ESTRASBURGO, martes 20 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- La palabras del Papa Benedicto XVI de ayer sobre la responsabilidad de los europeos en la recuperación de sus raíces son “providenciales” en un “periodo turbulento y de aparente ocaso del proyecto llamado Europa Unida”.

Así lo ha afirmado hoy Mario Mauro, representante de la presidencia de la OSCE para la Lucha contra el Racismo, la Xenofobia y la Discriminación.

El europarlamentario italiano, que es también presidente de los Diputados del Popolo della Libertà en el Parlamento europeo, se refirió al discurso del Papa de ayer, al recibir al nuevo embajador de las Comisiones Europeas ante la Santa Sede, Yves Gazzo.

“Las palabras de ayer del Papa vuelven a llamar providencialmente a la responsabilidad de todos los europeos, de todos los ciudadanos y de todos los políticos a buscar en la unidad y en la búsqueda común de la verdad ese golpe de alas decisivo para volver a construir algo importante para sí y para las futuras generaciones”, afirmó.

“Si Europa no es capaz de una memoria histórica que le permita mantener viva su tradición cultural y religiosa, no podrá pretender levantar el vuelo”, afirmó Mauro.

“El progreso y la civilización nacen de la unidad, Europa fue grande solo en el momento en que transmitía esos valores constitutivos que le provenían de la fe cristiana, haciéndolos ser patrimonio de cultura e identidad de los pueblos”.

Por esto, añadió, “la enseñanza del Papa no es la afirmación de un pensamiento teológico respecto a otro, sino que es el único camino para poder ganar un reto decisivo para el relanzamiento de Europa como potencia mundial”.

Mario Mauro se refería así a las palabras del Papa de ayer, al recibir al nuevo jefe de la delegación de la Comisión de las Comunidades Europeas ante la Santa Sede, el embajador Yves Gazzo.

El Papa afirmaba la importancia de que Europa reconozca las raíces cristianas de sus valores y de su civilización, pues de lo contrario éstos “corren el riesgo de ser instrumentalizados por individuos y grupos de presión deseosos de hacer valer intereses particulares en detrimento del bien común”.

“Estos valores son el fruto de una larga y tortuosa historia en la cual, nadie puede negarlo, el cristianismo ha tenido un papel de primer plano”, afirmaba el Papa.

“Es importante que Europa no permita que su modelo de civilización se desmorone, trozo a trozo. Su impulso original no debe ser sofocado por el individualismo o el utilitarismo”, añadía.