¿Por qué el sínodo de África se centra en la reconciliación?

Responde el cardenal Turkson, obispo de Cape Coast y relator del Sínodo

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 5 de octubre de 2009 (ZENIT.org) La apertura a la reconciliación “es el barómetro de la profundidad de la evangelización en la vida de una persona, de una familia, de una comunidad, de una nación, así como de las Iglesias particulares y de la Universal”.

Así lo afirmó esta mañana el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, arzobispo di Cape Coast (Ghana), durante su intervención en la primesa sesión de la II Asambpea especial para África del Sínodo de Obispos.

“La justicia no es sólo pedir reparación. Siempre hay necesidad del amor y de la fuerza de Dios. En el fondo, no podemos seguir adelante si no tenemos idea de la misericordia”, aseguró el purpurado durante una rueda de prensa en la que fue presentada la primera jornada de trabajo de esta asamblea sinodal.

Al tocar el tema de la misericordia, aseguró que esta “no anula, sino que supera la justicia humana” pero aseguró que para ello es importante en primer lugar “el anuncio de la Buena Nueva y su asimilación”.

Frente a las situaciones de conflicto “parece urgente emprender una nueva evangelización, allí donde la Palabra de Cristo ha sido ya anunciada”.

Durante su ponencia en la Asamblea Sinodal, el purpurado explicó que la situación del cristianismo en el continente “varía mucho de un país a otro”.

“Desde Egipto a Etiopía o Eritrea, donde se ha mantenido la continuidad del cristianismo desde los tiempos de los Apóstoles, hasta el África subsahariana, donde algunas Iglesias particulares han celebrado sus 500 años, mientras que otras acaban de recordar solemnemente el primer siglo de su evangelización”.

“Si se va desde la costa hacia el interior del Continente, hay países cuyos primeros misioneros han llegado hace sólo 50 años”, añadió.

“Con todo, en cada caso los cristianos están llamados a reconciliarse con Dios y con el prójimo. En esta urgente y permanente tarea deben ser guiados por los pastores, obispos, sacerdotes, religiosos y diáconos, así como por las personas de vida consagrada”, enfatizó el purpurado.

El cardenal aludió al la cita central que se reflexiona en la Asamblea Sinodal “Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,13.14).

Estas fuertes palabras “son, al mismo tiempo, una constatación de nuestra dignidad cristiana y una invitación a vivir esta dignidad cada vez mejor. En estos días en África”.

“A través de la gracia del Espíritu Santo, los cristianos se dan cuenta de que una repuesta afirmativa a la llamada requiere la conversión y la firme voluntad de seguir a Jesucristo”, señaló el purpurado.

Recalcó que la Iglesia en África tiene la tarea de “iluminar cada vez más la compleja realidad del continente con la luz del Señor Jesús, convirtiéndose progresivamente en la sal de la tierra africana, dando sabor divino a la vida de cada día”.

“Sólo en unión con el único que da sentido a todo lo que existe y, sobre todo, a la existencia humana, pueden los cristianos vivir su vocación de ser sal de la tierra, ofreciendo sabor divino, eterno, a los bienes terrenales y a las cosas materiales, de las que deben servirse para llevar adelante su vida en modo cristiano”, concluyó.

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ZENIT Staff

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