150 años después, san Juan Bosco vive en los auténticos educadores

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Entrevista a la nueva Madre General de las Salesianas

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ROMA, martes, 10 febrero 2009 (ZENIT.org).- Al comenzar las celebraciones por los 150 años de fundación la Congregación Salesiana, la nueva superiora general de la rama femenina, la madre Yvonne Reungoat, ha ofrecido una entrevista a ZENIT en la que confiesa que aceptar esta responsabilidad ha sido como recibir del Señor el regalo de una nueva la maternidad.

Después de 136 años de superioras generales italianas, la comunidad de las Hijas de María Auxiliadora cuenta desde octubre en su guía con una religiosa francesa, de 63 años de edad, licenciada en Historia y Geografía, a quien le sobran fuerzas y ganas para continuar el camino de san Juan  Bosco, en el que «la educación es la base de la construcción de la sociedad del futuro».

–¿Qué siente al haber sido elegida Madre Superiora de las Salesianas?

–Madre Yvonne Reungoat: Cuando fui elegida, fue una sorpresa. No me esperaba esta elección. Ahora bien, si se sabe que cuando se da la vida por el Señor Él puede pedir lo que quiera y que a menudo no corresponde con lo que queremos nosotros, en un instituto religioso Él puede pedir cualquier misión.

Fue un momento de sorpresa, un poco también de desconcierto, pero siempre de mucha confianza. Hasta ahora mi vida ha intentado ser un regalo para Él. Lo más importante es que mi vida pertenece al Señor. Me ha guiado a menudo para sentirle, inesperadamente, y en este momento ha salido a mi paso y no podía decir que no a lo que el Señor me pedía. Cuando una se siente pequeña ante una misión que la es confiada, se siente pobre y en ese momento se siente con más fuerza la necesidad de confianza y de ayuda. Ha sido un momento de gran confianza en Él y en María, María Auxiliadora, porque don Bosco y nuestra fundadora, la madre María Mazzarello, decían siempre que María Auxiliadora era la antigua fundadora del instituto. De modo que me he sentido como tomada de la mano por ella, y sentía que me decía: «tú eres la vicaria, la verdadera superiora», y esto me ha dado muchísima confianza. La siento presente en mi vida y cuento con ella.

He tenido la experiencia de sentir que el Señor, al mismo tiempo, me pedía y me hacía el regalo de una nueva maternidad: la de llevar en el corazón a todas las hijas de María Auxiliadora del mundo, que son muchas. Y con ellas, a tantos jóvenes, tantos laicos que comparten la misión con nosotras, en el mundo entero. Esto es una experiencia bellísima.

–¿Lo había alguna vez imaginado?

–Madre Yvonne Reungoat: No, nunca lo había imaginado. No podía imaginarlo porque no me habría sentido capaz de vivir una misión como ésta, a pesar de saber que podría ocurrir… Nuestra constitución dice que puede ser elegida madre general cualquier hija de María Auxiliadora tras un cierto número de años de profesión, pero sinceramente no lo había pensado realmente.

–¿Qué ha cambiado en su vida desde ese momento?

–Madre Yvonne Reungoat: Desde el punto de vista personal, por el momento no ha cambiado mucho, pero sí ha cambiado el sentido de responsabilidad. Ahora ya no puedo pensar en mí, sino que cada instante de mi vida se convierte en un regalo para los demás, un regalo para mis hermanas, para todo el instituto. He tenido la experiencia de sentir una llamada grande, ante todo a la santidad, porque pienso que lo más importante es la calidad con la que donas la vida al Señor, dejarse arrebatar por Él para poder ser un canal suyo por el que Él mismo pueda pasar.

Después se siente la responsabilidad de ser vínculo de comunión de una familia grande como la nuestra, que se extiende por los cinco continentes, con hermanas que pertenecen a culturas diferentes, con una diversidad muy grande, llamada a ser una interrelación continua y a llevar juntos en unidad una misión común a las jóvenes generaciones.

–¿Qué ofrecen los salesianos al mundo actual de hoy?

