Los obispos de Inglaterra y Gales contra la publicidad audiovisual del aborto

Presentaron una alegación a la consulta sobre el tema

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LONDRES, martes, 23 junio 2009 (ZENIT.org).- Los obispos católicos de Inglaterra y Gales han expresado su oposición a un código propuesto que permitiría la publicidad del aborto y de los contraceptivos en los medios audiovisuales del Reino Unido.
 
Sus puntos de vista los exponen en una alegación en respuesta a una consulta pública sobre el borrador del «Broadcast Advertising Standards Code» (BCAP).
 
Esta alegación fue preparada, por encargo de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales y el Centro Linacre de Ética de la Salud, por la doctora Helen Watt, directora del Centro, en colaboración con los colegas Stephen Barrie y Anthony McCarthy.
 
En su alegación, los obispos señalan que no creen que «a los servicios que ofrecen o se refieren al aborto se les deba permitir publicitarse en los medios audiovisuales».
 
Argumentan además que, «en su propios términos la medida 11.11 propuesta es defectuosa» y exponen sus razones para oponerse a estos anuncios publicitarios.
 
La primera razón es que «el aborto no es ni medicina ni un producto de consumo. Presentarlo como tal erosiona el respeto a la vida, y es altamente engañoso y dañino para las mujeres, que se pueden sentir presionadas a una decisión rápida que nunca podrá ser revocada».
 
Recuerdan que la ley en el Reino Unido «no permite el aborto bajo demanda, y no hay ‘derecho’ a tener un aborto. El aborto es ilegal en el Reino Unido a menos que dos doctores acuerden que la mujer satisface criterios específicos de exención, según la Ley de Aborto de 1967».
 
Por ello, indican, «permitir publicidad audiovisual de servicios que remiten a las mujeres al aborto sería enviar un mensaje profundamente engañoso sobre la base de que el aborto es legalmente asequible».
 
Alegan los obispos que «permitir la publicidad audiovisual sobre los servicios de aborto contribuiría a una ulterior ‘normalización’ del aborto y su asimilación como un servicio de consumo».
 
Además, añaden, permitir esta publicidad es «permitir la promoción de la explotación de estos servicios y no va en el interés de la salud o bienestar psicológico de las mujeres».
 
«Debido a su acceso a financiación importante, tanto de fuentes privadas como del Servicio Nacional de Salud (NHS), las organizaciones que realizan abortos en la práctica serán probablemente los únicos servicios de orientación en el embarazo que podrán acceder a la publicidad en radio y televisión. Tales organizaciones buscarán recuperar sus costes de publicidad a través de los cargos a los pacientes privados y al NHS. Los contribuyentes pagarían los abortos en el NHS y sus promoción», advierten los obispos.
 
En segundo lugar, los prelados explican por qué la medida 11.11 propuesta es defectuosa.
 
Esta medida establece que «los anuncios de servicios al embarazo deben dejar claro en la publicidad si el servicio no remite directamente a las mujeres al aborto».
 
«Proporcionar referencias sobre el aborto no debería verse como la parte central de la ‘orientación sobre el embarazo’, de manera que su ausencia se estime digna de comentario específico. No es la remisión al aborto sino la ayuda a tener un niño lo que debería ser el foco central de la orientación en el embarazo», advierten los obispos del Reino Unido.
 
Afirman que hay muchos centros de orientación que ayudan a las mujeres a superar los problemas asociados con el embarazo, sin recurrir a abortar a sus hijos, y así reducen el número de mujeres que ven el aborto como la única opción.
 
En este sentido, consideran que «plantear a las organizaciones que no remiten al aborto una advertencia obligatoria es privilegiar a las organizaciones que remiten al aborto».
 
Los obispos se muestran también preocupados porque los anuncios de contracepción se dirijan a los menores de 10 a 16 años.
 
«Afirman que es profundamente inapropiado anunciar condones a los niños, y en torno a programas que atraen especialmente a niños de diez años. Promover el uso de condones no puede separarse de promover el sexo, y la sexualización de la audiencia objetivo, se extenderá en este caso a niños de entre 10 y 16 años».
 
Recuerda que la edad de consentimiento es 16 años en Inglaterra, Escocia y Gales por lo que «el BCAP no debería animar la sexualización de niños promoviendo el uso del condón, porque tal uso no puede eliminar las objeciones morales y legales al sexo que implica a los niños».
 
Los obispos subrayan que «no se han ofrecido argumentos en apoyo de la afirmación de que la promoción de los condones será efectiva en combatir el embarazo adolescente y las tasas de enfermedades de transmisión sexual; de hecho se ha asumido la relación sin ninguna evidencia que la apoye».
 
En cambio, señalan, «promover los condones puede, de hecho, tener un impacto adverso al hacer el sexo más atractivo para los niños».
 
En conclusión afirman los obispos: «Nuestra sociedad está ya fracasando ante la gente joven presentando una vista empobrecida del sexo, demasiado a menudo totalmente separada de cualquier contexto de amor comprometido y disposición a la paternidad. Es muy importante que este proceso no sea impulsado por una voluntad de anunciar servicios que ya han hecho un daño enorme a la percepción del sexo en nuestra sociedad. En los muchos casos donde el respeto a la vida, así como el sexo y el matrimonio están en discusión, la situación es todavía más seria, desde que no sólo los derechos de los jóvenes están en riesgo, sino los de cualquier niño que ellos conciban. El respeto a la vida, sexo y paternidad son centrales para una sociedad sana, y los estándares de publicidad deberían reflejar esto».
 
Para acceder al texto completo del documento: Alegación de los obispos a la consulta del BCAP.
 
Por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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