en la Pontificia Universidad Lateranense.

Esta docente, que estuvo en el santuario de Lisieux para la beatificación de Louis Martin y de Zélie Guérin, aclara que os padres de Teresita han sido declarados beatos no por ser padres de una santa por sí mismos y sus virtudes heroicas. 

El día de la beatificación coincidió con el DOMUND, el Domingo Mundial de las Misiones, y con el décimo aniversario de la proclamación de Santa Teresita de Lisieux como Doctora de la Iglesia por Juan Pablo II. 

Es sólo la segunda vez que un matrimonio es elevado a los altares: el primero fue el de Luigi Beltrami Quatrocchi y Maria Corsini. 

Rava es miembro de la Asociación de Vírgenes consagradas de derecho pontificio «Servidoras», y enseña Teología Espiritual en el Seminario de Mercedes-Luján (Argentina). 

–¿Qué significa la beatificación de los padres de una joven santa? 

–Rava: Ante todo hay que aclarar como ya fue hecho en varias ocasiones que el fundamento de la beatificación de los padres de Teresita, no es la santidad de su hija sino las virtudes heroicas que ellos vivieron en su vida de esposos y padres. 

Sin embargo la beatificación de los esposos Martin pone de manifiesto la importancia que tiene el ambiente familiar y la concreta educación dada, para la formación de los hijos, educación integral sellada por la vida de la fe, enseñada sin duda con la palabra pero sobre todo con el ejemplo cotidiano. Si Teresita es como dijo Pío XI «la santa más grande de los tiempos modernos», esto se explica en parte por el padre y la madre extraordinarios que ella tuvo. 
 

Usted estuvo en Lisieux el día de la beatificación. ¿Qué destacaría de aquel ambiente festivo en comparación con otras beatificaciones a las que ha asistido? 

–Rava: Tuve la gracia de poder ir a Lisieux para la beatificación y creo que la alegría de ese día permanecerá para siempre adentro de quienes asistimos a ella. Si bien he participado de otras beatificaciones, fue siempre en Roma. Es la primera vez que puedo asistir a una en el lugar de origen del beato y eso la hizo más cercana. Lo que más me impresionó fue el clima tan familiar de ese día: había gente de muy distintos lugares y continentes, no sólo de Europa sino también de África y de Asia unidos todos por la común devoción a Teresita y a sus padres, así como mucha gente joven y matrimonios con sus chicos. Fue como si fuera la fiesta de una misma y gran familia. A ello se añadió que fue un día radiante, tibio, realmente primaveral como Teresita lo hubiera deseado. 

–¿Por qué no hay más santos laicos y casados? 

–Rava: En los primeros siglos de la Iglesia había laicos, jóvenes de distintas profesiones, familias reconocidos como santos como Santa Cecilia, su esposo Valeriano y su cuñado, o bien San Vitale y su esposa Santa Valeria con sus hijos Gervasio y Protasio, mártires. 

Pero con el transcurso de los siglos si bien la santidad siempre fue una vocación universal, en la práctica pastoral se privilegió la vida retirada del mundo, la práctica de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia y la profesión de los mismos como estado de perfección. 

El laico en la medida en que está inmerso en el mundo y tiene obligaciones de caracter temporal, pareció relegado a un cristianismo menos exigente y comprometido. 

En la historia de la espiritualidad hay que esperar a San Francisco de Sales y luego a la misma Santa Teresita para que en el orden pastoral la santidad sea cada vez más un llamado universal dirigido a todos y accesible a todos. Esa es la «novedad» del Vaticano II. 

A partir del pontificado de Juan Pablo II cada vez más la Iglesia se interesó en promover las causas de los laicos que vivieron su fe cristiana asumiendo en modo heroico todos sus compromisos temporales. Creo que esto explica en parte los pocos santos o beatos laicos. 
 

¿Qué influencia positiva puede acarrear el modelo del matrimonio Martin, los padres de santa Teresa de Lisieux? 

–Rava: En general los beatos y santos son recordados en la litugia el día de su muerte. Por primera vez con la beatificación de los esposos Martin, la Iglesia estableció que la conmemoración de estos esposos sea no el día de su fallecimiento sino el de su matrimonio. Con ello entiendo que la Iglesia desea señalar la importancia de la unión matrimonial como camino de santificación y fuente de elevación de la sociedad.  

Si bien los Martin vivieron en un período histórico y en circunstancias muy distintas a las nuestras, su experiencia nos sirve de ejemplo en muchos aspectos.  

Nos enseñan ante todo la verdad de las palabras de Jesús: «Buscad el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura». En efecto,conocieron la felicidad de un amor cristiano esponsal y familiar generoso y profundo y experimentaron la fortaleza necesaria para afrontar todos los sacrificios. Si bien sufrieron la perdida de 4 hijos pequeños, las dificultades y exigencias de un trabajo indispensable para sostener la familia, y graves enfermedades -ella murió de cáncer a los 46 años y su esposo, ya viudo, padeció de arterioesclerosis cerebral-, siempre prevaleció el amor,la confianza y la gratitud entre ellos y para con Dios. 

También nos sirve de ejemplo el modo cómo supieron conciliar y encarar las exigencias del trabajo muchas veces agotador, con las de la familia, educando con amorosa y firme dedicación a cada uno de sus hijos y encontrando en la práctica religiosa aliento para superar todos los obstáculos.  

Los esposos Martin muestran además que la familia no es un ámbito cerrado sobre sí mismo sino abierto a los demás. A todos los que entraron en contacto con ellos, manifestaron solicitud y ayuda: las obreras que trabajaban para la empresa familiar del «Punto de Alençon», las domésticas, los pobres de la ciudad…Dieron además testimonio de su espíritu cristiano viviendo con patriotismo pero sin odios, y con compasión los duros momentos de la guerra franco-alemana cuando tuvo por escenario Alençon y sus alrededores. 

El matrimonio de Luis Martin y Zelia Guérin puede dar luz y fuerza a los esposos y padres cristianos para hacer de su vida matrimonial una fuente de alegría y un camino para santificarse santificando. Dan testimonio que la familia cristiana cuando está animada por el amor recíproco es el ámbito donde cada uno –padres e hijos– puede crecer y desarrollarse hasta alcanzar la santidad y dar con ello un aporte insustituible a la sociedad y a la Iglesia. 

Por Miriam Díez i Bosch

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ZENIT Staff

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