–Madre Yvonne Reungoat: Los salesianos y salesianas lo que podemos ofrecer al mundo de hoy es una misión educativa, un compromiso en el campo de la educación. Hoy se habla tanto, y Benedicto XVI lo recuerda muchas veces, de que estamos viviendo un momento de emergencia educativa. Nosotros vivimos la experiencia de esta emergencia educativa como algo que se da en todas las partes del mundo. La sentimos cada vez más como nuestra responsabilidad y como la actualidad de nuestro carisma: educar a los jóvenes de hoy, teniendo en cuenta el gran desafío de una sociedad que cambia continuamente con mucha rapidez; estar en continua búsqueda para responder a estos retos, teniendo presente el proyecto que Dios quiere para la humanidad.

Esto quiere decir construir la familia humana y pensamos que la educación es la base de la construcción de la sociedad del futuro. Esto también lo recuerda el Papa Benedicto XVI en muchos de sus discursos.

Esta misión educativa para nosotros es una gran responsabilidad, pero también un gran estímulo, un reto que nos compromete no sólo a nosotros, sino también a muchos laicos que colaboran con nosotros. Por eso hay que crear una sinergia, entrar cada vez más en sinergia con otras instituciones que buscan esforzarse en este mundo de la educación.

–¿Qué significa continuar el camino de Don Bosco y de Madre Mazzarello?

–Madre Yvonne Reungoat: Continuar el camino de don Bosco y de la madre Mazzarello hoy es esto, es hacer hoy actual este carisma educativo: vivir el estilo pedagógico, que es el estilo del «sistema preventivo». Quiere decir que se fundamenta en la confianza en los jóvenes, en la debilidad, hacer sentir a los jóvenes que son amados, pero no sólo que lo sepan, sino que se les demuestre este amor para que puedan llegar a creer que realmente Dios les ama y ayudarles a descubrir y desarrollar todos sus recursos para que lleguen a ser protagonistas en la construcción de la sociedad de hoy y de mañana.

Intentaré anunciar a Jesús a los jóvenes. Don Bosco tenía esta gran pasión de ayudar a los jóvenes a crecer como seres humanos, buscar su lugar en la sociedad y en la Iglesia y descubrir el lugar de Dios, la presencia de Dios en sus vidas. Creer que son amados por Dios y no solo esto, a partir de esta experiencia convertirse en predicadores de Jesús para el resto de los jóvenes. Este es un reto importante para nosotros: hacer a que los jóvenes sean protagonistas de este anuncio y que se conviertan en misioneros en medio de los otros jóvenes para ayudarles a encontrar el sentido de sus vidas. Los jóvenes de hoy necesitan amor, necesitan este sentido de vida, que en realidad pueden encontrar en Dios y todos juntos debemos ser testigos para poder ayudarles a encontrar a Dios, Persona viva, que está cerca de ellos, que da sentido a sus vidas.

–¿Cómo se da fuerzas a sí misma para llevar a cabo esta responsabilidad?

–Madre Yvonne Reungoat: Me fortalecen diversos elementos. Uno es el sentir que no estoy sola. Decía al principio que confiar en Dios y en María Auxiliadora es una fuerza muy grande. Me siento sostenida por la oración, por la entrega y el afecto de todas mis hermanas de todo el mundo. Me siento parte de una familia: nos sostenemos las unas a las otras. Constato el compromiso y la entrega de tantas hijas de María Auxiliadora en todo el mundo que con tanto valor, tanta alegría y tanto amor regalan con pasión toda su vida a su misión.

Otro elemento que me sostiene son las vocaciones que el Señor sigue mandando al instituto desde diversas partes del mundo. Las vocaciones son más numerosas en algunas partes y menos en otras, pero en todo el mundo cada año entran un cierto número de jóvenes que siguen sintiendo esta llamada de Dios y que eligen responder «sí» a nuestra familia. Esto es una señal de la confianza de Dios en nosotras, de la importancia de nuestras vocaciones y una renovación continua, porque ellas nos aportan su propia riqueza de jóvenes de hoy y esto es un gran sustento para vivir esta misión.

Por María de la Torre

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ZENIT Staff

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